viernes, 11 de noviembre de 2011

victimas de abuso sexual

Los pacientes adultos que sufren trastorno mental grave (TMG) que han sido victimas de abuso infantil durante su infancia presentan el doble de tentativas de suicidio que aquellos pacientes con patologías psiquiátricas severas que no han sufrido abuso alguno.
Estos datos se extraen de un estudio presentado en una ponencia sobre abusos infantiles y las enfermedades mentales desarrolladas durante la XV edición del Congreso Nacional de Psiquiatría, que se celebra en el Palacio de Exposiciones y Congresos de Oviedo del 8 al 11 de noviembre bajo el lema 'Por la excelencia y el desarrollo profesional'.
Esta mesa desarrollada en el congreso, que está organizado por la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica (SEPB) y la Sociedad Española de Psiquiatría (SEP), ha contado con las ponencias de Noemi Pereda Beltrán, psicóloga de la Facultad de Psicología de la Universidad de Barcelona; y María José Álvarez Alonso, psiquiatra del Consorcio de Vic (Cataluña).
El estudio presentado se realizó con 102 pacientes adultos afectados por trastorno mental grave (TMG) del servicio de Salud Mental de Vic (Cataluña). Aproximadamente la mitad de los pacientes habían padecido algún tipo de abuso infantil. Entre los pacientes TMG los que habían sido víctimas de abuso sexual infantil, presentaban más del doble de tentativas de suicidio.
RELACIÓN ENTRE EL TRAUMA INFANTIL Y LA ENFERMEDAD MENTAL
En este marco, ambas expertas han coincidido en que la victimización en la infancia es, por sus graves repercusiones en el desarrollo del individuo, "uno de los problemas de salud pública más graves que tiene que afrontar la sociedad, si bien no hay estudios nacionales que hayan ofrecido, hasta el momento, perfiles completos de victimización en menores".
Así, han recordado que existe una conocida relación entre el trauma infantil y la enfermedad mental en la edad adulta, especialmente en depresión, trastornos de personalidad, trastorno por estrés postraumático, trastornos alimentarios y dependencia a drogas.
Otro de los problemas de salud mental es la violencia hacia la mujer, debido a que este tipo de agresiones, en muchos casos, se relacionan con problemas mentales. De esta forma, durante el Congreso Nacional de Psiquiatría de Oviedo se ha abordado la violencia de género desde el punto de visto de la psiquiatría.
VIOLENCIA DE GÉNERO
En concreto, este abordaje se ha realizado durante el curso 'Aspectos psiquiátricos sobre la mujer' en el que la doctora Blanca Morena Pérez, del Hospital Donostia de San Sebastián, y la doctora Julia Cano Valero, de la Facultad de Derecho de Jerez, han revisado los elementos generales de la violencia sobre las mujeres, en especial la dinámica del maltrato, y las características psicológicas y psicopatológicas que podemos encontrar tanto en las víctimas como en los agresores.
En este sentido, han incidido en la labor preventiva que realizan los médicos como agentes de información en salud mental, punto en la ruta critica de petición de ayuda y detección de casos, por su implicación en la salud mental de la población y en la atención a las personas dañadas por este tipo de violencia.

lunes, 7 de noviembre de 2011

SOMOS MÁS DE LO QUE IMAGINAMOS




Al escribir este título se puede llegar a 2 significados del mismo: 1. El que puede comprender que “somos más en cuanto a valía personal, de lo que nosotros (as) mismos imaginamos” y 2. El que nos dice que “somos más en cuanto a número, respecto al ASÍ”.
Saben al desear escribir sobre esto no tome consciencia de esta doble acepción del título. Ahora lo analizo y veo que es “perfecto” para apoyar lo que he sentido en los últimos días…(Me siento “poca cosa” “fea” “torpe” e “inferior” y ME SIENTO SOLA, siento en ocasiones ser la única cargando con “esto”) …Cuando yo misma he dicho que “No estamos solos(as)” . Hay cositas que se quiebran dentro de uno, como un delicado cristal y nos hace caer, para después darnos cuenta que de ahí abajo no podremos hacer mucho, es así que decidimos levantarnos! ¡Levantar! Sin darnos cuenta cuando ni como, pero lo hacemos.
Han sido muchos años en que el silencio ha imperado sobre el tema; en todo el mundo hay casos de distintos tipos de abusos. A través de la historia el maltrato y la agresión sexual hacia niños y niñas se ha mantenido “en secreto”… Es algo que la gente no termina de aceptar que es una realidad! Es algo de lo que no se quiere “profundizar” mucho… Pues es un tema delicado, que si la familia, que si la iglesia, que si la sociedad, que si el Estado… incluso que si los niños. Desde donde nos habremos de apoyar? En quien se habrá de creer? En quien depositar la confianza?
Lamentablemente son –somos- muchas las víctimas adultas de ASI. A nuestro alrededor hay otras personas que sufren, que mantienen vidas aún silenciosas, víctimas de un acto tan vil que aún no toman consciencia de lo que realmente pasa/pasó con sus vidas. Yo permanecí bloqueada por mucho tiempo. Aun no descarto que me falte por clarificar recuerdos. Aún me queda largo camino por recorrer que me llevará a mi plenitud. A la luz y a encontrarme con esa niña bella que fui y aún tiembla y tiene miedo. Llegará el momento en que dejará de llover, cesara la tormenta.
En este mes de la LUCHA MUNDIAL PARA LA PREVENCIÓN DE ASI!! Te digo a ti!! Que lees ahora: “SOMOS MAS DE LO QUE IMAGINAMOS”!! Somos los y las niñas, las ahora adultas y adultos que vivimos con esa llaga en el alma, luchando día a día por qué no se infecte, porque no duela. Te digo que son también los padres y madres de familia que sufren por no haber protegido a sus hijos, o por no saber ahora como ayudarlos.
Te digo también no cierres tus oídos, no voltees la mirada. No cierres tu corazón a tanta angustia por los años y el temor silenciada, no finjas no escuchar tanto “grito sin voz” Son gritos que han estado estancados en nuestro pecho, asfixiando nuestras gargantas! Hablan de nosotros nuestros ojos, nuestra cara. Abre los ojos, mantenlos abiertos al igual que el corazón y date cuenta que: ¡SOMOS MÁS DE LO QUE IMAGINAMOS!

HAGAMOS ALGO PARA QUE NO SE SUMEN MÁS NIÑOS(AS) A ESTA HORRIBLE REALIDAD.


