miércoles, 4 de septiembre de 2013

EL SILENCIO DE LAS PALABRAS.

El silencio de las palabras
 http://garaitza.org/wp/2013/09/03/el-silencio-de-las-palabras/

Hace unas semanas dejé que mi interior fuese bañado por un texto inesperado. Acostumbrado a relacionar como unas y otros somatizamos de diferentes formas el trauma que arrastramos desde la infancia no vi, como parte de la sintomatología, la dificultad con la que una querida compañera convivía en su día a día.
Cierto es, así lo expresa en el texto, que pasa muy bien desapercibida y los únicos instantes en los que he escuchado como la acompaña, me ha llevado a creer que su conflicto formaba parte de ese balbuceo inicial, con el que yo me relaciono, donde los nervios, la vergüenza y la falta de costumbre te ponen un poquito en evidencia.
Sin embargo, gracias a los pequeños sorbos de claridad en los que me muevo de vez en cuando, sus lucidas palabras viajaron a través de mis tímpanos, mezclándose dos realidades. Una la que ella expresa. La otra forma parte del mensaje oculto que todas y todos escondemos y en vez de hablar de abuso…
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Tartamudeo al hacer interrupciones en la fluidez de mi habla mientras la acompaño de cierta tensión muscular, miedo y stress. Una dificultad que me sucede cuando espero la aparición de mi lengua de trapo, temiéndola, poniéndome tensa por anticipar y tratar de evitarla.
La articulación incorrecta comienza la mayoría de las veces entre los 2 y 5 años, superándose de forma natural en el 80% de los casos antes de la adolescencia. Tartamudean el 1% de los adultos y el 5% de los niños y niñas. Es más común en hombres que en mujeres  4-1.
Sus causas no están claras, entre ellas las genéticas (no es mi caso), del desarrollo (la más frecuente, tampoco es mi caso), neurológicas y traumáticas (debidas a algún choque emocional, es la menos frecuente).
Sus consecuencias, psicológicas y sociales.
El gangueo me hace sentir miedo, culpa, vergüenza, inseguridad, angustia, baja autoestima, estrés (cada vez que intento que no se note) y por supuesto influye en la forma de relacionarme con el resto de las personas.
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Me contaron que empecé a tartamudear cuando mis padres volvieron de Alemania (se fueron dos años a trabajar, mientras, yo me quedé con mis abuelos). Con poco más de 4 años, regresaron con mi hermana pequeña a la cual no conocía. Era un bebé de pocos meses, fue la excusa para decirme que mi aturdimiento era consecuencia de los celos, la respuesta con la que llamaba la atención.
-  ¡Ya se le pasará!- solían decir, pero no se me pasó.
Con 6 años en el colegio mi farfulleo se fue acrecentando. Los bloqueos eran cada vez más evidentes y al mismo tiempo tenía periodos en los que era capaz de hablar con una increíble fluidez. Fue una época horrible. Tenía un espantoso miedo a que los profesores pasaran lista, me preguntaran la lección o cualquier situación en la que tuviera que expresarme a través del habla o leyendo. Miedo al sentimiento antes, durante y después del tartamudeo, a las risas de mis compañeros y compañeras, hoy día aún lo siento.
El problema aparece cuando se enciende una pequeña llama dentro de mí, avivada por las muchas posibilidades de comenzar a cecear mientras siento sensaciones contradictorias al acabar de hablar, por el alivio que solo dura unos segundos y la espera de la rabia, la autocrítica, la vergüenza.
En casa se empeñaban en decirme que pasaría en el momento que dejara de hacer el tonto, que si quería podía hacerlo mejor -¡ves!… cuando quieres no tartamudeas-. Sin embargo no se daban cuenta de que cuanto más empeño, menos resultados obtenía. Necesitaba su ayuda y ellos…
Mi vacilación iba y venía, sin aviso. Tenía temporadas en la que era capaz de hablar con muchísima fluidez, otras en las que no conseguía pronunciar más de dos palabras seguidas. Me sentía culpable por barbotar. Sabía que a pesar de tener razón tendría que llevar esta carga encima y comportarme bien con todos ellos ya que me admitían en su familia a pesar de ser tartamuda.
En mi adolescencia seguí chapurreando mientras aprendía a convivir con todas aquellas personas que de una forma u otra abusaban de mí en clase, debido a mi problema.
En casa, entiendo, daban por hecho que jamás hablaría como el resto. No lo sé, nunca se habló de ello, como si  fuera a desaparecer por arte de magia, sin ayuda.
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Yo, desaparecí.
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Con la sensación de que nadie, ni en casa, ni en el colegio, ni en los comercios donde compraba, ni en el autobús en el que solía viajar, ni en… comprenderían lo que me pasaba, decidí ocultarla, disimularla, disfrazarla. Creé en mi interior un lugar secreto donde guardé el miedo, la culpa, los comentarios crueles, las palabras que tanto temía, la vergüenza, la humillación, la ira, la rabia…
Con el tiempo adquirí numerosos recursos para que no se notara. Al principio, siempre que podía, llevaba escrito en un papel aquello que quería expresar. En otras ocasiones intentaba que fueran los demás quienes hicieran lo que a mi me correspondía o, simplemente huía.
Como las técnicas de evitación no siempre me funcionaban, aprendí a desarrollar otras y así con los años he cambiado mi forma de hablar, mi entonación, incluso mi vocalización. Me he convertido en una especialista en cambiar unas palabras por otras. Cuando voy a decir alguna en la que aparece la sombra de la tartamudez, la cambio por otra más larga o más extraña, cualquier cosa antes que tartalear. Y si no puedo cambiar de vocablo elaboro sonidos, realizo gestos raros con la boca, introduzco muletillas o silencios que me den tiempo para pensar y recomponerme.
