lunes, 10 de junio de 2013

CARTA A UN AMIGO SIN ROSTRO

Me gustaría introducir la mano en ese saco de anzuelos y lograr la difícil tarea de no sacarlos de golpe, sino pacientemente de uno en uno, evitando dañarme la mano. Extenderlos después ordenadamente sobre el suelo, observarlos, arreglar lo que es útil y arrojar a la basura para siempre los que no tienen razón de ser. Pero es difícil para mí, pues cuando lo intento, parece que uno arrastra a todos los demás.
¿Cómo encontrar las palabras, cuando no existen las que yo necesito para hacerte entender lo que se siente? Si te hablo de dolor, ¿Sabes de que dolor hablo? Porque dolor se escribe igual sea el producido por una inflamación en la muela o por la muerte de un amigo, de tu pareja, de un padre, y todos sabemos que no tiene nada que ver, sin embargo, se escribe con las mismas letras.
Si te hablo de miedo, ¿De qué miedo hablo? Porque uno siente miedo ante un examen, pero no es el mismo miedo que se siente ante la muerte, sin embargo, se escribe con las mismas letras.
Si te hablo de angustia, ¿De qué angustia hablo? Porque uno siente angustia cuando no puede abrocharse el botón del pantalón, pero también la siente cuando un hijo está enfermo, pero no es la misma angustia, sin embargo, se escribe con las mismas letras.
Dime que palabras debo utilizar para expresar lo que siento y lograr que lo entiendas. ¿Cómo explicarte algo tan surrealista como que sucesos de hace treinta años todavía duelen, angustian y dan miedo, y no pienses que estoy loca?.
Lo más doloroso de esta historia es la sensación de que nadie, salvo los que lo han vivido, es capaz de comprender, y que el único camino para superarlo es precisamente compartir y sentir que los que te quieren, lo comprenden. Pero no existen las palabras…. Pero yo, necesito contarte… para seguir viviendo. Permíteme que utilice una y otra vez las palabras, que utilice muchas, que insista. Permíteme que no esconda nada, que lo saque todo fuera, que no quede nada dentro que me haga volver a mirar atrás, permíteme recordar. No pienses, por favor, jamás, que busco tu compasión. No puedes decirme que yo no sentí lo que sentí, que hoy no siento, lo que siento. Solo busco comprensión, y si lo consigo, seré un poco más feliz.
Quizá no soy yo quien te hable hoy, quizá sea esa niña asustada que desde dentro grita socorro e implora que la rescaten por fin. Quizá es que la coraza tras la que se ha escondido durante tantos años, le pesa hoy tanto que suplica que alguien le ayude a arrancarla de su cuerpo y la arroje a la hoguera por fin.
Cuando alguien mira los ojos de un niño, lo que ve es inocencia, felicidad. Su mundo es el de los muñecos de peluche, el de las risas, los bailes y los globos de agua. Su vida infantil se desploma frente a un insulto, un rasguño en las rodillas o frente a la pierna de su muñeca rota. Su refugio: el adulto, que le abraza, le protege y le dice que no pasa nada. Lloran, gritan, necesitan contarlo, y el consuelo de sus padres apacigua todos sus temores.
El cuerpo y alma de un niño, no están preparados para soportar el terror, la vejación, no está preparado para que le roben el alma, y mucho menos, para soportarlo en secreto sin poder buscar el consuelo en los que confía, para pedirles que le arropen, que le expliquen que está pasando, para que le rescaten.
Cuando en su mundo infantil, un adulto en el que confía, invade ese universo de inocencia y le somete de golpe en el mundo de los adultos, que no comprende, que le asusta, que le asquea, que ni siquiera sabía que existía… el dolor y la sensación de vergüenza es tan brutal, que de alguna manera, el niño muere, muere porque deja de ser un niño de repente. Nunca, nunca más volverá a sentirse un niño.
Desaparece la inocencia, desaparece la alegría, la espontaneidad, los juegos, las risas, los chismorreos con sus amigos. Desaparece el sueño apacible…. Desaparecen los lloros. Si los lloros, porque el niño deja de llorar, para que no le oigan, para no tener que contar… Los gritos, el lloro desgarrado, se convierte en un lagrimeo silencioso aferrado a un almohadón, el mismo lagrimeo silencioso que le acompañará el resto de su vida.
No sé que años tenía cuando sucedió por primera vez. Mi alma infantil, quedó recostada para siempre sobre un sofá en una fría tarde de invierno. Ella, se sentó allí, feliz e ingenua, cargada de la alegría y esa chispa infantil que sólo se tiene cuando eres un niño y tu único deseo es vivir. Después… solo quedaba miedo, desconcierto, vergüenza, pánico… 
Él tenía 7 u 8 años más que yo confiaba en él, por eso, no entendía… Decían que era un ser fabuloso, decían que yo era la niña de sus ojos, decían que me quería… por eso, yo no entendía…
No sé que fue más duro para mí, la sensación de desgarro, de que algo se me rompió por dentro y sentí que había perdido algo que ya nunca podría recuperar, la sensación de culpa, de vergüenza, de sentirme vejada, la sensación de desconcierto, de verme de golpe en un mundo que no comprendía y del que nadie me había hablado, salvo cuando relacionaban el tema con el pecado, el peor de los pecados, las pesadillas, la angustia, el miedo… o mantener el secreto. Sentir todo aquello y no poderlo contarlo a nadie. El dejar de formar parte de este mundo, porque ya no encontraba mi sitio entre los amigos de mi edad, en sus juegos, en sus risas, en sus aventuras infantiles, y no poder recurrir al mundo del adulto, ante el sentimiento de culpa y vergüenza que me oprimía el pecho. Era un secreto, nuestro secreto, que nadie podía comprender porque se enfadarían mucho conmigo. De repente, me encontré sumergida en la soledad más infinita, en la soledad con mayúsculas, en la soledad en términos absolutos. Sola entre dos mundos, dos mundos que ya no pertenecían, el infantil y el adulto.
La vida entera, se transforma de una forma tan brutal en tan sólo unos minutos, que es totalmente imposible de asumir por el corazón de un niño. En cuestión de segundos…. ¡Te roban tantas cosas! Te roban la infancia, te roban la alegría, te roban tus juegos, a tus amigos… pero también te roban la adolescencia, te roban el derecho a crecer y madurar con normalidad. Te roban el derecho a quererte. Te roban tu fe, la fe en ti y en los demás y creces con la creencia de que volverán a dañarte una y otra vez sin que nadie te proteja. Te roban años de felicidad, te roban el deseo de crecer, las ganas de vivir, de aprender, de soñar, te roban el interés por el mundo y lo que sucede en él… te roban el alma. 
El cuerpo y el alma de un niño no están preparados para eso, no, no lo están. Sentir lo que sientes, y no poder pedir ayuda… tener la sensación de tener que vivir con ese secreto que te pesa como una losa que no te permite levantar ni tan siquiera la mirada es una sensación brutal e insoportable. Dejar de jugar a los juegos de tu edad, para jugar tan solo a fingir, a disimular a esforzarte las veinticuatro horas del día en que nadie sea capaz de intuir siquiera lo que está ocurriendo… excepto tú madre que es la que te culpa y te llama cerda, cochina y después te golpea y encierra, porque la única culpable eres tú. No, el cuerpo y el alma de un niño no están preparados para soportarlo.
Yo no sé cuantos años tenía cuando ya no pude soportarlo, no sé cuando fue, que dejé de sentir…
Cuando echo la vista atrás e intento sumergirme en aquellos años, siento como si me sumergiera en un largo y oscuro túnel, ausente de colores y lleno de penumbra. 
Necesito contarte mis recuerdos porque siento que sólo al hacerlo, dejarán de hacerme daño. Han sido tantas veces deseando compartir un dolor superior a lo que estaba preparada para soportar, tantos veces deseando pedir ayuda… 
Recuerdo las pesadillas, cada noche, recuerdo como se hace de madrugada sin poder conciliar el sueño, las lágrimas, los rezos de impotencia, las súplicas de ¿por qué a mi? Recuerdo los deseos de no despertar al día siguiente, porque deseaba de forma desesperada, dejar de sufrir. Recuerdo el terror que sentía a la muerte, no por el echo de ello en si, sino en el dolor físico que sufriría en el proceso. La sensación de tabú, en una familia en la que un padre ausente y una madre maltratadora y adicta a las pastillas, con una mente sucia y perturbada no hablemos del sexo, era pecado mortal. PUTA me llamó cuando me fui de vacaciones con mi novio, marido actual. Recuerdo que aquella idea me aterraba terriblemente. Y cada noche rezaba para que no se repitiera de nuevo. un pecado que nunca confesé porque me daba demasiado miedo y vergüenza. Temía el castigo, y sin embargo, necesitaba tanto descansar….
Recuerdo el temor de mirar a la gente a los ojos como si llevara una señal en la frente que mostrara mi vergüenza. Recuerdo la sensación de asco, asco a él y asco a mí misma, por dejarme hacer. Recuerdo la sensación de sentirme vejada una y otra vez.
Recuerdo que olvidé como era la niña que había en mí. Recuerdo que dejé de ser quien era, para convertirme en un ser que odiaba y despreciaba. Recuerdo como me fui alejando de todo el mundo que quería por el temor a que descubrieran a la persona que vivía tras aquella coraza que poco a poco iba construyendo.
Recuerdo, que a veces me preguntaba, si era normal sufrir así, si le ocurriría al resto de la gente.
La impotencia, la impotencia tan grande en un ser tan pequeño. Las ganas de huir hacia un lugar a ninguna parte. El esfuerzo extenuante por fingir ante el resto del mundo, ante el terror de que alguien tan sólo sospechara lo que estaba ocurriendo. La mirada ausente casi siempre, el esfuerzo por formar parte de una conversación de la que no podía evitar salir flotando. Casi siempre, cuando regresaba de algún triste viaje de mi imaginación, la conversación se hallaba en otro tema, en otro lugar.
La angustia, la angustia que me aprisionaba el pecho y sentía que me ahogaba por un secreto que me sobrepasaba. La falta de aire, las palpitaciones, el gusano en el estómago, el miedo. Los gritos mudos en el túnel del silencio.
Los deseos de gritar, de subir a lo alto de una montaña y chillar hasta que no quedara voz en mi garganta, chillarle al mundo lo que estaba ocurriendo, gritar con todas mis fuerzas socorro, gritar hasta que alguien oyera mi voz, hasta que alguien sintiera mi terror, y me salvara. 
Recuerdo su olor, el aroma que impregnaba todo su cuerpo, el olor y sabor agrio de su saliva, su tacto en mi cuerpo, mi tacto en el suyo, su cercanía, su aliento, recuerdo… lo que todavía no me atrevo a contar.
Recuerdo la sensación de miedo cuando aparecía por la puerta, la incapacidad para huir de él, incluso cuando estaban mis padres, porque él siempre me llevaba a una habitación, aun estando ellos al otro lado de la pared, sin que fuera aquello para él un obstáculo.
Y más terror aun cuando era él la persona que me dejaban para que me cuidara cuando ellos salían a alguna cena o teatro. Recuerdo los gritos e incomprensión de mi madre al otro lado de la puerta. Me cuestionaban mi encierro, reprendían mi aislamiento, castigó mi bajón de notas, y me juzgaba una y mil veces por mi inmadurez, porque nada me importaba, sólo divertirme, sólo me preocupaba pasarlo bien. Entonces me puso a trabajar y no paré desde entonces.
Recuerdo su osadía, y aun hoy, siendo adulta, me sorprende más y más esa osadía.
Cualquier momento era bueno para arrinconarme en casa, con todos en el salón, entrando y saliendo, y él tocando y manoseándome, como si ese riesgo le causara placer. Y a mí…. Terror.
Decía que era lo que nadie podía saberlo porque nadie lo entendería, y se enfadarían mucho conmigo. Y me decía, que en el fondo a mi también me gustaba y yo asustada titubeaba, hasta que ante su insistencia, y sintiéndome como la misma escoria, le decía que sí.
Recuerdo como mis amigas empezaban a hablar de los chicos, de los besos, de los rollos, y yo permanecía callada y envuelta en pura rabia, porque un hijo de puta me había robado esa ilusión, ese descubrimiento, esos sueños. Recuerdo que hacían preguntas, cuyas respuestas yo ya conocía y negaba, por la vergüenza que sentía y el temor a crear alguna sospecha.
Recuerdo el esfuerzo extenuante y desesperado por ocultar ante el mundo tanto dolor, tanta vergüenza y tanto miedo. Nadie, absolutamente nadie de mis amigos de colegio, pudo notar jamás ni el más mínimo indicio de que me ocurría algo. La energía que quemaba para tal fin, dejaba mi mente, mi cuerpo y mi alma al límite del agotamiento. Tanto esfuerzo, día tras día, mes tras mes, año tras año… fue creando ante mí una coraza tan potente, que terminó siendo inaccesible incluso para mí.

