jueves, 8 de septiembre de 2011

HERMANOS DE SANGRE

Ya he contado que soy la pequeña de cuatro hermanos, y que los cuatro hemos sufrido el maltrato y los abusos de mi padre. Mi hermano mayor que me saca doce años, con el que tuve el grave altercado cuando regresé a la casa de mis padres. Mi hermana, ocho años mayor que yo, con problemas muy graves a causa de sus abusos. Y mi “mellizo”.


He omitido de manera inconsciente a este hermano pequeño en el blog. Creo que no ha sido casualidad. Creo que en alguna parte de mi mente, mi monstruo ha jugado conmigo, y me ha dejado estos pensamientos, estos razonamientos escondidos porque me da vergüenza hablar de mi hermano. Porque en la historia de mi relación con él hay cosas de las que aún no puedo hablar. Cosas que todavía queman, cosas que aún emiten radiación. Mis ideas no son claras, pero ya va siendo hora de que se conozca una parte de mi vida y de mis abusos que, quiera o no, me afecta mucho.


Algunas personas me han dicho que mi vida da para escribir un libro. La vida de mi hermano da para dos.

Mi hermano más pequeño y yo nos llevamos poco tiempo. Él es 13 meses y 12 días mayor que yo. Aún conservo una foto familiar en la que estamos todos. Yo con unos meses de edad en brazos de mi padre, y mi hermano sentado en el regazo de mi madre. Todas las personas que han visto la foto han tenido dudas sobre la identidad de los dos bebés de la foto y alguno me ha preguntado si somos mellizos. Tal es el parecido. Cuando éramos pequeños, cuando bajábamos a jugar al patio común donde desembocaban los portales del bloque de viviendas, los vecinos también creían que éramos gemelos. Yo siempre lo sentí como tal.

A las pocas semanas de mi nacimiento mi madre tuvo un “accidente” que la postró durante mucho tiempo en una cama de hospital. Por lo tanto, mis primeros tres años de vida, ella los pasó convaleciente, mientras mi hermano y yo estábamos en el orfanato donde me conoció mi Madrina, y dónde mi padre, aprovechando las vistas al centro de menores hacía algo mas que certificar que no renunciaba a nuestra tutela.

Lo cierto es que mi hermano y yo hemos tenido vidas muy parecidas, pero a la vez muy distintas. Ha sido como dos caras de la misma moneda, dos situaciones paralelas, en ocasiones con los mismos “tiempos”, las mismas pautas, pero con desenlaces diferentes y semejantes a la vez.

 
Mi Madrina me cuenta muchas veces que en la institución donde me conoció, nos juntaban un par de horas al día en una sala de recreo a todos los niños, y que era donde yo coincidía con mi hermano. (En aquella época separaban a los niños y a las niñas, por eso mi Madrina me conoció a mí y no a mi hermano) Al parecer, en una ocasión una niña le quitó un juguete a mi hermano y él empezó a llorar. Según mi Madrina, yo tenía mucho genio y al ver llorar a mi hermano, agarré a esa niña por los pelos y tuvieron que venir ella y otra señorita a separarnos. Yo tendría 2 o 3 años, y no sé hasta que punto yo, de verdad, estaba defendiendo a mi hermano o simplemente anhelaba ese juguete, pero a mi Madrina le gusta pensar que era un gesto altruista.

Después nos separaron. Yo empecé a irme con mis Padrinos cuando se fueron a vivir a otra ciudad y mi hermano terminó en un colegio de educación especial. Es complicado explicar cómo terminamos los dos en sitios tan diferentes, pero si tengo que arriesgarme a dar una razón, apostaría por la ineptitud y la ignorancia de los que en aquella época se encargaban de los asuntos sociales.

Mi Madrina me contó que ninguno de los dos hermanos hablábamos. Ni una palabra. Lo entendíamos todo, pero simplemente no hablábamos. Que éramos muy retraídos, y que mi hermano a penas se defendía. Cuando mi Madrina comenzó a tenerme con ella con más asiduidad, me llevó a un logopeda, por si yo tenía algún problema de dicción, no encontraron nada, y de hecho me cuentan que cuando ya estaba mas estabilizada, cuando mis Padrinos se hicieron cargo de mí de manera mas constante, empecé a hablar correctamente, sin atascarme, con total normalidad. Yo tenía casi cuatro años.