La verdad es que ni yo misma sé, dé que depende mi tartamudez. Ahora, solo musito en momentos concretos, momentos a los que me anticipo. Aun así me paso el día vigilando, controlando, para que el sonido de mi voz no me pille desprevenida. Aprendo a esquivar, a evitar situaciones que me generan ansiedad, sin que nadie se dé cuenta.
Hay personas que me conocen desde hace años y jamás me han escuchado azorada, un triunfo con un precio bastante alto. Vivo disfrazada para que nadie sea capaz de llamarme tartaja y piensen que soy tonta.
La tartamudez me ha hecho representar el papel más importante de mi vida. Dedicándola toda mi atención dejo que se alimente de mi secreto, de su negación, del disimulo, la vergüenza y los esfuerzos por esconderla.
Durante años ha permanecido agazapada a la espera de encontrar su momento, a que el miedo de nuevo la despierte.
Y tras una larga temporada sin protagonismo vuelve a pedir su sitio a pesar de que desde mi llegada a Garaitza mi atención se disuelve en otros problemas que comienzan a tener un mayor peso.
Poco a poco me permito acercarme a las consecuencias del trauma para empezar a reconocerme, sobre todo al miedo, el cual vivo con muchísima intensidad.
Es ahora cuando rememoro algunas de mis secuelas tras vivenciarlas con el duro trabajo personal.Consecuencias que aún permaneciendo en el olvido las siento muy presentes, imágenes que mi cerebro me envía y que tanto me cuesta reconocer como auténticas, a pesar del daño causado.
La culpa, el miedo, la duda, la baja autoestima, la vergüenza, el victimismo… todas las relacionaba con la tartamudez. La inseguridad, mi falta de expresividad a la hora de mostrar mis emociones, la relación infantil que mantengo con mis padres, mi actitud de niña buena, la incapacidad para recibir halagos y encajar críticas gracias a mi autoexigencia y sobre todo mi escaso valor cuando quiero decir NO… eran mi forma de ser.
El conflicto que tengo con mi cuerpo (no me gusto), mi relación con la comida (insana y poco nutricia), mi incapacidad para disfrutar del sexo como se merece la mujer que soy (lo siento algo sucio donde los bloqueos me paralizan, a veces incluso me evado), erotizo situaciones continuamente, el miedo a pensar si seré capaz de abusar de alguien (cuando peor me siento) son, algunas de las terribles consecuencias que me acompañan.
Si alguna de estas secuelas me invadía, creía que estaba enferma porque algo dentro de mi cabeza funcionaba de manera incorrecta haciéndome sentir la más horrible de las personas.
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Sucedió que, vivenciando las secuelas de mi trauma comenzó a molestarme la excesiva presencia que volvía a tener mi tartamudez. Por eso decidí analizar los motivos por los que quería a tener tanto protagonismo:
  • Por vez primera, miré a la tartamudez como una de las secuelas. Busqué información y hallé un artículo donde se asociaba con el sufrimiento a un choque emocional. Así mismo, decía que era poco frecuente, casi improbable.
  • Fue esta última afirmación la que me hizo dudar y pensar que quizás me había podido inventar las causas de mi dolor pero, ¡pufff!, me pareció demasiado retorcido y decidí darle un par de vueltas.
A la tartamudez se la denomina el silencio de las palabras, entonces me pregunto, ¿he enmudecido de esta manera mis palabras?, ¿me he escondido en ella para no expresar lo que realmente me había hecho daño?, ¿ha sido el círculo, la disculpa en la que he estado viviendo para no centrarme en lo que realmente me está sucediendo?
Lo cierto es que esta opción me asusta.
  • Realmente soy tartamuda y me he negado a mi misma.
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Alcanzado este punto tomo una decisión. Las dos primeras opciones me resultan demasiado complicadas como para profundizar en ellas. ¿Fueron primero los abusos o la tartamudez?
Decidí contestarme.
Hablé de ella como si fuera una secuela apoyándome en la lectura de uncuento que expresaba con palabras como me sentía. Hablé con mi madre, y…
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Sí,
me he escondido siempre detrás de mi tartamudeo, culpándolo de todo cuanto me ha sucedido, de cuanto he realizado.
Sí,
estoy cansada de controlar cada situación, de no mostrar mi cancaneo, de negarlo, de… darle el poder de estar siempre presente disculpándome con -a veces me atasco un poco, es que cuando me pongo nerviosa…
Soy yo,
quien alimento las sombras del pasado mientras vigilo mis secretos.
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Desde que me siento acompañada en Garaitza, aprendo a enfrentarme a las situaciones que me crean ansiedad con mucha más naturalidad y seguridad, haciendo que el balbuceo se suavice.
Siempre he intentado encontrar una causa concreta para el defecto de mi habla, una búsqueda equivocada.
Me dejo sentir y a mí vienen sensaciones que aprietan mi corazón, lo asfixian.
El abandono de mis padres, el sentimiento de culpabilidad cada vez que me evitaban. Haciéndome creer que era algo malo, me enseñaron a convertirlo en tabú, al no darle importancia. Las risas de quienes se abanderaron como amigos, compañeras y los chistes de mis amigas, compañeros…
Tengo poco claras cuáles fueron sus causas, ignoro si algún día encontraré las respuestas que busco. Sé que es parte de mi trabajo hablar de mi tartajeo, comenzando en este lugar, donde me siento segura, donde sin máscaras me muestro.
Soy tartamuda, aquí y ahora.
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                      Soy tartamuda, lo soy, con todo lo que ello significa                          y le doy voz.
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           A veces tartamudeo muy poco por fuera y mucho por dentro, otras,                es al revés.
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… a quien está encontrando su camino.