El sueño, mi sueño… repetido una y otra vez: el sollozo incontenible de una niña, el sollozo desesperado, asustadizo y furioso, los golpes en el pecho de alguien sin rostro que soporta mi rabia con entereza, hasta que sólo lloro, lloro y lloro, y alguien me abraza y al oído me susurra, “tranquila, ya paso todo”, y de repente…. la paz. Pero la niña creció, creció con el sollozo y la rabia contenida en su pecho, y aún espera… aún sueña que un día…. Mi sueño…
Supongo que es cierto que nadie que haya pasado por esto puede entenderlo. Quizá, sólo quizá, quien tiene un hijo de esa edad, puede mirarle a los ojos, verle la chispa de la infancia, la ingenuidad, esa alegría y ese deseo de jugar y vivir, e imaginar por un momento el terror en su mirada si se viera de repente en esa jugada injusta del destino. Es como si de repente, solo quedara tu cuerpo, porque el interior, el alma, te la roban, entera, y sólo dejan, en su lugar, un despojo humano. Y me pregunto, como una madre, no quiere darse cuenta de eso.
El horror es tan grande, que es imposible ponerle palabras, y si lo intentas, hay quien piensa que buscas compasión. Pero yo digo, que si buscara la compasión, por qué no lo he explotado durante años? Esa palabra me da asco, es como si alguien intentara convencerme de que no he sentido lo que yo sé que sentí. Y es tan, tan, tan duro que te trastoca el resto de tu vida.
Tenía 40 años cuando supe que no podía más, cuando supe que tenía que elegir entre vivir o morir, y supe que no podía vivir si él seguía ahí. Y elegí MORIR.
El día que decidí poner fin a aquello, pensé convencida y segura, que era el final de una trágica historia. El pecho me latía con fuerza, terror y con mucha excitación por lo que estaba a punto de hacer, descansar de una vez. La primera vez en varios años, había hecho algo que me hacía sentir, no bien, increíblemente bien. Sentí que después de eso acabaría con mi sufrimiento. Y de verdad lo creo.
Estaba eufórica. ¡LO HABÍA HECHO, POR FIN, LO HABIA HECHO!. Y sólo habían bastado un poco de valor para coger un cuchillo y empezar a cortar. ¿Por qué no lo había hecho antes?, no puedo encontrar la respuesta a esa pregunta, y aun hoy, no sé si puedo, Simplemente. Estaba paralizada, anulada por el miedo, hipnotizada..
Pero, ¿Cómo se cambia de repente?, ¿Cómo reaparece uno ante los demás después de haber permanecido oculto ante ellos durante años? ¿Cómo recupera uno la voz después de permanecer callado durante una eternidad? ¿Cómo se aprende de nuevo a levantar la mirada y no sentir vergüenza y miedo? ¿Cómo deja uno de ser lo que ha sido durante años para convertirse en la persona que habría deseado ser siempre, en la persona que era antes, como si nada hubiera pasado? ¿Dónde puede uno buscar la alegría, la inocencia, la seguridad, la autoestima, buscarla y encontrarla? ¿Cómo se arroja al fuego una coraza elaborada durante años? Supongo que uno tiene que aprender de nuevo a sentir todas esas cosas, no lo sé, o a lo mejor es peor que todo eso y la vida no te lo enseña, yo no lo sé, Supongo que cada etapa de la vida tiene su momento, y el mío… se escapó.
Las cosas no sucedieron como yo había soñado, porque la niña que fui ya no existía, se había quedado perdida en un sofá en una triste tarde de…