Hablo desde la ignorancia más absoluta, pero quiero pensar que mi retraso en el habla fue a consecuencia de sufrir, ya por entonces, los abusos de mi padre, y por lo tanto tengo razones para sospechar que mi hermano pasó exactamente por lo mismo. Pero él no tuvo la fortuna de encontrar a alguien como mi Madrina, y creo que al comprobar que mi hermano tampoco hablaba, que era huidizo, se escondía y apenas se defendía, alguien interpretó erróneamente esas señales e indicó que mi hermano tenía un retraso intelectual “moderado”. Ha pasado doce años interno en un colegio de educación especial. Un colegio para retrasados, dicho crudamente.


Sé por mi madre que en vacaciones jugábamos mucho juntos pero yo a penas tengo recuerdos. Tengo “fotos” mentales en las que estamos construyendo con el “Exin Castillos”, o jugando a las cartas con esas barajas infantiles de hacer familias. Creo que la nuestra tenía los personajes de la película de Disney Robin Hood, pero no estoy muy segura. Mis evocaciones son sólo bocetos sin color. En realidad mis únicos recuerdos de él, los que se imponen cuando pienso en mi hermano, son los abusos.


Yo tenía doce o trece años cuando supe que él también sufría abusos. Lo descubrí de manera traumática una mañana que sorprendí a mi “mellizo” haciéndole una felación. Ese día algo se rompió entre nosotros. Jamás hemos hablado de ello pero desde entonces, cuando estábamos juntos, era una siniestra sombra que sobrevolaba el ambiente. Cuando mi padre estaba en casa a solas con nosotros siempre había un momento de “impasse”. Cruzábamos la mirada un instante e intentábamos escabullirnos, que no se notase nuestra presencia, hacernos mas pequeños, invisibles. Había motivos para ello. El último año de mis abusos, el Año del Infierno, también debió serlo para él. Si mi padre fue capaz de hacerme autenticas barbaridades, mi hermano no lo pasó mejor. Me consta, fui testigo directo.


Después llegaron los Años Oscuros. Y como en todo, cada uno capea el temporal como puede. A mí me dio por empastillarme, a él le dio por salir corriendo. Con quince años se fue de casa y se dedicó a recorrer el mundo con una mochila a la espalda. Cuando yo regresé a la casa de mis padres, en el final de mis años oscuros, le veía muy de vez en cuando. Seguía viviendo con precarios trabajos y grandes ausencias. Después, mientras yo estabilizaba mi vida con un hijo, le perdí la pista.


Lo último que supe de él fue que estaba en una ciudad del este de Europa, en una empresa de transportes, y se iba a casar. Tras aquella carta, pocas semanas después nos encontramos una noche que pasaba por mi localidad de regreso a aquel país, y no me gustó lo que vi. Estaba desaliñado, sin afeitar, y según me dijo mi marido, olía mal. Mi hermano me dijo que le habían perdido las maletas en el aeropuerto, pero me sonó más a una excusa que a otra cosa. Al día siguiente desapareció sin dejar rastro.


Quise creerle. Las primeras semanas en que desapareció me puse en contacto telefónico con los consulados y embajadas de todos los países del este, pero no lo encontré y a medida que pasaron los meses, los años, empecé a darle por perdido. A veces me lo imaginaba como un vagabundo por alguna ciudad europea, pidiendo limosna y durmiendo en la calle. Cuando esa imagen me venía a la mente sentía un inmenso amor por él.


Al final, después de quince años, le di poco menos que por muerto. Llegué a pensar que había hecho como yo. Romper con toda la familia definitivamente al ser consciente de sus abusos. No se lo reproché. Yo he hecho exactamente lo mismo. De hecho ya entonces, cuando nos veíamos, yo me sentía incomoda en su presencia. A veces no soportaba ni siquiera un casto beso por su parte, y creí que él tal vez sintiera lo mismo, que por eso desapareció.


Pero la realidad en ocasiones supera la ficción.

Pocos meses después de la muerte de mi padre, cuando aún estaba asimilando todos los recuerdos y las sensaciones que eso me produjo, recibí un correo a través del Facebook de alguien de nombre extranjero que era amigo de una persona llamada igual que mi hermano, y que le estaba ayudando a encontrar de nuevo a su familia. Quería saber si yo era una de sus hermanas.