viernes, 30 de agosto de 2013

COSAS QUE NO HAY QUE DECIRNOS


Hace semanas que no paro de releer una entrada del blog de 
Némesis (compañera de un foro de ayuda mutua para víctimas de abusos sexuales infantiles) 

El blog me lo recomendó Eva, una gran amiga.

Hay una entrada en concreto: ÉSTA que la he leído más de siete veces.
Y no puedo evitar enlazaros el texto para que lo leáis, pero a la vez, poder formular yo las preguntas, ya que yo también participo en dicho foro y cómo Némesis, sé lo que es que alguien "se atreva" a preguntarte tal cosa.

Creo conveniente leer el texto de Némesis y leer luego el mío, para ver puntos distintos de víctimas, de cómo lo han vivido y lo están viviendo.
Y ojalá lo hagan más chicas del foro, porqué podremos ver que en muchas preguntas coincidimos y en otras no.

(Me explico. Cada persona es distinta y cada historia es distinta, pero en muchas cosas, las supervivientes de abusos sexuales pensamos igual)



Dicha y echa la introducción me lanzo a las preguntas:

¿Por qué no lo contaste entonces?

¿Por qué no lo denunciaste si tanto daño te hizo?

No lo conté por miedo. Es lo primero que te contestará casi la mayoría de víctimas de abusos sexuales.
Miedo a cualquier cosa.
En el caso de Némesis ya lo cuenta en su blog.
En mi caso era similar. Cómo en la mayoría de los niños es miedo a perder a aquella persona adulta a la que idolatras. Y miedo a que no te crean. Miedo a que te culpen. Miedo a ser la culpable de romper dos familias, ya que en mi caso, el abusador, era un muy buen amigo de la familia.
No lo conté hasta hace un poco más de medio año (tengo 29 años)
Obviamente cuando lo quise denunciar (yo sola, por mi cuenta, hace casi tres años, los mossos de esquadra me informaron de que ése tipo de casos prescribían) 
Allí me prometí que nunca se lo contaría a mis padres.
Pero por cosas de la vida, finalmente la bomba estalla.

Si hablas ahora de ésto es para dar pena, o para vengarte...
Te gusta hacerte la víctima ¡Te encanta llamar la atención y ya no sabes por donde salir!

Si hablo ahora de ésto es porqué toca hablar de ésto.
Hablo de mis abusos sexuales cuando quiero, porqué es mi cuerpo y me lo destruyeron.
Y no hablo precisamente con alegría y orgullo.
Tampoco hablo para dar pena.
En mi caso, hablo para que llegue a cuanta más gente mejor.
Se que no se puede hacer justicia. Se que él no acabará en la cárcel y sé que las otras chicas de las que abusó las ha paralizado el miedo de tal forma que no hablarán jamás.
Sigo hablando del tema (aunque a muchos os moleste) porqué creo que ya que en mi caso no se ha podido hacer justicia, ni se pudo evitar el abuso, quiero "gritar" a los cuatro vientos lo que me pasó, para quelos futuros niños de nuestra generación no tengan miedo y estén prevenidos.
Es cómo intentar gritar: NO AL ABUSO SEXUAL INFANTIL.
Y éso nadie me lo puede impedir.

Pobrecita...

Por cada persona que dice ésta palabra, mi nudo en la garganta augmenta.
No hay que sentir lástima hacia una persona que ha sufrido abusos sexuales infantiles.
Pues somos muy fuertes, no precisamente "pobrecitas" o débiles.
Pero necesitamos apoyo, no precisamente lástima.

Debes tratar de superarlo. Pero ésto ocurrió hace mucho tiempo. No sirve de nada remover el pasado.