Anónimo

viernes, 7 de junio de 2013

El abuso sexual y el maltrato infantil causan cicatrices en el cerebro


El equipo, liderado por Christine Heim, directora del Instituto de Medicina Psicológica de la Universidad de Medicina Charité de Berlín, y Jens Pruessner, director del centro McGill para Estudios en Envejecimiento de la Universidad McGill de Montreal, examinó los cerebros de 51 mujeres jóvenes sobrevivientes a diversas formas de abuso durante su niñez.


El cerebro, al igual que los músculos, se desarrolla a través del uso: las áreas que se "ejercitan" más, suelen ser más gruesas.



Los científicos encontraron que la corteza es más delgada en las áreas del cerebro que procesan el tipo de abuso. Por ejemplo, cuando las mujeres sufrieron abuso sexual, la corteza somatosensorial —que representa a los genitales— es más fina.



"Si el abuso fue de tipo sexual, hemos visto cambios en la corteza somatosensorial, el área (del cerebro) que procesa la entrada desde el cuerpo para crear sensaciones y percepciones", dijo a Time.com Jens Pruessner, profesor asociado de psiquiatría de la Universidad McGill en Montreal.



Las mujeres que fueron maltratadas emocionalmente tienen una corteza más delgada en las zonas del cerebro asociadas con la autoconciencia, la autoevaluación y la regulación emocional, según la escuela de Medicina Miller, de la Universidad de Miami, cuyo investigador Charles B. Nemeroff participó en el estudio llamado Disminución de la representación cortical de campo somatosensorial genital después de abuso sexual infantil.



El abuso emocional podría generar la propensión a la depresión, mal humor y respuestas emocionales extremas, aunque depende de la persona y de circunstancias particulares, reportó Time. "Como adultos, (tienen dificultad) reflexionar sobre sí mismos y encontrar la manera correcta de tratar con las emociones", agregó Pruessner.



El descubrimiento permitirá "desarrollar nuevas terapias para intervenir en la reducción de la carga psiquiátrica de tales traumas que dura a menudo toda la vida", según Nemeroff.



Los investigadores afirman que ese adelgazamiento de la corteza le sirve al niño como escudo contra los abusos, ya que el cerebro deja desatendida esas áreas. Sin embargo, la mayoría de los sobrevivientes de abuso no presentan síntomas. De hecho, la investigación muestra que el cerebro puede cambiar drásticamente cuando se le proporciona apoyo y sustento emocional.

miércoles, 8 de mayo de 2013

LUCHAR PORQUE QUIERO


Hace unos días tenía muy claro qué sería lo próximo que escribiría.

Sin embargo,la vida te cambia en un momento,en unas horas,y parece como si alguien estuviera esperando ver que eres feliz y que le des la espalda,para sacar esa magnífica navaja y cortar tus ilusiones y tus sueños por la mitad.
Ha sido una de las mejores semanas de mi vida,y he tenido también un fin de semana muy movidito,demasiado para mi gusto.
Los que que sabéis de mi a través de otras vías,sabéis hasta qué punto estoy comprometida en la lucha contra los ASI.
Hace como dos semanas,me hicieron una proposición que acepté sin dudar.
Me ofrecieron dejar de ser una estadística y al igual que aquí hace un tiempo,puse mi nombre y apellidos,he puesto mi rostro , y mi persona al servicio de RANA.
En un primer momento me sentí halagada por el hecho de que pensaran en mí para ello,pero al instante,un gran peso y una gran responsabilidad cayó sobre mí.
Es muy complicado explicar lo que se llega a sentir,cuando alguien a quien admiras y mucho te dice que te toma muy en serio y que cuenta contigo para esto...
Miedo,pánico,crecía por momentos y volvía a hacerme muy ,muy pequeñita.
Dudaba de mí,dudaba si hacerlo ,pese a que ya había dado mi palabra....y entonces ocurrió.
Muchos de mis conocidos,esos que de verdad saben cómo soy,dicen que llevo una leona dentro... y despertó.
Unas ganas enormes de poner en marcha el proyecto,unas ganas enormes de luchar por ello,y unas ganas enormes de hablar por toda la gente que conozco y que por un motivo u otro no puede hacerlo.
Incluso ahora al escribirlo,parezco vanidosa,pero es todo lo contrario.Es mi lucha personal contra los abusos y RANA,me ha dado la oportunidad de hacer realidad mi sueño,y puse todas mis ganas.
El rodaje fue duro,intenso,emocionante,reviví cada escena rodada,cada sentimiento reencontrado,y los pude disfrutar a fondo.
Sí disfrutar porque se trataba de rememorar todo mi paso por RANA,desde un primer mail hasta que feliz, a día de hoy reconozco que lo tengo superado.
Sabía también que tendría consecuencias,y ya las ha habido pese a que aún no está ni montado.
Ha supuesto la ruptura definitiva con mi madre,que nuevamente me echó en cara si otra vez tenía que remover todo esto,y que pobre de mi hermano con esa familia,y esos hijos,que tal vez se pueda separar por mi culpa...
Mi respuesta fue clara...y qué pasa con mi familia,qué pasa con mis hijos,qué pasa con mi vida?
Mi vida para ella ya no tiene ningún valor,y puesto que es así,la suya para mí tampoco,al igual que la del resto de mi familia.
He descansado,ha sido liberador,porque después de esto he podido tener la conciencia muy tranquila de pensar que al final ya no tendré esa conciencia traicionera diciéndome al oído lo mucho que iba a sufrir mi madre.
Se acabaron las excusas,ya puedo luchar por lo quiero,ya puedo ser libre al fin,y espero que esto sólo sea el comienzo de toda una vida,peleando por mí y por lo que creo.
Y no pienso parar,como decía alguien  a quien conocí de niña...aquí hay Carmen para mucho.
Y por cierto cuando esté montado,por supuesto que lo colgaré para que todos podáis verlo...si me dejan jeje.

martes, 30 de abril de 2013

“Un testimonio del Amor Generoso de Dios en mi historia de Vida”


Si tú estás empezando a leer este testimonio es porque Dios así lo permitió y es para qué tú seas parte de esta herencia de amor y vida para que hagas un alto en tu vida y puedas sentirte amado por Dios.