Me dio un vuelco el corazón. La foto era actual, tenía dieciséis o diecisiete años y algunos kilos de más, pero la imagen que me sonreía desde la pantalla de mi ordenador era sin duda el niño con el que había compartido mucho más que unas vacaciones.

Mi hermano. MI viajero hermano, aun no podía creerlo. Le había perdido la pista cuando se fue a vivir cerca de los Cárpatos y le había dado por muerto. Y no era la primera vez que le creía fallecido, porque en una ocasión, cuando yo tenía trece años, pensé que mi padre le había matado de una paliza por mi culpa. Y por segunda vez le reencontraba vivo. Vivo y trotamundos, sonriendo a un fotógrafo anónimo sin imaginar que su propia hermana le saludaba desde el tiempo y la distancia.

Tardé tres días en contestar, hasta que la curiosidad pudo conmigo. El amigo extranjero fue muy reservado y amable, se limito a facilitarme la dirección de correo electrónico de mi hermano y se retiro discretamente en su papel de extra.

La primera toma de contacto vía email, fue tímida, como entrar en una piscina sin conocer la temperatura del agua. Supe en ese momento que había perdido a mi hermano, o al menos la parte de él que le daba su esencia, porque sufrió un “accidente” muy grave que le ha borrado una parte de la memoria. Principalmente la infancia y parte de su adolescencia y primera juventud.

La responsable de la amnesia de mi hermano es una mujer. Muchas víctimas terminamos junto a parejas también abusadoras. Es como si tuvieran un radar que detecta nuestra debilidad y se aprovechan de esa vulnerabilidad de manera cruel. Fue el caso de mi hermano. La persona con la que se casó resultó ser toda una víbora.

Contrajeron matrimonio cuando él trabajaba en la empresa de transporte. Lo cierto es que no me ha dado detalles, pues lo ultimo que recuerda es un viaje con su esposa y los padres de ésta por la cordillera de los Cárpatos: le encontraron unos viajeros junto a la carretera semidesnudo, malherido, con la cabeza abierta y sin documentación de ningún tipo. La mujer, después de darle por muerto, le robo todo el dinero, las tarjetas, los papeles… Desgraciadamente las secuelas de lo ocurrido son graves: además de la amnesia, sufre una preocupante afección cardiaca. Ha tenido dos infartos en pocos meses.

El amigo extranjero era compañero en el trabajo, hablaba español y fue el primer amigo que mi hermano tuvo allí. Le enseño el idioma y las costumbres de la zona, y fue el primero en ayudarle cuando aquella mujer se largó con el pasado de mi hermano. Al parecer, en cuanto estuvo recuperado físicamente, mi hermano volvió a España por traslado de la empresa, y terminó en el sur del país. Meses después, el buen samaritano tuvo que emigrar con su esposa y su hija por la crisis que estalló en su país natal y mi hermano, para devolverle el favor le echó una mano y le ayudo a instalarse en la ciudad española.

Desde entonces, mi hermano ha intentado volver a ponerse en contacto con la familia, pero no sabia si mis padres habrían cambiado de domicilio porque las llamadas no se respondían y las cartas se le devolvían o no se contestaban. Y fue la indiscreción de la esposa de su amigo la que, a través de Facebook, encontró un perfil y una foto muy familiar, la mía.

Para mí fue como si el peso del mundo se hubiera colgado de mis hombros. Quiero condenadamente a ese crío, apenas lo recuerdo pero seguro que ha sido un compañero de juegos estupendo en los veranos de la casa de mis padres, sin embargo también hemos sido testigos de situaciones de difícil calificación. Y el hecho de saber que ahora yo soy la única depositaria de esos recuerdos es peor que si me hubiesen confirmado la muerte de mi hermano.

Es complicado, somos hermanos pero casi no nos hemos criado juntos, tenemos distinta educación, distinta vida y sin embargo nos une algo fuera de lo común, como dos extraños que sobreviven a una catástrofe y vuelven a ponerse en contacto. Y aquí estoy yo, hablando con mi hermano, un extraño, que busca su pasado mientras yo solo quiero huir de él.