Alma B.V.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Juguetes que salvan vidas

Lo que para Claudia Martín Peguero empezó como un negocio familiar de fabricación y venta de muñecas de trapo para apoyar la economía de su casa y la de su hermana, se convirtió en un negocio que puede y ha salvado la vida a miles de pequeños que sufren de algún tipo de abuso, ya sea en casa o en la escuela, así como también ha servido para educar a los pequeños sobre sexualidad y hasta maternidad.

Todo inició hace más de cinco años, y según cuenta Claudia, la casualidad hizo el mayor trabajo, pues luego de que sus muñecas fueran objeto de un reportaje para una revista de niños, la contactaron un par de psicólogas quienes le pidieron unos muñecos muy especiales, pues debían tener pene, vagina, pezones, orificio anal y bucal, según fuera el sexo del muñeco. 

A partir de esa petición, Claudia inició su trabajo con los muñecos sexuados, de ahí empezó a desarrollar  nuevos productos como: una mamá embarazada, títeres sin rostro o el monstruo come pesadillas. 

Esta idea, explicó, la llevó a adentrarse en el mundo de las terapias, amplió las actividades terapéuticas y fue desarrollando material didáctico para terapia de juego, sexualidad, tanatología, terapia de pareja y constelaciones familiares.

"Ahora tenemos materiales para que los psicólogos los utilicen en cualquiera de sus diversas especialidades: psicología educativa, clínica, terapia Gestalt y constelaciones familiares".

Pero para ella lo más importante es que estos juguetes permiten detectar problemáticas como el abuso sexual y ahora el bullying, lo que la ha llevado no sólo a adentrarse cada vez más en el mundo de la psicología, pues su profesión educativa es la de nutrióloga, sino a que le ha traído grandes satisfacciones, pues sabe que gracias a sus creaciones de tela, muchos pequeños han podido denunciar los abusos de los que han sido víctimas.

"Lo que sucede es que cuando, por ejemplo, un pequeño llega con síndrome de niño maltratado, violencia intrafamiliar o abuso sexual, por lo general está espantado y no va a hablar con el terapeuta como un adulto lo podría hacer: platicando;  es mucho más fácil detectarlo por medio del juego y ellos a través de estos juegos transmiten las emociones negativas y problemáticas que están sufriendo, y saber que gracias a tu trabajo pueden salvar su vida y tal vez su niñez, es una gran satisfacción", acotó.

Asimismo, explica que a diferencia de muchos otros que manejan muñecos sexuados para las educadoras y las escuelas, los muñecos que ella fabrica son para hacer peritajes; es decir, ya cuando se detectó que el pequeño fue abusado, y lo que éstos le permiten a la autoridad es saber cómo fue exactamente ese abuso.

"Un perito en delitos sexuales de la Procuraduría (General de Justicia del Estado), que por lo general son psicólogos y tienen esta especialidad, lo que hace es que cuando ya se detectó que el niño fue violado, por medio del muñeco  representa lo que sufrió. Por ejemplo, de la familia que hay, al pequeño se le da a elegir uno y por medio de preguntas especiales, en las que se le pide al menor "jugar" como lo hacían con él, se puede conocer exactamente qué tipo de abuso sufrió, pues va señalando cada una de las partes del muñeco".

Ha sido tal el éxito de sus creaciones que muchos peritos de la Ciudad de México, de donde es originaria y en donde está su tienda, ya tienen algunas de sus creaciones, y aunque hay estudios que revelan que desde los años 70's se utilizan los muñecos sexuados, para Martín Peguero "México todavía está en pañales" en ese rubro.

"Creo que estamos en pañales en lo que al uso de muñecos sexuados se refiere. De hecho, una de las psicólogas con las que trabajo me comentó que un juez utilizaba Barbies para determinar si había o no abuso, y es muy delicado meter a la cárcel a alguien si no estamos seguros si hubo o no abuso o violación, entonces solamente con los muñecos sexuados se puede tener una mejor evaluación", afirmó.

El trabajo de Claudia Martín ya trascendió la frontera del Distrito Federal y, por ello, el Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) de Benito Juárez, adquirió una de las familias sexuadas que fabrica, fue la propia presidenta, Alicia Ricalde Magaña, quien resaltó los beneficios de este tipo de juguetes.

"En el DIF tenemos que tratar con muchos pequeños que han sufrido de diversos tipos de abusos y la mejor manera de detectar cuál es ese tipo es por medio de este tipo de juegos y juguetes didácticos. 

Por el momento, sólo podemos adquirir una de las familias, pero hay muchos juguetes que son muy interesantes, como el del bullying, que me parece que nos permitiría ayudar a los niños a detectar y detener esta problemática", explicó.

jueves, 3 de noviembre de 2011

AÑOS DE FELICIDAD Y DOLOR


Ya casi han pasado 10 años en que estuve 10 años en el seminario, nunca me imaginé que pensaría como pienso en la actualidad, mejor, abierto de mente y con deseos de denunciar el silencio de la jerarquía católica ante los abusos sexuales de su clero.

Momentos maravillosos disfruté en el seminario en compañía de mis amigos, paseos, bromas y conversaciones, un mundo mágico para un joven que acababa de entrar a sus 15 años de edad al seminario, sin saber lo que le esperaría. Siempre nos prometimos entre amigos mantener la amistad, muy independiente de quien se ordenara y quién no. Empujado por un momento de ansiedad, platiqué mi abuso sexual de la niñez a un sacerdote, fue el inicio de mi desmoronamiento como persona, fue el inicio de una guerra psicológica de este sacerdote, que constantemente me estaba abusando emocionalmente con palabras, tales como, «Casi eres normal, tú no eres digno de ordenarte porque fuiste abusado, solo yo sé lo que te conviene, aprende de tus compañeros, ellos si son buenas personas», me decía constantemente.

La tortura terminó cuando me obligó a salir del seminario, diciéndome que no había terminado mi terapia, cuando en realidad él sabía perfectamente que la había concluido, después de todo ya sabía que todo era parte de su enfermiza personalidad, pero yo no podía hacer nada y nadie podía apoyarme, era mi voz contra la voz de ese sacerdote.