Este es el testimonio de un amor como no hay otro igual, que me hizo comprender todo el bien y el mal, que le dio luz y sentido a mi historia; a partir de ahí, a toda mi vida, a mi familia, a mis agresores, amigos y también a grandes personas que les paso lo mismo y que siguen encontrando como trascender a pesar de lo vivido.

Quiero comenzar esta historia maravillosa comentando que muchos años atrás no la habría comprendido, menos compartido, sin este encuentro generoso del amor que dios me permitió experimentar, que me hizo sentirme amado, perdonado y apoyado en él, para trascender más allá de mi egoísmo y mi zona de confort en la que muchos pueden estar ahora.
El daño que genero en mi corazón el no entender en mi historia los abusos sexuales, psicológicos y físicos, que tuve desde pequeño, me llevó en consecuencia a destruir primero, mi relación con dios, después a mí mismo, a mi familia, a mis amigos, a mis novias, en resumen a destruir a mi prójimo. Decía Juan Pablo II ”Cuando el hombre prescinde de dios se convierte en un monstro”.

Creo que Dios permite cada acontecimiento en nuestra historia, para develar lo que hace el hombre con su libertad, pero no para quedarse hundido, sino resurgir, para amar.
Bendigo a Dios porque me permitió experimentar su amor en una familia de clase media, la cual estaba formada por mi padre, mi madre, mis cuatro hermanas y yo.


Soy Pablo, viví gran parte de mi historia con mi familia, hoy tengo 35 años y quiero compartirles un poco de mi vida que ojala pueda ayudarles a descubrir que cada uno de nosotros fuimos creados del amor y para dar amor, no importando lo que haya pasado en nuestras vidas.

Pienso que el abuso sexual no viene solo como un hecho aislado sino existen situaciones o problemáticas más profundas que vienen de los sufrimientos no resueltos de los victimarios o los cómplices ya que no han roto con ese patrón de comportamiento, repitiendo lo mismo que les paso a ellos a causa de no intuir, que han sido seres amados.
Mi padre ingeniero y madre trabajadora social, también con dos historias únicas que les ha permitido ver la misericordia y el amor de dios con la reconstrucción de su matrimonio y después con las cinco historias de sus hijos. Vi necesario comentarlo porque dios elige a los más débiles para confundir a los fuertes del mundo para manifestar su gloria.
A pesar de ser un hijo deseado y querido desde muy chico y con un futuro prometedor, el matrimonio de mis padres empezó a causa de un embarazo no deseado, a sus 18 y 19 años. Con muchas complicaciones con sus respectivas familias por esas decisiones aparentemente maltomadas.

 Pero aquí es donde empezaré a contar mi historia y testimonio de vida; porque podría empezar más atrás y también hallarle un sentido vivífico a esta historia maravillosa pero creo que de aquí está bien.

El primer acontecimiento que me marco, fue que desde muy pequeño dormía con mis padres y recuerdo que eso me hizo tener un apego muy fuerte hacia ellos. Esto pasó de los 0 y los 9 años que por falta de camas dormíamos en una matrimonial: mis padres, mis dos hermanas y yo. Cuando se consiguieron dos camas individuales fueron para mis hermanas y yo seguía durmiendo con mis papas a un costado de mi madre en una de las orillas de la cama. En varias ocasiones escuche tener relaciones a mis padres lo que me hizo despertarme el lívido desde antes de los cinco años.

En varias ocasiones me toco presenciar discusiones, agresiones verbales y físicas entre mis padres, esto me congelaba sobretodo los golpes; recuerdo que sentía una tención en casi todo el cuerpo, principalmente en mi boca pues me quedaba mudo. También lo reflejaba en hombros, brazos y piernas; sentía frustración ante la impotencia de no poder defender a mi madre, lo que fue generando por un lado un coraje hacia mí padre, una baja autoestima por no saber defender a la mujer.

En una de estas ocasiones recuerdo que tenía dos años y medio casi tres, cuando mis padres volvieron a pelear y mi madre al siguiente día, se fue de la casa para darse un tiempo fuera. Recuerdo que yo estaba entre los dos cuando mi padre la llevaba a la central camionera, yo no sabía a dónde íbamos y todo aquello era un silencio sepulcral y con mucha tensión. Cuando mi madre bajó del carro, sentí uno de los abandonos más grandes de mi vida porque pensé que no volvería y lo peor de todo es que yo creía que era por mi culpa. Ese día llore durante todo el regreso a casa. Cuando mi madre regresó, sentí un gozo inexplicable. Sin el reencuadre de mis padres de aquel acontecimiento, seguí creyendo que si me portaba mal con mi madre ella se iba a volver ir. Lo que me hizo extremadamente detallista y hacía cualquier cosa por cumplir la expectativa de la figura femenina (mama, hermanas, novias, maestras, compañeras).

Mi padre era muy violento e iracundo y el quedarme solo con él me generaba mucha tensión e inseguridad. Estos acontecimientos me hicieron buscar el afecto en mis amigos del barrio y tenía un temor a que se molestaran conmigo y que pudiesen llegar a golpearme lo que me hizo regalarles casi todos mis juguetes. Mi edad era en aquel entonces de 5 años y fui un niño muy introvertido, jugaba con mis coches en la banqueta de afuera de mi casa o con mis dos hermanas con sus muñecas.

Mis padres trabajaban y nos dejaban con mi abuela materna, esta falta de atención de mis padres la querían recuperar con los juguetes o dinero que aunque no era mucho suplía aparentemente ese afecto.

En ese tiempo, fui con mis papas a un centro comercial, iban discutiendo algo en relación al dinero y la despensa, cosa que no me gustaba y quería ir a los juguetes pero sabía que no me dejarían porque implicaría pedirles comprar un juguete; por esta razón les dije que quería ir al baño, recuerdo que mis papas solo me dijeron: “pero no te tardes y cuanto termines te vas a la zona de carnes” Al ingresar a los sanitarios como no alcanzaba los mijitorios fui a uno de los dos wc que estaban ahí y el primero estaba emparejado, no me había percatado que estaba ocupado, entonces opte por entrar y cuando abrí un señor conocido de la colonia de donde vivía estaba masturbándose.
Del susto me fui al segundo wc, me encerré, tuve miedo, me congelé y mi corazón latía muy fuerte estaba asustado. Cuando me salí el estaba con la puerta abierta y los pantalones abajo exhibiendo su pene y me dijo que si le podía pasar papel del wc donde yo estaba y se lo di, tomo mi mano y me congelé y la puso en su pene, me acaricio y me toco mi cuerpo por encima de mi ropa, metió su mano en mi short y me toco mis partes privadas, se escucho que entraba alguien y me dijo que ya me fuera que no dijera nada sino me iba a golpear. Salí del sanitario confundido y no quería ir con mis papas y la mente se me bloqueo, andaba ido, me dirigí a la zona de juguetería, agarré unos coches, me dieron ganas de llorar y no podía, de la desesperación abrí uno de los paquetes de carritos y me metí uno en mi calzón para llevármelo (los juguetes me daban seguridad), pero me cacho una de las que atendían. Me tomó muy fuerte la mano y me dijo: “sácate el carro de ahí, eso es un robo, donde están tus papas?”, le dije, que por favor no les dijera, que no lo volvería a hacer. Me llevó a servicio a clientes, vocearon a mis papas y me llevé unas nalgadas y un regaño tremendo de mis papas y ahí solté el llanto; pero sin decir nada de lo que me había pasado.