Ahora la comunicación esta siendo principalmente por Messenger. Al principio la obsesión de mi hermano era saber como estaban nuestros padres y nuestros otros hermanos, y yo no sabía que decir. Me sentía entre la espada y la pared, mi hermano me solicitaba información de la familia y explicaciones de porque no le contestaban al teléfono, y yo no quería decirle que no podía ponerme en contacto con ellos porque la última vez que vi a mi hermano mayor casi me cuesta la cordura, o la vida. Me ha costado muchos años romper aquella cadena familiar que pesaba como una losa, y no me puedo permitir volver a soldar el grillete. Al menos la parte que me ata a mis padres y a mis otros hermanos, y esa obcecación, al principio, me estaba volviendo loca, aquello empezaba a parecer el paseo por un acantilado en el que no puedes evitar mirar abajo hipnóticamente.

Me ha contado que solo recuerda el colegio, de la vida familiar apenas imágenes. Y yo le he explicado que de pequeñitos habíamos vivido en una institución gubernamental los tres o cuatro primeros años. Le he dejado leer entre líneas que nuestras infancias no han sido fáciles, que somos hermanos pero hemos vivido separados casi toda nuestra vida, le he hablado de mis Padrinos y que ellos son en realidad los que me han educado. Que he pasado más tiempo viviendo con ellos que con nuestros padres, pero que cuando estaba en el domicilio paterno siempre estábamos juntos. Le he hecho ver que mi padre era violento, que hay expedientes nuestros en el archivo histórico, (porque en aquella época el tribunal de menores funcionaba a parte de la justicia ordinaria, y esos expedientes son “de menores”) y que indican que nuestro progenitor no era el “padre del año” precisamente.

Pero es delicado, mi intuición me dice que no debo contarle más de lo que él mismo pueda recordar. El psiquiatra le ha dicho a mi hermano que al ser una amnesia traumática, los recuerdos tienen que volver por si solos, y las preguntas aún se agolpan en mi cabeza: ¿y si de repente recuerda? ¿Y si su amnesia no es tanto por el accidente como por lo que paso en su infancia?


Me preocupa él, y me preocupa mi propia reacción ante sus recuerdos. Me ha preguntado por qué pasó doce años en un colegio de educación especial, y yo no sé que decir. Aún no sé como le podría volver a explicar a mi hermano una situación que ya hemos vivido en primera persona. Sería como caminar hacia atrás intentando pisar tus propios pasos. Y es un cúmulo de sensaciones extrañas que se arremolinan en mi cabeza cada vez que le veo conectarse por el Messenger. Me da pánico que recuerde y me reconecte los recuerdos dolorosos de mi vida con mis padres. En lo que a mí respecta, mi familia son mis Padrinos, mi marido, y mi hijo. Todo lo que está fuera de eso, es peligroso para mí. Me sería muy difícil volver a empezar.

Lo cierto es que le aprecio mucho. Me encanta discutir con él de fórmula uno por el Messenger, hablamos bastante a menudo, pero son siempre conversaciones livianas, sin profundidad. Al principio me preguntaba a veces por mi madre, si la veía y como estaba. Ahora ni se molesta porque ya sabe que yo no tengo contacto con ella.

La verdad es que sé de él lo que él mismo me ha contado y a veces tengo dudas. Recuerda sus viajes, la mayoría, pero nunca me habla de ellos. Sé que vive solo, que ahora trabaja en una empresa de mantenimiento y que se le dan bien los ordenadores. Pero a veces creo que recuerda más de lo que dice y que me oculta información. A veces me parece “intuir” algo mas… No lo sé. Tal vez sólo sea que busco fantasmas donde no los hay.

Pero sobretodo hay algo de mi hermano que me está comiendo la moral y es saber cómo voy a lidiar con mis sentimientos hacia él. Ya no sólo por el hecho de que me haga recordar mi pasado, sino por lo que ahora siento cuando está cerca, cuando hablo con él. Porque cada vez tengo más vértigo a conversar, sobretodo desde que nos hemos vuelto a mirar a los ojos.


Volvimos a vernos en persona el año pasado. Tenía mucho miedo. Por un lado deseaba abrazarle, le quiero mucho, pero por otro lado tenía miedo de mi propia reacción. Y la verdad es que no lo pasé nada bien.