Después de muchos años y rehacer mi vida fuera del seminario, con el dolor por la ausencia de mis amigos a quienes consideraba como mis hermanos, vine comprendiendo que el abuso emocional había sido muy grande, lo peor que esto continuaba con otros muchachos, de igual forma me sentí frustrado, ¿qué podía hacer yo frente a una institución desde a fuera?, nada. Cuando los escándalos de abuso sexual por la jerarquía católica se empezaron a hacer público por todo el mundo, sentí que era mi tiempo de luchar, de denunciar. La jerarquía católica, con una presencia de más de 2000 años, habituados  a no ser cuestionados y con una actitud como directrices de la conciencia humana, de pronto se está desmoronando, pero aún se necesita la denuncia y la fuerza de la sociedad para que esto cambie.

El abuso sexual es un daño, es un crimen, es una acto de dominio en contra de la voluntad de un ser libre, que decir cuando tan solo eres un niño ¿Por qué esconderlo? ¿Por qué callarlo? ¿Por el bien de la Iglesia? En la sociedad existen grupos conscientes y grupos inconscientes de personas en referencia a las instituciones, en el campo religioso la Iglesia católica empieza a ser cuestionada, pero aún no es suficiente. Más allá de una institución religiosa, somos una sociedad, muchos pueden ostentar hablar en nombre de Dios, pero eso no los hace inmune ni santos. La fe en Dios es muy independiente del comportamiento de un pastor, la fe en Dios es muy independiente de las oscuras intenciones de un obispo, ¿Por qué callar el abuso sexual cometido por un sacerdote?, eso sí es un pecado, un delito que debe de pagarse en esta vida. 

Llegaré hasta las últimas consecuencias por denunciar este doble crimen, 1) Abuso sexual y 2) Manipulación de conciencias usando el nombre de Dios, después de muchos años me di cuenta que las promesas hechas entre amigos habían perdido valor, muy pocos me siguen hablando, ahora me juzgan por dañar la fe de la gente, por denunciar públicamente los abusos sexuales de los sacerdotes y el silencio de los obispos. Hoy mi vida tiene sentido, hoy es mejor que nunca.


Escrito por Juan M. Castro
Autor de la novela, «Abandonados en la Oscuridad»

Email: jcastro_54321@yahoo.com

Porque es mi momento.

Decir que has sido víctima de A.S.I. es algo sumamente difícil y doloroso. Cuando cuentas lo que has pasado, aún sin entrar en detalles, se experimenta una gran tensión física y emocional. Yo he experimentado contracturas musculares, sudor frío, palpitaciones, vértigo, dificultad para respirar; me he sentido con mucho miedo, vergüenza, tristeza, desesperación y soledad. Lo anterior es solo la punta del iceberg, lo que está por debajo de la superficie no lo puedo describir, lo único que puedo decir es que es como estar al borde del abismo, es como bailar con la locura, luchar contra ella para que no lleve el paso, sonreír y verte en armonía al mismo tiempo.

¿Por qué no lo dijiste antes? ¿Por qué no lo contaste cuando pasó? ¿Por qué hasta ahora?

Son preguntas que hay que hacer con mucho cuidado, hay que cuidar mucho lo que dices antes de dejarlas salir. Para quien no ha pasado por esto (o alguna situación de violencia en la infancia) es probablemente un cubetazo de agua fría, un shock si nuestro interlocutor es alguien que en verdad nos aprecie; no siempre preparamos el terreno para "confesarnos", andamos con rodeos, se nos corta la voz... nos hemos pasado la vida pretendiendo ser "felices y normales"... reconozco que pareciera que somos otra persona en ese momento, ni yo misma me he reconocido. Podrá sonar trillado pero "cualquier cosa que digas puede ser usado en tu contra"... lo que ocurre en ese momento no está gobernado por la razón, está gobernado por las emociones y sentimientos... es después que lo razonamos y analizamos.

Nadie está preparado para confesiones de este tipo, especialmente si se ha llevado una vida "normal". Las primeras "confesiones", en el caso de no tener una guía o grupo de apoyo, las hacemos por impulso y en ocasiones con resultados negativos teniendo como consecuencia que reforcemos las murallas a nuestro alrededor. Pasa el tiempo, llevamos terapia, maduramos, nos atrevemos a informarnos un poco acerca de lo que nos ha ocurrido, conocemos gente que vale la pena, conocemos gente que ha pasado por lo mismo y llega la necesidad de ser auténticas, esas preguntas pueden ser justificadas pero quedarse sin una respuesta explícita...

Lo que respondería esas y otras preguntas

No confiaba en mí. Tenía miedo. Sentía vergüenza. Me dolía tanto que las palabras no salían.

Probablemente no te haya contado todo en el momento, solo puedo contarte lo que estoy dispuesta a aceptar, solo puedo contarte aquello que creo que necesitas para comprenderme... incluso eso me lleve tiempo y te sientas perdid@ a momentos, lo siento tanto pero no puedo ir más rápido y me siento frustrada.

Tal vez lo dije en un momento inapropiado o demasiado pronto, si lo hice por impulso es porque me sentía desesperada o perdida, porque por alguna extraña razón sentía una enorme seguridad a pesar de mis miedos.

No creía que fuera necesario, pero tal vez ya era hora que comprendieras por que puedo ser tan peculiar, por que puedo saber tanto de la desesperación y la tristeza pero al mismo tiempo sonreír todo el tiempo y reírme de mis desgracias.

Tal vez se oiga mal pero necesitaba saber donde estoy parada y hacia donde seguiré, espero lo mejor pero también estoy preparada para lo peor. Ahora que ya lo sé me siento más tranquila...


Porque hasta ahora me siento capaz de pedir ayuda y consuelo.


Porque necesitaba un punto de apoyo y me has ofrecido eso sin saberlo.

Aunque sabías lo que hay en la superficie es hasta ahora que eres capaz de asimilar mi historia.

Porque ya no puedo seguir con esta doble cara, achacando mi mal humor o mi tristeza a cosas simples o incluso triviales.


Porque en este momento mis demonios están adormecidos y sé que para restarles poder necesito decirlo.