A partir de ahí, empecé a tener un resentimiento con mis padres que se acrecentaba con las discusiones y peleas. Además que me hice muy llorón. A raíz de esto cuando mis hermanas se enojaban conmigo me decían que era una vieja por como lloraba y mi padre reforzaba con que los hombres no lloran. En las noches me orinaba, agarraba los chupones de mi hermana menor y me sentía como un bebe de hecho los juegos con mis primas y primos quería ser yo el bebe.

En la preprimaria la curse en una escuela privada y ahí una de las niñas que me gustaba le dije que si hacíamos el amor y me enseñaba su pene, (imagínense la confusión que tenía) y como era hija de una de las maestras de la escuela, mandaron llamar a mis papas y me volvieron a regañar y me veían las maestras como un niño pervertido, además de mis compañeros me decían marica y prácticamente tuve un rechazo social de mis iguales.

Mis trabajos que me dejaban estaban mal hechos lo que provocaba señalización por parte de mis maestras. Eso me genero mucho miedo de ir a la escuela, porque ese rechazo provocaba que me identificaran como el marica, que no jugaba futbol y que si me peleaban no sabía defenderme. En el salón de clases no ponía atención, me levantaba, molestaba a mis compañeras y me ponían las clásicas orejas de burro.

No quería ir a la escuela, pero cuando me dijeron me cambiarían de escuela hubo una ilusión de cambio por que estaría con mis primos y algunos amigos de la cuadra. Sin embargo, con este rechazo me hizo refugiarme en mis juguetes: monos de plástico que a causa de la carga sexual que tenía por él abuso y por escuchar a mis padres tener relaciones, recuerdo les ponía penes de plastilina a los monos de lucha libre y repetía la historia que me había pasado como explicando o tratando de entender aquel acontecimiento.

Desarrollé mucha habilidad con la plastilina y uno de mis juegos antes del abuso era jugar a hacer mi familia ideal, construía casas donde estaba mi familia, mis amigos donde no había discusiones ni violencia y eso me confortaba. Después de este abuso la carga sexual aumento al grado que recreaba con plastilina en ese “mundo ideal“escenas en las que veía a mis padres tener relaciones.
Me empecé a sentir muy mal porque no me explicaba lo que me pasaba ni nadie sabía lo que me pasaba para ayudarme, al grado que empezaba a olvidarme de los tiempos, no me daba hambre, era muy distraído, irritable, sensible, los juguetes ya no me llenaban, entonces me empecé a refugiar en la televisión en las caricaturas; mi preferida era “la liga de la justicia” donde estaban todos los super héroes los cuales idealice y empezaba a construir historias donde ellos me rescataban de aquellas personas que en ese momento no quería. Incluso me quedaba dormido apropósito pues en los sueños yo me convertía en rescatador de personas necesitadas y soñaba con los superhéroes: batman-robin, acuaman, superman, la mujer maravilla y los gemelos fantásticos. Mi seguridad en esto, fue tal que al ponerme yo cualquier cosa que parecía una capa (como las cobijitas de mi hermana más chica) me sentía super héroe, sin embargo volvía a mi esos momentos de ansiedad y depresiones donde me ponía muy inquieto.

Alguna vez estando afuera de mi casa jugando en la banqueta, llegó un vecino más grande que yo que era hijo adoptado por dos personas mayores, el estuvo viviendo gran parte de sus 10 años hasta ese entonces en un albergue. Me platicó que lo golpeaban mucho y que él nunca había tenido juguetes y en ese momento me metí a mi casa saque mis carros y le dije que escogiera dos de los 20 y el me dijo: porque dos, dámelos todos y le dije que no, se enojo y me agarro del cuello, eso me congelo, la sangre se me bajo, se los di todos y me amenazo diciéndome que no le dijera a mi mama sino me golpearía, esto me hizo enojar mucho pero lo volví a reprimir junto con el miedo que sentí. Me habían quitado otra de mis seguridades, me metí a mi casa y ya no quería salir. Mi madre y mi padre estaban ocupados en peleas y en proceso de separación. Con ese mismo vecino pasó otro abuso en su casa a los 14 años de él y a los 10 míos.

Al no entender esto que me pasaba y sin poder digerir bien lo del abuso y las consecuencias de este, no tenía ganas de vivir. Una mañana mis papas se fueron a trabajar y nos dejaron con una nana, mientras ella hacia el aseo nos dijo que los tres: mis dos hermanas más grandes y yo, nos metiéramos a uno de los cuartos, ahí jugamos a que la bruja (una de mis hermanas disfrazada) nos perseguiría para hechizarnos (a mí me daban pavor las brujas y mas las mascaras narizonas con verruga). Entonces empecé a correr por el cuarto y al sentirme encerrado y confundido (como si estuviera en uno de mis sueños donde sí podía volar) agarré mi capa, me la amarré al cuello y en ese momento quise volar y claro que el sueño se acabó ahí, por que como era la realidad no pude volar y me caí, la ventana daba hacia una alberca que tenía como 10 cm de agua y con una profundidad como de 80cm. La altura total de la ventana al fondo de la alberca era como 1.80mts. Me desmaye, me golpee la cabeza y no supe nada de mí hasta que empecé escuchar a mis papas en mi inconsciencia, diciéndome desesperadamente mi nombre para volver en sí.

Ese acontecimiento movió a mi mamá y empezó a darse cuenta que necesitábamos más atención de ella y de mi padre. Poco después le salió una hernia por la cual la tuvieron que operar. Cuando se fue yo pensé que se iba a morir pensando que no iba a regresar, mi sentido a la vida era vago.

Llegó el cambio de escuela y me fue difícil socializar porque a la niña que había conocido en la preprimaria le tocó estar en el mismo salón de 1ro de primaria. La mamá se enteró, la cambio de salón y advirtió a las maestras de mí, así que desde que empecé la primaria ya traía la etiqueta de niño majadero y mal portado, fueron seis años de la primaria muy complicados: con problemas de rechazo social, señalización, sin amigos.

Mi únicos dos amigos fueron mi primo que tenía un problema en las piernas y en sus intestinos que necesitaba de una zonda, su bolsita de orina y unas muletas. El mal olor que generaba provocaba que lo sacaran de su salón a cada rato. Eso no me gustaba porque me veía reflejado en ese rechazo además de cualquier rechazo social que tuviera una persona.
Mi otro amigo era uno de la cuadra que era el más bajito en estatura de toda la escuela, así que eso no ayudo mucho a conseguir amigos ni amigas. Sumándole a esto ese viejo sistema de que los alumnos con mejor promedio los sentaban en la primer fila y así sucesivamente hasta que en la última estábamos los mas burros. Me acostumbre, me adapte a ese ambiente y salí con notas medias la primaria. Esto que sentía, lo veía reflejado en las fotos que nos tomaban para las boletas, casi siempre con un rostro triste.