En mi caso se juntan muchas cosas y no es fácil de explicar.
Cuándo me diagnosticaron TLP (Trastorno límite de la personalidad) intentaron buscar la raíz del problema y llegaron a la conclusión (totalmente cierta) que lo que me hizo estallar fueron los abusos sexuales.
En mi caso, empezaron con seis años.
Los abusos sexuales, en la mayoría de casos, dejan secuelas, secuelas importantes.
No es cómo un resfriado, que se te pasa y listo.
Los abusos sexuales son cómo un tatuaje. Algo que va contigo para siempre (e incluyo sus secuelas)
Con ésto no quiero decir que tengamos que ser unas amargadas.
Podemos llegar a ser felices.
Hay gente que es feliz y que con terapia y ayuda, supera éstas secuelas y sigue adelante, pero el tatuaje sigue allí.
Digamos que no se supera, se aprende a vivir con ello.
Y si, ocurrió hace mucho tiempo....tanto, que me marcó de por vida y mi mente jamás lo olvidará.
Y en mi caso si que sirve de mucho remover el pasado, lo que pasa es que hay mucha gente a la que no le gusta leer u oír ciertas cosas.
Pero yo tengo que seguir con mi lucha, que es mi terapia.

¡Pero si solo era un juego de niños! ¿No estarás exagerando las cosas? ¿Puede ser que haya parte de imaginación en tus recuerdos?

En mi caso, NADIE me ha preguntado nunca ésto.
Cuando se lo comente a mis padres, solo bastó decir que abusaron de mi cuando tenía seis años.
Que fué desde los seis a los catorce y el nombre de la persona.
Lágrimas en los ojos.
Me abrazaron. Y desde entonces he tenido su apoyo incondicional.
Hace falta decir que no fué un miembro de la familia. Fué un amigo muy íntimo de la familia.
Si que le han echo ésta pregunta a mi madre y a mi hermana.
Cómo si yo, por culpa del TLP, me estubiera inventando los abusos, incluso llegaron a decir que manipulé los tests del hospital, para engañar al psiquiatra y que saliera positivo en abusos sexuales (como si se pudiera elegir)
Cosa que me cabrea y no consiento.
Supongo que cada vez queda más que claro que si que he sido abusada. Y que obviamente a la familia del abusador no le gusta que yo hable de ésto, pero lo siento, no son imaginaciones mías.

¿Te penetró, o sólo te tocó? ¿Pero fue una vez o varias?

Creo que ésto carece de importancia, sinceramente.
Y la gente que ha sufrido abusos estará totalmente de acuerdo conmigo.
Desde fuera, muchas veces se intenta buscar el morbo.
A mi que me gusta mucho el cine, pondré un ejemplo.
Nunca he podido ver la película: Los hombres que no amaban a las mujeres 
Toda la gente que conozco la podía ver y se leía el libro. Y unas críticas excelentes.
Pues yo no pude. Era llegar a una escena donde la chica era violada brutalmente y tenía que parar la película.
Bien, ésta película fue un super taquillazo. ¿Por el morbo? seguro que si, apuesto a que si, a parte de su buena base, imagino, sino no hubiera llegado a ninguna parte.
Bien, comparemos otra película: No tengas miedo Otra pelicula que trata los abusos sexuales, pero desde otro punto de vista muy distinto.
Ninguna escena de sexo violento, no obcena.
Solo se centran en ver cómo lo vive la persona que está siendo abusada. Su comportamiento, sus miedos, etc...con mucho tacto y delicadeza.
¿Taquillazo? No. La gente que no ha sufrido abusos no entiende la pelicula. (a no ser que entiendan bastante del tema. Psicólogos, psiquiatras, educadores, etc...)
Así de sencillo. 

Pues lo mismo pasa en la vida real.
Puede quedar igual de traumatizada una persona a la que solo se le han practicado tocamientos puntuales durante seis o siete años, o otra que solo fué violada una o dos veces.
¿Por qué? Porqué cada persona es distinta y la mente de cada persona es distinta.
Incluso hay gente que no recuerda nada y de golpe en su madurez le vienen recuerdos. (Ésto ocurre cuando los abusos han sido tan graves que tu mente los tapó)

Cada persona es un mundo.

Parece que te tomas el abuso sexual cómo estandarte de tu vida. Supéralo ya.

No diría tanto, pero casi que si.
Recordemos que una persona que ha sufrido abusos sexuales es cómo la que lleva un tatuaje para toda la vida o la que lleva silla de ruedas.
¿Como vas a estar diciéndole a un paralítico que lo supere?
Entendamos que si, que lo nuestro es nuestro tatuaje mental, y que no hace falta que nos lo vayan pinchando cada dos por tres.
¿No os habéis preguntado que quizá hay mucha gente que ya lo ha superado pero que os molesta verlos con éste tatuaje?
Quizá como ver a gays por la calle o gente con discapacidad....
¿Es que sigue siendo un tema tan tabú? (Si)
Reflexionad.
En mi caso, aún lo tengo que superar, cierto, pero el tatuaje no desaparece.

Tal vez no deberías contarlo... No hace falta que lo sepa todo el mundo.