Porque es mi momento.

http://pandorasboxasi.blogspot.com/2011/11/porque-es-mi-momento.html

lunes, 31 de octubre de 2011

DECIR LA VERDAD


  • El resto de este capítulo proporcionará algunas guías prácticas para hablar sobre tu abuso. Tendrás la oportunidad de hacer elecciones acerca de con quién quieres hablar, planear lo que quieres decir y cuándo quieres decirlo. Serás cuestionada(o) acerca de si hay cosas que no quieres decir. ¿Hay personas a las que no les quieres decir? ¿A las que no estás lista(o) para decirles? ¿Hay ocasiones en las que sólo quieres compartir parte de tu historia? Yo [Laura Davis] atravesé este dilema la primera vez que estaba investigando sobre El Coraje de Sanar. Iría a una fiesta y la gente me preguntaría a qué me dedico. Y yo diría que soy escritora. Ellos preguntarían, “¿Has publicado?” Y yo diría “Sí”.(Yo siempre respondo con monosílabos).
  • Entonces ellos preguntarían, “¿Qué escribes?” Y yo diría, “No ficción”. Y entonces, si ellos fueran muy persistentes, preguntarían, “¿Qué clase de no ficción?” Ese es el punto sin retorno. Yo respiraría profundo y diría, “Bien, en realidad, estoy escribiendo un libro para mujeres acerca de sanar del abuso sexual en la infancia”. En ese punto, una de tres cosas ocurriría: o bien pondría una mirada de pánico y se alejaría de mí lo más rápido posible; se ofuscaría, su cara palidecería; o ellos empezarían a contarme su propia historia o la historia de alguien que conocen. Era predecible.
  • Al principio yo [Laura Davis] disfruté hablar acerca de ser sobreviviente. Era empoderador. Me sentía orgullosa de lo que estaba haciendo y quería educar a la gente acerca del abuso sexual. Yo sabía que si yo hablaba de mi propio abuso, le daría a otras personas el permiso de hablar acerca del suyo. Pero después de un tiempo me enfermó el ser una sobreviviente de incesto profesional. Quería bailar y coquetear y comer y platicar acerca de temas superficiales cuando estaba en fiestas. Sabía que era momento de cambiar de estrategia. Me llevó a preparar historias acerca de a qué me dedicaba.
  • Primero [Laura Davis] decía que era electricista. Pero pronto me di cuenta que las mujeres electricistas son fascinantes. Me vería confrontada con preguntas que no podría responder acerca de cableado o corrientes DC. Finalmente, encontré la solución mágica. Cuando alguien en una fiesta me preguntaba a qué me dedicaba, los miraba y respondía soy ama de casa. Dado el estatus de la mujer en nuestra sociedad, la mayoría de la gente nunca pregunta nada más. Ellos cambiaban de tema o hablaban de sí mismos. Era la forma perfecta de mantener el abuso sexual fuera de mis conversaciones.
  • No decir es un concepto delicado para los sobrevivientes, quienes a menudo están preocupados con decir toda la verdad. Como niños, la mayoría de nosotros vivió con mentiras y distorsiones de nuestros abusadores. (“Tus padres te correrán si les dices lo que hacemos juntos”. “Hago esto porque te quiero”). Como resultado, muchos sobrevivientes toman la verdad como venganza: “Tengo que decir toda la verdad acerca de todo, todo el tiempo”. El problema con esta postura es que no te protege. Cuando te sientes compelido(a) a decirle todo a todos, te quedas vulnerable y sobre expuesto(a). Le das a la gente más información acerca de ti de la que ellos merecen. Fallas en proteger tu privacidad. Elegir omitir ciertas piezas de información porque no confías en alguien lo suficiente, porque quieres medir las aguas, porque lo consideras privado, o simplemente porque no quieres compartir algo no es lo mismo que mentir.
  • El concepto de mentir es confundido por los sobrevivientes. Muchos de nosotros hacemos historias a fin de sobrevivir. Fuimos acusados de mentir, pero no estábamos mintiendo. Usamos historias para protegernos. Muchos de nosotros todavía lo hacemos. Nosotros revelamos sólo tanta información como podemos arriesgar con seguridad en un momento determinado.
  • Las mentiras reales hieren gente. Son usadas para manipular, controlar y aislar a las personas, para mantener el poder, eludir la responsabilidad. No decir todo a todos acerca de tu abuso no resulta en ninguna de estas cosas. Más bien, te protege. Permite que la intimidad y cercanía crezcan lentamente. Mantiene tu privacidad, te permite establecer límites y te da la oportunidad de hacer elecciones. (Si tú no quieres decir porque te avergüenzas de ti misma(o) o de lo que te pasó, eso es un tema diferente. Ve el ejercicio “Establece tu privacidad” en la sección “Creando Seguridad” [si no lo encuentras en el blog, solicítalo cony_diaz@hotmail.com] para más información acerca de la relación entre vergüenza y privacidad).
  • Cuando estaba creciendo, las mentiras eran…
  • Cuando estaba creciendo, decir la verdad era…
  • Si digo la verdad…
  • Si no digo la verdad…
  • Cosas para reflexionar:
  • • ¿Hice historias cuando era niña(o)? ¿Sigo creando historias? ¿Cómo me protege el crear historias? ¿Cómo se interpone en mi camino?
  • • ¿Qué significa decir una mentira? ¿Decir la verdad? ¿Qué significa ser una persona honesta?
  • • ¿Cómo me siento cuando considero retener información acerca de mi abuso? ¿Cuál es la diferencia entre mantener la privacidad y mentir?


  • Tomado de El Coraje de Sanar, libro de ejercicios de Laura Davis.


BALANCEAR LA ECUACIÓN.

Existe una secuela que mucha gente ajena a esta realidad no comprende: la culpa, sentirnos culpables.

La culpa es una condena a cadena perpetua que nos han impuesto en nuestra infancia, y creo que no hay forma de rebajarla. Yo al menos no me veo capaz.

En general, me siento culpable de todo lo negativo que ocurre alrededor. Si las cosas salen bien, siempre es por los méritos de los demás, y si me dan la enhorabuena por algo que he hecho me siento muy avergonzada. Creo que no lo merezco.

Sin embargo, si las cosas salen mal me da la sensación de que no he hecho lo suficiente o que la culpa es mía… y espero resignada que los demás me reprochen lo inútil que soy.

Pero creo que la culpa se instaura en nosotros desde el inicio de los abusos precisamente porque aún estamos formando nuestra mente, nuestros principios, los parámetros que nos dirigirán en el futuro.

Creo que nos sentimos culpables porque desde el principio, en tu infancia, te enseñan que si te portas mal te castigan. No necesariamente un castigo físico, puede ser dejarte sin postre, o sin tu juego favorito, pero como es algo que no te gusta lo asocias. Y aprendes el binomio:

Eres malo, te portas mal : te mereces un castigo.