A los 6 años, tuve un segundo abuso sexual a través de las escenas eróticas de una película. Una vez unos tíos maternos invitaron a ver una película a mis papas y mientras mis primos y yo jugábamos ellos veían una película; sin que se dieran cuenta nuestros papas, mi primo y yo vimos por una orilla de una puerta que daba al cuarto de tv, una escena de una pareja que tenía relaciones sexuales; fue un momento de menos de un minuto, pero la lívido a mí se me despertó mas y a mi primo apenas era su primera vez, nos fuimos para arriba a contarles a mis otros primos y tuvimos juegos sexuales, yo me sentía diferente porque ellos no tenían la circuncisión y me pusieron pegamento blanco en el pene según eso para que se me hiciera igual. Así me fui a mi casa y me empezó a arder hasta que mi mama se dio cuenta y fue a reclamarle a mi tía lo que originó una división familiar por algún tiempo. De lo cual me sentí culpable.
Debido a esto aumentaron las convivencias con la familia de mi papa, donde solían emborracharse, separar a todos los hijos en el piso de arriba, y los adultos en la parte de sala y comedor, esto para no molestarlos según decían por pláticas de grandes. Los dos primos que vivían en esa casa donde generalmente nos juntábamos tenían 11 y 13 años de edad y durante varias reuniones nos tocaban nuestras partes privadas a los más chicos o nos metían a uno de los cuartos para tener relaciones, abusando de mi y de otros primos, en una de esas me lastimaron tanto que no deje de llorar. Me lograron tranquilizar regalándome carros y unos monos de las guerras de las galaxias para que no dijera nada a los papas.

Fueron varias veces que sucedió esto y era la misma dinámica que hasta otros primos cuidaban para que no los cacharan. Esto se repetía cuando nos invitaban a dormir aumentándose con material pornográfico que eran de mi tío (papa de ellos) y que a escondidas mis primos me lo enseñaban. Todo esto paso hasta que un día nos cachó una tía y fue causa de que con todo lo que el tema significaba de delicado, sumado a que estaban alcoholizados, malos acuerdos de juegos de cartas se agarraron a golpes los papas y todos terminamos llorando. Tiempo después tres de los cinco matrimonios se separaron.

Cuando regresábamos de las fiestas mis cuatro hermanas iban en la parte trasera del carro y yo adelante entre mis padres. Mi padre manejaba a gran velocidad, borracho y discutiendo con mi madre, mi madre decía bájale por que nos vas a matar. Eso provoco en mi mucho miedo, frustración, silencio, porque no me atrevía a decir nada a mis padres; acrecentando el rencor que les tenía. Todo esto desencadeno contextos de infidelidad de mis padres lo que los fue hundiendo cada vez más en un sin sentido de sus vidas, su matrimonio y una familia desarticulada.

Entre los 7 y los 12 años. Se presento otro abuso sexual visual con los amigos donde los dos más despiertos influimos en otros a través reuniones para ver pornografía, tener juegos sexuales, masturbaciones, tomar y fumar, iba sumiéndonos en un sin sentido en la pre adolescencia.
Durante este tiempo cuando tenía siete años, se fue gestando este encuentro de amor profundo en mi familia, en el momento justo, en el cual mi madre, cansada de varios intentos de hallarle un sentido a su vida se dio por vencida ante el anuncio de una buena noticia, que 21 años después tendría un impacto en mi vida y en el momento justo la vida de mis hermanas.

Esta buena noticia fue una palabra potente, fuerte e impactante de una persona que en alguna parte de su historia también recibió este anuncio: DIOS TE AMA, eres libre, eres hermosa a los ojos de DIOS el te he creado y a partir de ahí, nuestra vida familiar empezó a cambiar, empezando la obra con mi madre, después con mi padre, luego mis hermanas y por último yo.
Ha sido un proceso de casi 30 años, este cambio parecía imposible pero dios se vale de todo y del tiempo que fue necesario para mover los duros corazones que teníamos por esos acontecimientos que no entendíamos. Mis padres ingresaron a un grupo de la Iglesia católica en el cual estamos todos en la actualidad.

Cuando mi madre y mi padre empezaron a asistir mas se empezaron a disminuir las discusiones, los golpes; más no a desaparecer, pero con todo el rencor que les tenía, mi corazón no podía verlos diferentes. Yo vi muchas veces a mi madre llorar pidiéndonos perdón de cómo ella había sido y mi duro corazón le decía: que te perdone dios yo no te perdono.
El cambio en mi padre fue más lento, todavía recuerdo como las pocas veces que se comunicaba conmigo era cuando se ponía borracho solo para decirme que no amaba a mi mamá, que él no se quiso casar y que no quería tener hijos, que él quería terminar su carrera pero que la familia le había truncado, lo que me hacía no creer en un cambio y menos en él matrimonio, ni la familia.

En la pre adolescencia tenía una personalidad desarticulada, con mi sexualidad no definida por todo el contexto que traía y la afectividad que estaba centrada en cumplir las expectativa de todos para caerles bien o para evitar el rechazo. En este tiempo asistí a un grupo de oración de jóvenes donde experimente que existía un dios que me amaba, pero no lo creía porque para mí, lo que me había pasado en esos 12 años era una injusticia; por lo que no hice mucho caso.

Antes de ingresar a la secundaria no estaba dispuesto a sufrir las humillaciones del kínder y la primaria, por lo que al no tener personas que me ayudaran, ni confianza en nadie para contar todo lo que en mi cabeza pasaba, me propuse a ser muy social y aplicado, porque sabía lo que esto implicaba, también recordé el orgullo que generaba a los papas de los niños aplicados de la primaria. Siempre con el propósito de no generar problemas, no ser blanco de atención negativa, lo que funcionó en gran parte de los tres años.

Hacia un esfuerzo impresionante por enviar en días festivos más de cien cartitas personalizadas para todos los de mi salón, maestros, amigos de otros salones lo que me hizo muy popular y me dio mucha seguridad, estaba en los cuadros de honor. Recuerdo que no salía de la biblioteca por saber más que los demás, esa también era mi seguridad, la puse en: el conocimiento, en la popularidad y empecé a aprender a jugar futbol porque no iba a permitir que alguien me volviera humillar diciéndome marica por no saber.

En el contexto de mis amigos del barrio, vendía dulces que me ganaba en las fiestas, de ahí compraba mas y los vendía y reinvertía; organizaba a mis 12 años miniolimpiadas, torneos de futbol, donde participaban cerca de 50 niños y preadolescentes de barrios cercanos, de diferentes cuadras. Tenía una hermana que estudiaba diseño de interiores, me llamaba mucho la atención las maquetas que hacía y viéndola se me ocurrió comprar del material que ella utilizaba y construí cerca de 30 maquetas de estadios de futbol que ya no sabía dónde meterlas, en los que hacía que muchos de mis conocidos se divirtieran. En este tiempo me refugiaba mucho en el autoplacer, en la masturbación en pláticas de las muchachas con mis amigos y amigas hasta tener varios juegos sexuales.

En toda esta etapa entre los 12 y los 17 años, tuve varias novias pero duraba dos o máximos 5 meses y terminaba porque no me sentía a gusto o no era muy paciente. Mi relaciones sociales en grupo eran muy buenas pero me costaba trabajo en las platicas uno a uno.