Una de las primeras cosas que me recomendó la psiquiatra cuando le comenté que quería confesar los abusos a mis padres fue que si realmente estaba segura adelante.
Me advirtió de los pros y los contras diciéndome que podría ser posible que me dieran la espalda, pero aún así me arriesgué.
Mi psiquiatra se alegró mucho, porqué dijo que en éstos casos lo que hay que hacer es: DECIRLO.
Pero evidentemente nunca se puede obligar a una víctima a hablar si no quiere.
Cómo mucho a veces los niños ya hacen el esfuerzo de contarlo a los psicólogos y de éstos pocos, otros pocos lo acabarán contando a sus padres, etc...
Cualquier especialista (psicólogo, psiquiatra, etc....) te dirá ante un caso cómo éste que lo más recomendable es hablar, decirlo.
Y ésto de que no hace falta que lo sepa todo el mundo....bueno.
A según que personas no les interesa que lo sepa "todo el mundo" para que su imagen no quede sucia.
Pero por experiencia propia digo que yo, cómo persona adulta, y por los abusos que he pasado, tengo derecho a hablar de ésto cuando quiera.
No he firmado ningún pacto de silencio.
Ya callé durante demasiado tiempo.
Quien no quiera oír que se tape los oídos. Quien no quiera leer, que no lea.
Soy una persona libre que habla de su vida. YO NO TENGO QUE AVERGONZARME DE NADA.

¿Puedes tener relaciones sexuales?

Hay gente que le quedan secuelas de por vida con ésto y no puede tener relaciones sexuales.
Hay gente que es todo lo contrario.
Depende mucho de la persona y de las épocas.
Yo ahora soy una persona adulta pero estoy pasando por una época complicada, éso no significa que no pueda tener relaciones sexuales.
Las puedo tener, pero no siempre han sido satisfactorias.Empecé con promiscuidad y el fantasma de los abusos sexuales me ha afectado y me afecta bastante en éste tema, pero no me atormenta, que es lo importante.

¿Por qué a mi?

Cómo dice Némesis en su blog: todas nos hacemos ésta pregunta.
Y es cierto.
En que se basó aquél energúmeno para elegirme a mi y no a otra (a parte de otras de las que tengo constancia)
Algunos especialistas dicen que es por la debilidad.
Quizás yo era una niña frágil inocente. Si, lo era. Pero nadie le dio permiso para destrozarme la infancia.
No sé que vio en mi para decidir romper mi inocencia y satisfacer sus necesidades sexuales, pero ahora ya no hay marcha atrás.


Ni justicia adelante.

Sólo yo puedo seguir adelante, es lo único que espero de la vida.
Luchar y hacer lo posible, cómo superviviente, para curar-me de todo ésto y sus secuelas.



viernes, 23 de agosto de 2013

"LA CICATRIZ POR SER VICTIMA DE ABUSOS SEXUALES QUEDA PARA TODA LA VIDA. "





El abuso sexual es tan “agresivo” y tan “perverso” que todas las áreas de la personalidad quedan afectadas, advierte la psicóloga.
La primera de ellas es la sexualidad. Determinar el daño y en qué grado se produce depende de diversas variables. Puede darse desde una sexualidad muy inhibida y reprimida, a conductas sexuales compulsivas que desencadenen en la promiscuidad o incluso la prostitución. Esta última “se relaciona de una forma altísima con experiencias de abusos en la infancia”, alerta Noguerol.
No recordar los hechos no evita las secuelas
A nivel cognitivo y emocional afecta a todo lo que tiene que ver con los pensamientos y la capacidad de atención:dificultad para relacionarse, rabietas, pataletas… También provoca estrés postraumático y trastornos disociativos de identidad.
Hay casos en los que las víctimas no recuerdan los hechos, pero “eso no evita las secuelas”, según Joan Montané, que señala en su estudio que casi la mitad de las víctimas, un 48%, olvida con que frecuencia sufrieron los abusos.

Contarlo, una necesidad para avanzar

El primer paso que hay que dar para superar un abuso sexual es desvelarlo y reconocerlo, pues el silencio mantiene la sintomatología. “Te quedas atrapado y aumenta la culpa, la responsabilidad o incluso la vergüenza de que te haya podido gustar. Es muy perverso”, explica Noguerol.
Las víctimas se sienten culpables por no haberse defendido o por no haber pedido ayuda, incluso porque les haya gustado”, matiza.
A la hora de superar las secuelas influyen diversos factores. Por un lado la edad en la que comenzaron, así como la frecuencia e intensidad. Por otro, la respuesta y apoyo de la sociedad y la familia.
La cicatriz no te la quita nadie, queda para toda la vida
“Si todo está ‘OK’ los resultados son espectaculares. Eso sí, la cicatriz no te la quita nadie, queda para toda la vida”, asegura la psicóloga.
Desgraciadamente hay muchas veces en las que “los niños no pueden hablar. La sociedad y la familia no les responden y ellos callan, y como es tan adictivo…, pues las circunstancias hacen que sea un paraíso para los abusadores”, explica la experta que advierte que “el abuso sexual infantil es el tabú más profundo en todas las culturas y civilizaciones desde hace siglos”.