Acción y consecuencia.

Y ahí entran en juego los abusos. Me están haciendo algo que no me gusta, a veces incluso con dolor, por lo tanto, a falta de una explicación, nuestra mente infantil completa la ecuación, despejando la incógnita: si me castigan, es porque soy mala persona. Balanceamos la ecuación para que nuestro interior, nuestra psique lo acepte. Y ahí, de manera siniestra se tatúa la culpa, bajo la piel, bajo la carne, sobre el alma.

Y lo peor de todo es que tengo la sensación de que esa culpa es como la energía, ni se crea ni se destruye, solo se transforma.

En mi infancia, durante los abusos, me sentía culpable de una manera indefinida, vaga, sin ser consciente de ello porque ni siquiera conocía el término. La había asumido porque completaba la ecuación.

La primera vez que fui consciente de ser culpable, fue cuando le conté a mi madre por primera vez lo que ocurría. Y el recuerdo es desolador: estábamos en la cocina mi madre, mi hermana y yo. No recuerdo como se lo dije, pero aun tengo muy presente su reacción. Las dos mujeres se miraron y mi hermana dijo algo que yo no entendí, y mi madre se enfadó. Me dijo que la culpa era mía por estar con él, que solo tenía que decirle que no, y me levantó de la mesa diciéndome que fuese con ella a confesarme, que era un pecado muy grande lo que estaba haciendo. Me asusté mucho.

Después, más calmada, me lo explicó con tranquilidad mientras me ayudaba a ponerme mi abrigo. Me dijo que rezara mucho por mi padre porque estaba cometiendo un gran pecado, y no era capaz de ceder ante la tentación. Que yo debía ser fuerte por los dos, que mi sacrificio sería recompensado. Aún no sé si el sacrificio debía ser dejar que me violara o decirle que no lo hiciera. O tal vez el sacrificio era rezar más… Ese día no me atreví a confesar al cura lo de mi padre. Llevaba tanto tiempo sucediendo que pensé que me echaría de la iglesia a patadas, por hereje. Muchas veces pensé que la situación fue in crescendo por no contarlo al sacerdote en esa ocasión.

Y desde entonces, mi madre me lo recordaba cada vez que íbamos a misa. Pero me lo recordaba de una manera extraña, porque yo no le decía nada y aún así me pedía que rezara por mi padre y por mí. Recuerdo sentirme muy confusa con lo que ella me decía porque no la entendía, y el sacerdote que oía mi confesión nunca decía nada. Sólo me escuchaba y me imponía la penitencia. Dos o tres Ave maría y un Padrenuestro. Yo solo pedía a Dios que por favor aquello terminara, que me ayudase de alguna manera. Y al ver que la situación no mejoraba, di por hecho que yo era la responsable. Un castigo divino.

Después, en el periodo inmediatamente posterior mantuve la culpa en un segundo plano. La disfracé de auto maltrato, de baja autoestima, de no quererme, de verme sucia. Y con la culpa bajo toda esa montaña me dediqué a quemar mi vida como la leña del cobertizo que a lo largo del invierno se consume en la chimenea. No me quería nada, me importaba todo un comino y esperaba que algo acabase conmigo, ya que yo no había conseguido quitarme la vida, cumpliendo sentencia por ser culpable de seguir viva.

Y cuando empecé a ser consciente de lo que había ocurrido, la culpa volvió a mí con más fuerza que nunca, porque me vi culpable de todo. Y creí firmemente que yo era lo más asqueroso del mundo al haber consentido. Más que eso: llegué a creer que yo provoqué esa situación, y me sentí despreciable por haberme metido en su cama, por haber reído sus cosquillas, por no haberle dicho “no”. No pensé que me lo habían hecho, asumí que lo hice yo. Tomé el papel protagonista, el de la persona que lleva la iniciativa.

Entonces la culpa engordó y aumentó de tamaño. Porque además de verme responsable de los abusos, la madurez me hizo ver todas y cada una de las barbaridades que había hecho durante los años oscuros, y me hice responsable de ellas, porque ya no tenía a quien culpar de lo que había hecho, ni siquiera de manera colateral.

Hace poco hablando con una víctima de abusos, nos planteábamos el tema de la culpa. Me decía que se sentía fatal porque disfrutó de muchos buenos momentos con su agresor cuando no había abusos. Llegó incluso a “anestesiar” de alguna manera esas agresiones, para poder separar una cosa de otra. Yo me he sentido tremendamente avergonzada y culpable de que alguna vez mi cuerpo disfrutara. He leído a otros supervivientes que veían a sus agresores como dos personas distintas. El pariente cariñoso, que los trataba de manera muy especial y el monstruo que de vez en cuando tomaba el control de esa persona para perpetrar los abusos. De esa forma le descargaban de la culpa, pues era como si esa persona que los agredía fuera víctima de una “posesión”.

Yo no sentí esa dualidad en mi padre. Recuerdo disfrutar de su buen humor, de las excursiones por la montaña donde nos sometía a grandes caminatas que a mí me encantaban, pero siempre tuve presente que era él. Que en cualquier momento nos podíamos quedar a solas y nada cambiaría. Ni siquiera tengo la sensación de que fingiera cuando había más gente alrededor. Para mí, el Monstruo, siempre fue autentico, real. Pero siempre le aprecié. Y eso me hunde. Me hace sentir que yo soy horrible por querer a alguien capaz de hacerme el daño que me hizo. Y me odio por ello, me hace sentir culpable.

Durante años me negué a reconocer que alguna vez le quise. Dicen que la línea que separa el amor del odio es muy fina. Yo la piso desde hace ocho o diez años, después de que le vi por última vez. La oración para el diablo empecé a escribirla en esos momentos. Pero incluso hoy, que siento más resentimiento por lo que me hizo, aún me queda algo de aprecio por él.

A veces hasta me cabrea pensar así y me entran ganas de romper algo. Porque me siento como una puta. A veces creo que mi padre fue mi cliente, porque accedí a sus abusos a cambio de que me dejara volver con mis Padrinos, y fue mi proxeneta al proteger el secreto. Y esa sensación de haber sido su puta durante años me desarma, me quita argumentos para acusarle, y de nuevo me hace sentir culpable.