En la prepa seguí con la misma fórmula que utilice en la secundaria por que en el fondo me quería mantener ocupado para no caer en una depresión. Fui el mejor promedio de mi generación, gane las olimpiadas internas de química, matemáticas, concursos de declamación, fui el mejor en las áreas médico biológicas, me entregaron muchos reconocimientos, entre ellos el Gobernador de aquel tiempo me entregó uno por excelencia académica. Fui muy popular en mi generación. Todo esto iba creando una capa más gruesa entre aquellos acontecimientos no sanados de mi pasado y el presente. En este tiempo principalmente me dolían mucho las separaciones de los amigos o amigas que estimaba mucho y no podía entender porque me pasaba.

A los 17 años no sabía que estudiar aunque me inclinaba por el área social, específicamente la comunicación, pero no tenía para financiarme la carrera en una privada. Entonces elegí una carrera donde pudiera destacar por mis habilidades e ingrese a arquitectura obteniendo el 5 puntaje más alto de la prueba de admisión. Algunos amigos de mi papá me decían que era muy difícil sacar buenas calificaciones y para al tercer semestre era el mejor de mi generación, yo soñaba con obtener el reconocimiento de mi padre.

En este tiempo al tener una desilusión amorosa, me hiso entrar en una depresión hasta al punto de dejarme de importar los estudios y querer quitarme la vida aventándome a un barranco. Ahí me rebele contra nuevamente contra dios volviendo a mi mente todo aquello que había reprimido pero no podía manejarlo. De un día para otro abandoné la carrera a mediados del tercer semestre. Me sentía fatal y confundido porque había destapado aquello que me dolía tanto, me puse a trabajar para tratar de cerrar y reprimir ese recuerdo, con las herramientas que tenia.
En ese tiempo conocí en un camión a dos fotógrafos que me dijeron que tenía un cuerpo muy proporcionado y que ellos estaban buscando un modelo para unas fotos artísticas en desnudo y que pagarían muy bien. En esa confusión que tenía y con la poca autoestima que me sentía, acudí a la sesión de fotos y el tema era el “suicidio”, fotos donde estaba ahorcado, asfixiado, muerto, lo que me hizo sentirme muy mal. Posterior a estas fotos que se exhibieron en varias partes de la republica, empecé a posar para fotos en desnudo para varios fotógrafos pues para mí ya nada era importante ni mi dignidad, empecé a meterme en el mundo de los modelos, las drogas, nuevamente el alcohol, los antros, las fiestas donde todo se valía, empecé a revelarme contra mi familia y contra la vida, contra mi vida.
Para tratar de volver a sentirme seguro, vuelvo a hacer trámites a contaduría en la escuela pública. Salí en listas sin ganas de estudiar pero quería hacer algo que regresara a una estabilidad, dure dos semestres fui de los mejores promedios, pero sentía ese vacío en mi vida que no podía explicarme. Volví a truncar otra carrera.

Durante todo este tiempo de los 18 a los 22 años el cambio en mis padres fue tremendo pero el resentimiento que yo tenía contra ellos, contra muchas personas en mi niñez, no me dejaba ver ese amor que dios estaba poniendo en sus corazones, yo los ofendía y ellos me daban amor y eso me confundía porque entre mas yo les desobedecía, los humillaba ellos eran todo lo contrario, es como si tuviera una venda en mis ojos. Así me pasaba con todas las personas que querían expresarme su amor, no creía en ellos. No podía hacer vínculos afectivos seguros con nadie.

Después de esta etapa entre por fin a la carrera de comunicación en una escuela privada y al mismo tiempo letras hispánicas en la escuela pública, durante este tiempo experimente mi mejor etapa profesional, sin embargo mi vida se desplomó cuando en la tesis que quise realizar busque los orígenes de lo que me estaba pasando, hasta llegar a un ponto ciego donde no podía llegar a ninguna conclusión y decidí abortarla porque me hacia estar más confundido. Este acontecimiento me develaba que no podía ser constante ni terminar ciclos, pero en el fondo era que no quería darme cuenta que necesitaba cerrar o hallarle un sentido al ciclo de mi etapa más dolorosa.

Entre los 23 y los 28 años a pesar de que en esta etapa detecte esa necesidad de entrar a lo más profundo de mi historia; el miedo, la desconfianza en no poder soportar abrir para sanar, me hizo refugiarme y poner mi seguridad en los afectos desordenados de mis amigos y amigas, en la sexualidad desordenada sin propósito de vida, en el alcohol, en las drogas, la popularidad, en antros, promovía el aborto y todo lo que fuera en contra de la vida; recuerdo que varias veces salía en calidad de bulto, cargado por amigos y desconocidos, cosas que no me dejaban ver el ser amado que yo era.

Por el lado de mi familia: mis padres y mis hermanas, habiendo sanado cada una sus historias, o estar que estaban en esos procesos, creyendo en el matrimonio y la familia, empezaron a bombardearme con mensajes de amor y sobre todo ese mensaje del anuncio que me cambio la vida: DIOS TE AMA, y eres precioso a sus ojos, JESUSCRISTO A RESUCITADO para que tu no seas esclavo de donde estas hoy, él quiere que tú seas feliz no importa lo que hayas hecho ni lo que te haya pasado.

No recuerdo cuantas veces me lo repitieron entre los 18 y 28 años. Me pedían perdón por el daño que me habían ocasionado, pero yo en los últimos dos años ya no decía como antes: “que dios te perdone“, porque veía en aquella mirada de mi madre, de mi padre, de mis hermanas un corazón humillado, ante mi corazón duro de orgullo que no me dejaba ver que lo único que dios me decía a través de ese perdón era que él me amaba.

La enfermedad de mi padre que estuvo a punto de la muerte, fue el acontecimiento que me hizo volver a dios. Cuando lo vi en cama y a mi madre con la que tantas veces peleo y discutió; a mis hermanas, que vivieron historias en parte similares a la mía, además de las personas de su grupo de la iglesia, que para mí era imposible que alguno se donara a él (porque se me hacían personas hipócritas), quedándose a dormir en la noche, a asearlo, a orar por él, eso me destrozó mi razón y el corazón porque pensaba: porque tantas personas le aman, pues yo no había visto ese amor en él. Me hizo ver que yo era más pobre que él, que todo lo que yo había creado en mis ideales de vida no valían nada comparado con ese amor. Cuando decidí quedarme con él dios me concedió verme pobre a mí y ver que yo no era mejor que él.

Ahí entre en una crisis, buscando un sentido a mi vida, vi claramente que dios me permitió vivir una experiencia de ateísmo, una kenosis un profundo descenso al infierno de mi existencia, una existencia sin dios; pude ver que cuando dios no fue el centro de mi familia esta se destruyo, porque durante mucho tiempo el centro de mi familia fue: el dinero, el egoísmo, las cosas materiales, las fiestas, el alcohol, la apariencia, una falsa religión, el ideal de padre, de madre, de hijos y de familia.