Fuente: http://www.rtve.es/noticias/20110425/cicatriz-ser-victima-abusos-sexuales-no-quita-nadie-queda-para-toda-vida/424380.shtml

http://abusosenlainfancia.blogspot.mx/2013/08/la-cicatriz-por-ser-victima-de-abusos.html



"VOLVER A NACER"

                                    

Hace catorce años volví a nacer. 
Quise morir ese 23 de agosto. Estaba cansada de todo, de todos. De aguantar mi saco de basura y el de los demás. 
De aguantar mi vida, mis secuelas, mis consecuencias que solo eran mías  porque alguien quiso algún día de mi infancia que así fuera. Alguien a quien yo consideraba en lo mas alto, alguien a quien yo quería  alguien en quien yo confiaba, alguien que se supone tenía que cuidarme y quererme.


Hasta que sobrepasaron los limites, el, ellos. Me han condicionado la vida. 
El abusador principal ya está fallecido. Los otros dos no se quien eran. Y el resto de la familia cómplice, siguen mirando hacia otro lado, siguen ignorándome, ocultando, escondiendo y callándome si intento hablar. 
Mi suicidio era algo meditado, sopesado, anunciado. Dejé una nota, dejé instrucciones de como quería las pequeñísimas cosas que atañaban mi mísera vida en ese momento y como quería el funeral. 
Me duché, me vestí, me peiné, me preparé como para un evento, un gran evento final. 
Me tumbé en el sofa....y esperé. 


Esperé a sentir pesar, a sentir que me dormía. En esos minutos da tiempo a pensar, da tiempo a analizar aunque no quieras, supongo que en un último instinto de supervivencia.
Decidí no perder la batalla, no dejarles ganar a ellos, a los abusos, a los abusadores, a todos a la vez. Pensé que no estaba todo perdido, que podía demostrarles que no se librarían de mi todavía, que no se lo iba a poner  tan fácil. Casi no llego a tiempo.
Pero aqui sigo y espero que por muchos años más, intentando seguir recomponiendo mi vida, día a día, minuto a minuto. Intentando quererme cada día un poco más a mi misma y a la familia que "yo he creado". No a la que me tocó cuando nací.


Por más que les pese, he conseguido muchísimo, mucho más de lo que ellos esperaban para mi. Para ellos si que estoy muerta. Siempre lo he estado y supongo que siempre lo estaré.
Pero mi lucha diaria por mantener mis logros conseguidos, tanto emocionales, personales, físicos, es gigante.
Esto es por lo que quise seguir en este mundo. Para lo bueno y para lo malo. En definitiva, para vivir
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http://abusosenlainfancia.blogspot.mx/2013/08/volver-nacer.html

viernes, 9 de agosto de 2013

ENSEÑANDO A COMPRENDERME


Hace unas semanas,quería comenzar a escribir una entrada más.No sabía acerca de qué escribiría ni siquiera si lo haría,cuando de repente,un acontecimiento me hizo recordar algo que comenté hace unos meses.




Todos sabemos que las relaciones con nuestros padres son más que complicadas,en algunos casos se da que es el padre el abusador con lo cual creo que se complica más el tema.
Pero aunque no lo sea,tuve la gran sensación o fui consciente del hecho de que todas las víctimas,nos pasamos la vida esperando.

Sí ,esperando ver un cambio en nuestros padres,un reconocimiento hacia lo que hemos sufrido,esperando oír esas palabras mágicas que nos hagan sentir en paz,como que no fueron padres protectores,o que simplemente nosotros no tuvimos la culpa,sino ellos que no vieron o que vieron y quisieron olvidar,porque así era mejor para nosotras el hecho de no "echar más leña al fuego".
Como decía hace dos meses,decidí dejar de esperar nada de ellos,porque era un sin sentido,agotador psicológicamente y un sufrimiento continuo.

Me distancié de ellos,dejando claro,que lo importante era yo y sólo yo y si no eran capaces de darse cuenta,pues que lo sentía,pero era mi turno de ser feliz y con ellos no lo era.
Me centré de nuevo en mis cosas ,en mis proyectos y empecé a caminar sola.
Y de repente ,un nuevo tropezón,uno en el que sí o sí necesitaba la ayuda de alguien,y después de dejar de esperar....sorpresa,son ellos los que se ofrecen para  ayudarme,sin pedírselo siquiera.
En una semana,se me plantan en casa,después de año y medio sin verlos,a pasar todo un verano para que así pueda tener a mis peques conmigo en casa.
Todo un regalo...un regalo que tras tres días quería devolver.
La tensión era máxima.

Esa ignorancia hacia mi padre fue desapareciendo,convirtiéndose en rabia,cada palabra suya que escuchaba me desgarraba por dentro,debatía cada una de ellas,y nunca le daba la razón.
Empecé a encerrarme en mi habitación,y sólo compartía el menor tiempo posible con ellos,y aún así estallaba a la mínima.

Tanto era así que mis propios hijos,comenzaron a copiar mi conducta hacia ellos.
Malas contestaciones,ignorancia total hacia ellos y fue entonces cuando decidí o supe ver que esto iba por mal camino.
Necesitaba un poco de ayuda,y como no,llamé a mi psico,y una vez más me dio la clave..."tienes que hablar con tu padre" eso me dijo.
Impensable,vamos,para mi hasta ahora mi padre ha sido un cero a la izquierda,nunca lo culpé de mis abusos,aunque tenía la misma responsabilidad hacia mí,pero simplemente era un ser inerte,un mueble más adornando una esquina de salón...