Aún me culpo. Aun no sé donde se traza la línea que separa lo que hizo mi padre y lo que hice yo. Aún no sé repartir las cartas. Ahora la culpa viene por oleadas. Hay días en los que me culpo porque mi cuerpo reaccionó ante los estímulos. Hay días en los que me culpo por lo que hice en mis años oscuros. Hay días en los que me culpo de no haber hablado primero. Hay días en los que me culpo de distanciarme de mis Padrinos. Hay días en los que me culpo de haber dilapidado mi futuro. Hay días en los que me culpo de querer a mi padre y al resto de mi familia biológica. Hay días en los que me culpo de no enfrentarme a mi padre. Hay días en los que me culpo de no haberle dicho “no” cuando me llamaba. Hay días en los que me culpo de haber sido yo la que acudió a su lado cuando ni siquiera me había llamado. Y hay días en los que me culpo de ser un fraude, una farsa, un engaño tan perfecto que nadie se da cuenta de que soy todo fachada, como un árbol muerto podrido en su interior.

Mis recuerdos recurrentes, las pesadillas, las depresiones, las disociaciones, la sensación de estar loca o de no controlar mi vida me han hecho mucho daño, pero la culpa también ha estado siempre ahí, a veces de forma subliminal, a veces más presente, pero sigue ahí, y creo que es, junto a la autoestima, el lastre que más me impide avanzar.

La edad te enseña a racionalizar la culpa. Yo ahora sé de manera sensata que no soy culpable, pero mi subconsciente todavía no lo sabe y aún busca como esconder esa mancha. Y como en el relato de Edgar Alan Poe, la culpa me corroe por dentro pero sin atreverme jamás a revelar el secreto, escuchando el corazón delator bajo el suelo delante de todos y preguntándome: ¿pero no lo oyen? ¿pero acaso no lo oyen?

jueves, 27 de octubre de 2011

El proceso de sanar .

Amiga, aunque para sobrevivir “enterramos” la experiencia lo más profundo posible, los recuerdos no se dejan enterrar completamente y se quedan en el cuerpo, en la mente y buscan cómo salir (en tu caso la bulimia como modo de combatir la angustia y asegurarte de “no gustar” a los hombres, o como venganza hacia tu cuerpo por sentirte culpable por algo, y que sepas, que jamás fuiste tú la culpable: eras una inocente niña, preadolescente y, ahora, una adulta con sus dificultades como es más que lógico).

El proceso de sanar es comparable al trabajo de una tortuguita que al romper el huevo busca como “desenterrarse” y abrirse camino hacia la libertad del océano. Soy consciente de que los recuerdos dolorosos esperan hasta que tenemos la fuerza interna para enfrentar el dolor y trabajarlo.

El comienzo en un proceso de sanar, de tantas mujeres adultas, es la prueba de que tenemos en ese momento esa sabiduría y madurez interna para ese empezar a desenmarañar.

Logramos sobrevivir por medio de muchos mecanismos de defensa, de no ser así no hubiera sido imposible seguir adelante y viviendo. A veces es una decisión de querer vivir y comienzas a buscar apoyo porque ya entiendes o empiezas a ver de dónde vienen esos miedos, esas conductas (me has contado algunos de ellos muy bien expresados), esos pensamientos, ese dolor, etc.

Hay momentos en que creemos que nos estamos “volviendo locas” pero no es así sino que el cuerpo y la mente avisaban de que ya estás lo suficientemente fuerte como para enfrentar la realidad del abuso y empezar a trabajarlo: la culpa por lo que me pasó, la vergüenza, cuestiones que es el abusador quien tiene que sentirlos, los mecanismos de supervivencia, y muchas cuestiones más Amiga.
Comienzas a desenmascarar y comenzarás a hacerte preguntas con ideas como “si quiero enfrentar a mis abusadores o me perjudicará más aún” (es importante esto) y “cómo quiero enfrentarlos”, y a desarrollar ideas sobre “qué quiero cambiar en mi vida” y “qué tengo que cambiar para vivir una vida más feliz y menos cargada con las secuelas del pasado”. Salir de la dolorosa soledad de las sobrevivientes con, por ejemplo, un trabajo en grupo y un proceso terapéutico como comienzo es romper el silencio y hablar sobre lo que pasó sin vergüenza, sin pena e incluso, más adelante, sin dolor. El hecho de incorporarse a un grupo de apoyo es muy importante, ya que las “manchas negras sin recuerdos” se llenan por fin en los intercambios con otras mujeres que han pasado por lo mismo. Apoya muchísimo esto.

La participación en un grupo de apoyo no sólo es trabajar un rompecabezas y encontrar las piezas y los lugares de cada una de ellas, es también el proceso de aliviar el dolor, reduciéndolo.