A partir de ahí los próximos 6 o 7 meses vi como durante mucho tiempo intente ser coherente con un tipo de existencialismo: con el absurdo total de la existencia humana, todo se me desmoronaba, no tenia ánimos de nada, todas las cosas en las que había puesto mis seguridades estaban en cenizas, me daba cuenta que había muerto interiormente y que mis calificaciones, mis éxitos, mis logros, mi popularidad, no me servían de nada y sabía que mi fin sería seguramente el suicidio, de hecho me sorprendió de que la gente fuese capaz de vivir cuando yo no tenía las ganas de hacerlo. Vivir cada día significaba todo un sufrimiento. Cada día lo mismo: para que levantarme? ¿Quién soy yo? ¿Para qué ganaba dinero? ¿Para que estudiaba? ¿Para qué tener una familia o casarme? ¿Para qué comer, bañarme? Entonces así, nada tenía sentido.

Y solía preguntar estos cuestionamientos a muchos de mis amigos de los ambientes donde estaba y lo increíble era que la gran mayoría no sabía para que vivía o centraba sus ideales en tener una casa, trabajar, hacer dinero, tener un cuerpo hermoso, ser famoso, tener un hijo y operarme, tener relaciones con quien quiera y si me embarazo abortar, vivir bien loco, ser bisexual, homosexual, metrosexual… tal vez tenía que ser así: levantarme, ir al trabajo, ir al cine, dormir, fiestas el fin, drogarme, alcoholizarme, fumar… irónicamente decía ¡que chido los que podían vivir así! Yo ya no podía, me encerraba en mi mismo, me alejaba de todo aquello que forje durante casi 12 años y me abría un abismo profundo dentro de mí.

Sentía que el cielo fuera una enorme loza de concreto y que yo estaba muerto en una tumba, que el cielo se había cerrado para mí. Hay un filósofo que le llaman el filósofo de la intuición: Bergson que dice que la intuición es un método de conocimiento superior a la razón. Con esto, dios me había dejado ver que toda mi vida me la pasaba razonando buscando el sentido lógico de las cosas y de lo que me pasaba, pidiendo justicia, pero jamás intuía más allá de la razón, veía que para negar que nada tenía sentido, que dios no existe, se necesitaba tener tanta fe como para creer que existía. Con la intuición empezaba a dar sentido aquello que no podía razonar, a saber primero que dios existía y que el sabia porque existía yo.

Entonces me metí en mi cuarto me hinque y le grite a ese dios que según me habían dicho mis padres y hermanas tantas veces que me amaba: AYÚDAME  no sé quién eres, y ahí experimente estando solo a solo, una experiencia profunda de este encuentro generoso con dios, y lloré mucho, llore amargamente, llore hasta cansarme y aun ahí me preguntaba ¿Por qué lloro?, Me sentía como aquel que delante de la muerte a punto de dispararle le dicen que ha quedado libre…y que aun no creyéndoselo llora por la sorpresa de que me han liberado, ahí experimente la vida, JESUS en mi muerte estaba acompañándome para devolverme la vida y decirme que es verdad que dios existe y que me amaba.

A partir de ahí empecé a ver que yo había hecho muchos juicios y que había matado a mucha gente en mi corazón, hasta al grado de llenarme de la muerte de mis odios y rencores, de irme pudriendo por dentro y tratando de fingir una vida feliz, que hasta los perfumes que me ponía eran un fiel reflejo de que no olía bien, con tantas y tantas cosas donde puse mi seguridad, me sentí pobre sin ningún apoyo.

Comencé a hacer una lista de todas aquellas personas a las que había matado en mi corazón y las que con mis actos también había matado, las busque y les pedí perdón empezando por dios, a mis padres, a mis hermanas, amigos, conocidos, a primos y aquella persona de aquel abuso de hace ya 21 años me lo encontré porque dios así lo permitió, cuando le encontré le dije que posiblemente el no se acordaba de mi y que quería pedirle perdón porque yo no era mejor que él, porque me convertí en un acecino en serie porque le había matado a él y a mucha gente en mi corazón.

Le anuncie que había experimentado un amor generoso de dios y que no podía quedarme con ese tesoro para compartir y le dije que dios le amaba, que dejara de hacer el mal, que ese día dios le estaba dando la oportunidad de reconciliarse con él, con su historia y con la gente que él creía que había matado y que les pidiera perdón, que si no los llegase a ver que pidiera por ellos, que dedicara toda su vida a pedir porque dios les pudiera mandar a personas que le anuncien esa buena noticia y para que encontraran un sentido a sus vidas.

El hallar un sentido a mi historia me ayudó a empezar a ver hacia el futuro, a creer el matrimonio y la familia; a comprender que dios permite cada acontecimiento para encontrarnos con su amor, que de los males aparentes vistos desde la razón son imposibles de comprender y verlo desde la intuición dan un sentido vivifico a la vida del ser humano.
Hoy estoy por casarme y participo en proyectos a favor de la vida, en defensa del no nacido, en anunciar la buena noticia a los muertos en vida, para que sintiéndose amados puedas trascender en el amor.

Recuerdo a una persona que me dijo: “cuándo tú hayas visto un muerto resucitar empezaras a ver tu historia diferente”. Hoy puedo dar testimonio que yo estaba muerto en vida, que he experimentado la resurrección espiritual, a reconstruir esta relación de mi ser con su creador y cada vez que se presenta esta historia como el recuerdo puedo hoy bendecir a dios de esta historia de amor.

A prendí a través de la iglesia que en la familia deben de existir tres altares fundamentales el lecho conyugal el cual es sagrado y solo pueden estar los esposos porque ahí es donde se gesta ese amor de dios con el matrimonio. Que cada hijo debe de tener un espacio para dormir solo. El segundo altar es la mesa en la que dios manifiesta su providencia del trabajo que tenemos en la comida y es un momento para fortalecer el vínculo con los hijos, que muchas veces se cambia por el star de tv. y el tercer altar es el de la eucarística, signo más grande del amor dios manifestado en Jesus resucitado.

A prendí que el perdón sana, reconstruye, que no esperemos a tener 35, 40, ó 70 años para pedir perdón o perdonar cada día es un tiempo valioso. Practicarlo como un deporte.

Vi que lo más importante es que soy un ser que vino del amor para dar amor. Que no soy perfecto sino perfectible que posiblemente pueda ser engañado por la historia que se reflejará en varias personas o acontecimientos de la vida, pero que si me escandalizo del sufrimiento que me refleja la injusticia, en mis fuerzas justicieras mataría a la persona que me agravió pero eso no soluciona nada, así no podré ayudar y trascender; pero que si lo veo como un acto que permitió dios para manifestar su amor, eso quedará en lo profundo de cada persona que escuche de mi boca y mi corazón que DIOS LE AMA ahí donde en su razón no puede amar.

También comprendí que todas las cosas que el mundo ofrece en las que puse mi seguridad en alguna parte de mi vida, como el éxito, los premios y reconocimientos, el saber, las cosas materiales, el trabajo, el hacer ejercicio, las relaciones sociales, los afectos, el cariño de las personas, la tecnología, el dinero, todo esto es para ayudarnos a vivir mejor y ayudar a otros con lo que queramos compartir, pero que si yo pongo como mi centro de vida cualquiera de estas cosas entonces empieza a ver un desequilibrio.

Ojala que cada psicólogo, comunicólogo, educador, maestro, padre, madre, hermano, cualquier persona que vea este testimonio pueda sentir que su vida no ha sido injusta sino que hoy tiene la oportunidad de agarrarse de alguien más fuerte que él mismo como centro de su vida, para hacer cosas impresionantes, como resucitar a muertos en vida y solo así ser generosos en el amor.

PABLO.