Para nada lo iba a hacer,eso era imposible,su carácter,sus gritos,sus golpes,no quería que nada de eso volviera a suceder y menos en mi casa.

La cosa iba empeorando,la tensión crecía y la idea de hablar con él también.
Conozco su  carácter así que tenía que planearlo,para que después no cargara contra mi madre por no haberle contado nada durante todos estos años.
Mi madre además insistía en que no lo hiciera y estaba en jaque,hasta que se me encendió una luz,lo haría como si fuera la primera vez que se lo contaba a los dos y así se lo hice saber a mi madre,para que de este modo ella no se sintiera mal.
Tras llegar de trabajar,acosté a mis peques,cené y sólo entonces les dije que tenía que hablar con los dos acerca de algo de mi vida.

Me llamó la atención que al decir estas palabras la actitud de mi padre era otra y me dijo,pues vamos a hablar.

Comencé diciéndoles que había algo que me había ocurrido en mi vida y que había marcado toda mi existencia,y que incluso mi estancia en el hospital estos años atrás eran el resultado de eso que me pasó de pequeña,y que sólo ingresaba por mis intentos de suicidio,o como le aclaré a mi padre para que no le quedara duda..."de querer matarme".
No me interrumpieron,así que continué.Les conté que desde muy pequeña unos 5 o 6 años alguien de mi barrio había estado abusando de mí,al principio con juegos y que llegó un momento en el que me ví con una navaja al cuello.
Mi padre quedó blanco cuando le dije esto...¿con una navaja ? me preguntó ,y se lo confirmé.
Entonces me cortó la conversación y me dijo,: yo aún recuerdo el día que íbamos a la vega y tú venías en bicicleta conmigo y me dijiste que te habían violado.Me dolió mucho y me duele que no me dijeras quién fue,porque yo hubiera hecho que eso terminara,y sin duda tu vida hubiera sido mejor...
Yo le contesté que si no podía decírselo era porque seguramente lo mataría y ya bastante había o tenía yo con una desgracia como para sumar el hecho de un asesinato.Y además me dolió muchísimo que nunca más en veinte años me volviera a hablar de ello.
Le dije que en ese momento yo le tenía miedo,mucho miedo a él.
Él no lo entendía y yo se lo expliqué,"era pánico lo que te tenía, tanto ,que prefería vivir lo que yo estaba viviendo antes de enfrentarme a tí y contarte lo que me pasaba...y hasta ese que me abusaba me amenazaba contigo,diciéndome que si yo decía algo te diría que tenías una puta en casa...
"Ojalá me lo hubiera dicho!Le hubiera roto la cara,pero tú no decir nada...

Yo le conté que a mi modo se lo había dicho,que había repetido séptimo cuando ellos sabían que yo era de sobresaliente,y nunca me preguntaron por qué,que me quemaba los brazos,que cada vez que salía en bicicleta era mi manera de sacar la rabia que llevaba dentro y le puse un ejemplo..."tú cuando dabas un puñetazo,por qué era?porque estabas cabreado no? yo en cada pedalada que daba, soltaba un puñetazo...".

"A consecuencia de esto,fui alcohólica porque no podía irme a la cama con nadie,y para hacerlo ,bebía..y también caí en las tragaperras,pero lo peor fueron los intentos suicidas,y me dolió enormemente,que con lo mal que yo estaba,no moviérais un dedo por venir a ver qué pasaba.
Y por esto,estoy muy dolida,y por esto os guardo mucho rencor,porque era vuestro deber cuidarme y no lo hicísteis jamás,y ahora discutimos por todo porque se me hace insoportable teneros aquí ,y escuchar vueestras voces como si todo hubiera sido perfecto."
Entonces mi padre dijo una frase que me hizo darme cuenta que lo había entendido:
-¿Cómo alguna de mis hijas puede estar pasando por algo así y yo no darme cuenta?.
Le pregunté que cuantas veces nos habíamos sentado a hablar como esta vez,y me dijo -nunca...
-Pues por eso no lo supiste...
He de decir que tras esto mi padre se levantó y sólo daba vueltas alrededor de la mesa de centro de mi casa,y me levanté y lo abracé .
Empezó a llorar desconsoladamente,como nunca lo había visto,abrazado a mí y dándome besos.
Este mueble,recobró vida y sobre todo y por primera vez yo tuve sentimientos hacia él.
La relación con él no esperaba que cambiase,pero sí lo ha hecho.
No henos vuelto a discutir y ahora nos hablamos desde el respeto y la comprensión,todo un logro!
Ahora sólo siento que en dos semanas se irán,y que he perdido mucho tiempo de mi vida sin enfrentarlo,y pudiendo tener una relación de padre e hija.
Pero feliz de haberlo hecho ahora,porque nunca es tarde para recuperar el tiempo perdido.


viernes, 2 de agosto de 2013

Reconoce a tu sobreviviente

¿Qué experiencias recreas una y otra vez en tu vida?, ¿qué forma de ser, sentir y actuar te hace sentir ansiosa y a la defensiva?, ¿qué experiencias te hacen perder el control y actuar de una forma autodestructiva, impulsiva e irracional? .