He leído con real interés todo lo que me cuentas. Disculpa mi tardanza en responder pero quería saber al menos algunas cuestiones de tu vida para poder echarte una mano.
Quiero que sepas que yo soy una superviviente como tú, que también pasó por abusos en la infancia. También preadolescencia y adolescencia (cada vez defendiéndome más y más por suerte).
Te cuento, desde el día que rompí el silencio desgarrador de mi “secreto impuesto”, mi vida tomó un rumbo diferente. Ha sido duro, durísimo. Ya sé que nunca seré la persona que podría haber sido pero ya da igual y eso es inmodificable…no más quejas ni mirar demasiado al pasado. Sólo lo justo para desentramar la situación y dar nombre AL DOLOR, EXPRESARLO, VERBALIZARLO….HABLAR DE ESE DOLOR QUE NO TE DEJA EN PAZ, QUE TE HACE SENTIR DISTINTA, TE HACE SENTIRME MAL, QUE NO TE DEJA SER FELIZ EN ALGUNA O ALGUNAS PARCELAS DE TU VIDA O EN TODAS. Luchar por desenmarañar estas cuestiones y luego seguir adelante con la frente muy en su sitio y el corazón repleto de ganas de vivir para ti y para tus seres queridos es maravilloso; la lucha y las lágrimas y el dolor tienen su recompensa. Deberías impedir que ese pasado te inmovilice. No lo permitas Amiga. Vive y lucha, lucha y vive. Busca ayuda profesional. Si quieres al principio individual y cuando estés más preparada grupal.
En mi caso particular a pesar de haberme equivocado muchísimo y, de este modo, revictimizarme por contar a personas inadecuadas, puedo decir que al día de hoy me siento más libre, más yo, más viva, menos traumatizada; no siento vergüenza ni culpa en absoluto; muchos síntomas desaparecieron tras un año de intensa terapia individual y, más adelante, en grupo y…necesito “algún recorte de puntas de vez en cuando con una psicóloga especializada”. Hace años que no la veo pero me da seguridad que “ande por ahí”.
Te diré Amiga, que tengo al día de hoy muy presente y muy, muy claro que yo era una niña inocente, desorientada, confusa y, que luego fui una preadolescente amenazada de muerte si hablaba y después una adolescente acosada pero muy, muy huidiza del agresor…ahí casi ya no podía conmigo. Pero decirte que desde que empecé a hablar sobre los abusos sexuales que sufrí cuando era muy pequeña (recuerdo sobre los 8 años cuando empezó), el hecho de relatarlos me hizo sentir más fuerte y me desahogó muchísimo. Me liberé. Empecé a respirar distinto. El mundo me dio la vuelta, mis valores se revolvieron, mis ilusiones se truncaban, lloraba, se me paralizaban las piernas y el cuerpo, vomitaba, me desdoblaba, sentí la muerte cerca, no salía de la cama (seis meses en mi habitación sin apenas comer), no entendía…me hundía, me levantaba y me acostaba, y me sentía otra persona, no entendía nada de nada…tuve que empezar un nuevo yo. Fue demasiado dolor y demasiadas situaciones que asumir, un aceptar sin negación y haciendo frente pasase lo que pasase. Una locura, horrible.
Pero, a pesar de lo que te estoy contando yo siempre te aconsejaría que hables pero siempre en el contexto adecuado y con las personas adecuadas. De no ser así puedes hacerte más daño. Yo he vivido esto de manera muy cruel y siempre lo aconsejo (luego cada cual que decida). Tenemos que cuidarnos pero jamás CAUSARNOS más dolor del ya sufrido. No somos masoquistas, somos luchadoras en busca de paz interior, de relax, de una vida más sana, más acorde, más armoniosa. Nos lo merecemos. Nunca dudes de esto: TE LO MERECES YA. Eres valiosa y podrás con todo lo que venga una vez comiences tu proceso. Cuanto antes mejor pero siempre al ritmo que tú te marques y quieras o puedas.
Te sigo contando: desde ese preciso momento que rompí el tabú del no hablar o de ocultar lo sucedido, me dije a mi misma que nunca nadie me volvería hacer callar y mantenerme en silencio por los abusos recibidos, ni que tampoco callaría ante cualquier tipo de maltrato (ni siquiera a un animal, delante de mí no!!!!, jamás!!!!). Está decisión me ha provocado incidentes, conflictos con personas que ni conozco pero me da igual. No callo, no soportaría volver a ese silencio impuesto viendo delante de mis narices malherir maltratando, destrozando y doliéndose personas sin culpa alguna (mujeres, niñas, niños, hombres, y como antes incluyendo a los animales). Ante cualquier ser vivo indefenso actúo. No tengo miedo. Y asumo los líos y consecuencias de mi actuar en defensa de quien sufra y no pueda o sepa defenderse.
Cuando hablé, en el contexto preciso y adecuado terapéutico, te diré que:
  • Rompí el silencio por mi niña que tanto sufrió y que tendrá recuerdos y algunas secuelas de por vida (he trabajado mucho por mi bienestar y me siento cada día mejor).
  • Rompí el silencio por mi querido padre que murió en parte cuando se enteró que mi abuelo materno, que vivía con nosotros nos violó y abuso durante unos 18 años a las 3 hijas. No llegó a saber de mi primeo hermano.
  • Rompí el silencio del tabú familiar para que no se repitiera más el patrón en mi familia y todos nos enriquecimos y aprendimos. Todo un proceso, no de un día al otro...pero echándole muchos ovarios voy viendo resultados positivos (también depende de cada familia y es necesario valorar si debes o no contar; si te perjudicará más hablarlo con ellos o no...cuenta siempre en principio con el contexto terapéutico. NO ESTAS SOLA.)
  • Rompí el silencio por aquellas personas que sufrieron o sufren abusos intentando hacer tomar conciencia del daño real que suponen los abusos (¿alguien que no los sufrió o que no lo vivió de cerca realmente lo sabe?. Creo que no).
  • Rompí el silencio por los niños/as del mundo violentados/as para que exista información sobre las consecuencias de los abusos sexuales y otros tipos a corto, medio y largo plazo.
  • Rompí el silencio de voces silenciadas para que pierdan el miedo y puedan sanar de su experiencia
Hay miles de formas de abusos y todo varía mucho según la personalidad de cada cual, del tiempo de abuso, del apoyo de familia o de amigos o no, del tipo de abuso, si hubo o no violencia, la persona que te abuso, de la vivencia personal del abuso, de la reacción de tus cercanos. Muchos factores influyen. Hay quien lo supera enseguida y otras/os tardan un año, o dos o más años. Te recalco Amiga ésto porque cada persona es un mundo y no podemos generalizar en estos temas. En tu caso, según veo, tu supervivencia ha sido demostrada y también es claro, según me cuentas, necesitas apoyo para rehacerte, conocer y reconocer lo que hiciste para sobrevivir y valorar tu fortaleza para seguir, también cambiar en lo que te hiciera falta para verte distinta, y comenzar a vivir sanamente. Te imagino como una persona positiva, luchadora, inteligente, capaz de salir adelante. Tienes puntos fuertes en tu forma de ser y ello es muy positivo; dice mucho, muchísimo de tu capacidad para salir adelante, de tu fortaleza.
  • Rompí el silencio para la aceptación de mí pasado, ser libre, recomponerme e intentar vivir con salud física y psíquica (aceptando lo ocurrido pero viviendo el día a día feliz, o medianamente feliz...hay días y días para todos y todas. Es normal y no pasa nada).
Como sabrás al menos una vez al mes aparece un caso de abuso en la infancia y en millones de casos nunca se atrevieron a contar, a romper el silencio. Yo me agarro a la “resiliencia” como aptitud para salir adelante gracias al aprendizaje de los abusos como evolución personal de la vida (por desgracia se aprende más de lo malo que nos pasa que de lo bueno)…pero crecemos como personas si comenzamos a desvelar, a luchar y damos ese primer paso para a sacar y sacar y sacar lo sucedido, buscar apoyo profesional y contar con algún o algunos amigos/familiares de confianza (tú debes decidir acerca de tus fuentes de apoyo) o de tu terapeuta. Ruptura del silencio para vivir con la palabra como forma de expresar sufrimiento y sanar, esto es en definitiva lo que pretendo hacerte llegar pero siempre en el contexto adecuado no revictimizante!. Y sin victimismos (es más sano y más provechoso para tu recuperación)…siempre buscando soluciones, expresando optimismo a pesar de las lágrimas que puedan caer (que hay que dejar que salgan, por supuesto), conversando con personas que pasaron por cosas parecidas o personas que te apoyan y comprenden, desahogando, aclarándote ideas, sucesos, conductas que no entendías y ahora encajas.
Amiga lo de menos es recordar o no detalles o si realmente sucedió (lo digo por experiencia y por muchos casos que conozco). Hay personas que nunca recuerdan, otras sólo algunos momentos, otras casi todo, pero no creas, NO es tan importante esto, insisto!!!.
Lo esclarecedor para ti y lo que podrá ayudarte más que mantenerte en la duda de esa impresión de haber sido violada por tu padre o no y que te provocará seguramente confusión y deseos de saber, es céntrate en los síntomas molestos que crees tener al día de hoy, centrarte en el malestar que sientes…explicarte el por qué de esas conductas, de esos pensamientos, de ese actuar, de ese dolor, de ese sentimiento… y, a partir de esta reflexión, análisis y comprensión propia (con ayuda siempre es más fácil, te lo aconsejo!!), luchar por recuperar las parcelas de tu vida que tú sientes o crees que no funcionan como debieran según tú propio criterio. Habrás desarrollado mucho de positivo también, no lo olvides!.
Busca y reconoce tus fortalezas, tus puntos fuertes. Reconoce tu valentía, tu entereza ante lo que sucedió y la posibilidad de cambio. Puedes si quieres Amiga. Quiérete y cuídate mucho, mucho, mucho. Vales oro. Créelo aunque tengas defectos como todos tenemos como humanos que somos. También virtudes.
Amiga, ojala que estas palabras que te envío te sirvan aunque sea para dar ese primer paso. Un libro fantástico que te ayudará mucho y que te aconsejo se llama “El coraje de sanar”. Este libro que fue publicado por primera vez en los EEUU en 1994 en inglés. En 2007, este libro se ha traducido a 11 idiomas y es para muchas sobrevivientes en todo el mundo como una Biblia. Las dos autoras, Laura Davis y Ellen Bass, han trabajado durante años con “supervivientes”, como ellas llaman a las mujeres que han vivido abuso sexual en su niñez. Nada de víctimas, olvida esa palabra!!!.

El mensaje más importante de este libro es que las secuelas psíquicas del abuso sexual sufrido en la niñez es posible sanarlas. El camino de curar o de sanar tiene sus pautas y fases muy concretas.


Cuenta conmigo, si tardo en contestar no te preocupes...sigo contigo y te respondo.
Un abrazo enorme de una superviviente como tú.
SUSANA B.

lunes, 24 de octubre de 2011

LECCIONES DE INFANCIA: SILENCIO


Es probable que surja es el miedo. Para trabajar con este miedo, empieza por rastrear sus raíces. Mediante comprender cómo fuiste silenciada(o) en la niñez, y por qué es atemorizador hablar ahora, puedes dar pasos para ir lentamente y protegerte.
 
Los niños abusados son callados de diferentes maneras. Tú podrías haber sido chantajeada(o) para no hablar mediante cosas que querías o necesitabas –amor, alimentos, atención especial, ropa, regalos, o como en mi caso [Laura Davis] simplemente con un dulce o una goma de mascar. Si te quedabas callada(o), tal vez podrías tener permiso para salir con amigos o hacer otras cosas que a los chicos no se les permite hacer –tomar alcohol, tomar drogas, fumar cigarrillos, desvelarte.

Tu papel en casa podría haber sido mantener las cosas unidas. Tú sabías que si hablabas, la estabilidad familiar estaría en peligro. Tenías que cumplir y callar a fin de hacer tu papel de pacificador. 

Tu agresor podría haberte amenazado directamente: “Si lo dices, te mataré”. “Si lo dices, tu padre y yo nos divorciaremos”. “Si lo dices, te llevarán lejos y te encerrarán en la cárcel con los otros niños que nadie quiere”. “Si lo dices, abusaré de Sara también. Si no lo haces, la dejaré en paz”. “Si lo dices, te dejaré de amar”. O los otros tratos podrían haber estado implícitos. El sólo hecho de que tu agresor fuera impredecible, violento, más grande y más poderoso que tú, creó una atmósfera amenazante. Tu abusador podría haber torturado o matado tus mascotas, implicando que te podría hacer lo mismo si no cooperabas y te mantenías en silencio.

En algunas instancias, particularmente en casos de abuso ritual, los niños son drogados y se les lava el cerebro, y se les obliga a observar o participar en abusos o asesinatos. La clara e innegable lección es que cualquier indiscreción puede y resultará en muerte. En el caso de asesinatos rituales, los niños son convertidos en coparticipes, así que denunciar a los abusadores también significa acusarse a sí mismos. (Esto es absolutamente falso. Los niños manipulados en abuso ritual no son responsables de las acciones que son obligados a realizar. Ellos son víctimas tratando de sobrevivir).
Ya sea directa o indirectamente, esta clase de tratos y manipulación fueron empleados para controlarte y proteger a tu abusador. Ellos le agregan secrecía y silencio a un horror de por sí en crecimiento. A través de asegurar tu aislamiento, ellos evitan que recibas la ayuda y asistencia que mereces. Estos le permiten al abusador continuar utilizándote para fines egoístas y auto gratificantes.

Nombrar las formas cómo fuiste manipulada(o) para callar es el primer paso para liberarte a ti misma para hablar del abuso hoy:

Cuando estaba siendo abusada(o), mi abusador me dijo que…
Mi silencio fue comprado con:

Fui testigo(a) de las siguientes cosas que me hicieron temer hablar…
Sentí que tenía que proteger... por lo tanto, no podía hablar.
Si yo hubiera hablado, entonces la gente habría sabido que yo…
Directa o indirectamente, el mensaje que recibí acerca de hablar fue:

Cosas para reflexionar:

• ¿Cómo fui manipulada(o) para callar cuando era niña(o)?
• ¿Quién resultó protegido por mi silencio cuando era niña(o)? ¿Quién es protegido por mi silencio ahora?
Espera los siguientes ejercicios acerca de SI LO DIJISTE
Tomado de El Coraje de Sanar, libro de ejercicios de Laura Davis.