¿Qué es mi sobreviviente?
Es una armadura que nos ayudó a sobrevivir en la infancia pero repercute en nuestra adultez. 
-Son formas de pensar, sentir y actuar que me permitieron sobrevivir al dolor del pasado.
-Son los hábitos que desarrollamos para ser queridos y aceptados por los padres. 
-Son formas de adaptación al dolor de la infancia.  
-Son hábitos obsoletos defensivos que me impiden ser yo mismo.
-Son memorias del dolor del pasado que activan formas defensivas y automáticas de ser.
-La sobreviviente es la respuesta que desarrollamos ante el abandono, el rechazo, la exigencia, la descalificación, la soledad, el caos.
-Son decisiones tempranas respecto a mí mismo y la vida que hoy no me permiten vivir algo diferente y nuevo.
-Es mi armadura y mi mecanismo de defensa que me lleva a patinar en el mismo dolor.
 
Todos vivimos experiencias en nuestra infancia que nos dejaron formas de mirarnos, formas de responder ante la vida,  hábitos de sentir, fomentadas por la forma en que crecimos y reforzadas a través de la vida.
 
¿Hacia dónde nos lleva actuar desde la sobreviviente?
- A recrear las mismas experiencias de dolor.
- A confirmar las ideas de dolor del pasado
- A vivir desde un mecanismo irracional de defensa.
- A defendernos del entorno y nos aleja de la intimidad y la autenticidad.
- Cuando se activa nuestra sobreviviente, la vida vuelve a doler.
- Nos aleja de quien en verdad somos.
 
- Es común identificarte con las actitudes defensivas de tu sobreviviente y pensar que esa eres tú.
- La mayoría de las personas actúan desde la sobreviviente y no se conocen a sí mismas.
 
“Quien en verdad eres se manifiesta  cuando te sientes, aceptada, reconocida, querida y a salvo”.
 
Mecanismos de adaptación y defensa:
- El perfeccionista 
- El hipocondriaco 
- El voraz  
- El aislado 
- El Ser bueno a toda costa.
- El evasivo (no pasa nada)
- El complaciente
- El competitivo
- El conflictivo
- La victima
- La dura
- La rescatadora
- El racional
- El intelectual
- La compulsiva
- Detrás de ese mecanismo compulsivo, ansioso, irracional, automático, defensivo
 
¿Cómo saber que estoy desde mi  sobreviviente?  
- Porque es una forma de ser que tiene su origen en la baja autoestima y el dolor.
- Porque fue la forma de buscar aprobación de tus padres.
- Porque es rígida y sientes que no puedes dejar de serlo o al no ser así te sientes vulnerable.
- Porque cuando activas ese mecanismo no eres objetivo ni estás en el aquí y el ahora.
- Porque se activan castigándote o castigando a los que amas.
 
¿Porque es negativo vivir desde la sobreviviente?
1. Porque nos aferra al dolor del pasado
2. Porque nunca nos vamos a sentir nosotros mismos y liberados.
3. Porque nos aleja del amor y las relaciones auténticas.
4. Porque nos aleja de nuestra verdadera naturaleza y eso nunca nos hará sentir felices.
 
EJERCICIO:
- Piensa en la última en que tuviste una discusión o un problema y perdiste el control.
- ¿Lo que sentías en ese conflicto tiene alguna relación con alguna escena en tu infancia? 
 
“La sobreviviente recrea la realidad en la que creció una y otra vez porque la conoce y se siente a salvo en ella aunque sea una realidad carente y conflictiva”
 
La sobreviviente confirma ideas como: 
- “No soy suficiente”, “no hay nadie en quien confiar” “al final todos me abandonan”, “nadie me quiere”, etc.
- En la sobreviviente no hay adulta ni resolución objetiva y auténtica de la realidad.
 
¿Qué activa a mi sobreviviente?
1. Experiencia que se parecen al pasado.
2. Personas que son como nuestros padres.
3. Cuando soy inconsciente y vivo en el automático.
4. Pérdidas o situaciones estresantes del presente.
5. Cuando permito relaciones violentas.
 
¿Cómo desactivar a mi sobreviviente?
1. Conocer que activa a mi sobreviviente y cuál es su dolor.
2. Estar más en el aquí y en ahora, desarrollar adulto.
3. Ganar control de mis impulsos, respirar y observar mi conducta.
4. Ejercitar un auto diálogo nutritivo.
5. Contruír relaciones adultas basadas en el respeto y el afecto.
6. Conocerme a mí mismo.
 
Auto Diálogo Nutritivo:
“Mi sobreviviente, agradezco tu presencia que me permitió hacerme fuerte de las formas de trato de mis padres y las situaciones dolorosas de mi infancia. Hoy aprendo  a desarrollar formas más conscientes y adultas de estar en la vida. Hoy sé que soy valiosa, suficiente, merecedora y capaz de protegerme y vivir en paz siendo yo misma”.   

Anamar Orihuela
Terapeutas