Lo primero que me pidió fue visitar la tumba de mi padre. Le acompañé, para indicarle cual era pero después hablamos sin profundidad. Me contó de su vida actual y los problemas médicos a los que se enfrentaba. Yo a mi vez, le conté como era mi situación ahora, dónde trabajo, lo que estudia mi hijo… pero a penas hablamos del pasado. No me atreví a tocar el tema. Y él tampoco preguntó.

En un momento dado, nos acercamos dando un paseo hasta la calle donde vivían nuestros padres cuando éramos muy pequeños. (cuando yo me fui con mis padrinos a otra ciudad, mis padres se mudaron al domicilio donde tengo todos mis recuerdos) Reconoció el barrio. Me indicó que esa zona de la ciudad le había traído algunos recuerdos del portal de la casa, y de la frutería que había en la esquina.


De repente tuve un flash, una imagen clara y nítida del interior de la vivienda, con un pasillo largo y oscuro, y la habitación de mis padres con una ventana con el cristal roto para que el gato pudiera entrar y salir por ella al tejado del convento de las Salesas que había detrás. En aquella retrospección pude ver la cama con mi madre acostada en ella entre sábanas sucias de comida, y un orinal a los pies. La misma cama metálica donde años después mi padre me violaría por primera vez. Jamás, hasta el año pasado recordé aquella casa. Debieron abandonarla por derribo cuando yo tenía unos cuatro o cinco años y no me acordaba en absoluto. Y pasear junto a mi hermano me hizo volver a sentir un dolor inmaterial en el corazón. Y por primera vez en millones de años, volví a oler. Un olor espantoso a mugre, a orina, a podrido, a mierda que me invadió de tal manera que casi me hizo vomitar. Tuve que buscar una cafetería con la excusa de ir al servicio y así poder calmar mi recuerdo.


No sé si se percató. En otras ocasiones, cuando he tenido un “recuerdo-impacto” delante de otras personas he logrado mantenerme firme el tiempo suficiente para estar en un sitio seguro a solas donde poder descargar la energía acumulada por el recuerdo, pero él es como yo, una víctima, y es posible que él sí sea capaz de darse cuenta de que ocurre algo. O yo tengo tanto miedo que hasta me imagino cosas…


Me sentí muy incómoda a su lado durante toda la visita, y se dio cuenta. Al despedirnos, él me preguntó si yo era siempre así, si nunca miraba a los ojos. La verdad es que me hizo preguntarme si suelo hacer eso con frecuencia. Aunque tenía muy claro la razón por la que lo hacía con él.

Durante el día y medio que estuvo en nuestra tierra natal, mantuve un miedo subliminal, enterrado, oscuro, profundo, que no me abandonó hasta que no regresó a la localidad donde vive actualmente. Tuve miedo a que me tocara. No a que me agrediera, o se insinuara. Miedo a que me tocase, a que me rozase siquiera. Cuando nos vimos cara a cara por primera vez después de tantos años, me abrazó, casi me levantó del suelo. Estaba muy emocionado. Lógico, había encontrado a su hermana. Pero para mí ese abrazo fue terrorífico. De repente sentí como si me hubiera cubierto con un manto oscuro, negro, dañino. Me da mucha vergüenza confesarlo, pero no pude -no puedo- soportar que me toque.


Desde que volví a verle, se han revuelto recuerdos de mi infancia muy oscuros. Escenas desagradables que aún no estoy preparada para afrontar. Existe un recuerdo concreto que siempre ha estado presente, pero tan espantoso para mí que lo mantengo a raya. Es de las pocas batallas que he librado con mi Monstruo en las que he conseguido salir con menos heridas, porque siempre he conseguido que ese recuerdo no me domine, no se imponga. Pero como un dique agrietado, siempre amenaza con romperse, y tener a mi hermano cerca me está costando un enorme esfuerzo de contención. Si ese recuerdo se volviera recurrente, si se convirtiera en una retrospección, no estoy segura de mi reacción y me da miedo, mucho miedo.

Me quiere mucho, me dice cosas cariñosas que me ponen muy nerviosa. Se aferra a mi cariño, porque soy lo único que tiene. Y yo no puedo corresponderle. Cada vez que me dice algo tierno se me revuelve el estómago. No puedo evitar recordar a mi otro hermano, el mayor, que antes de agredirme me decía cosas parecidas. Y no puedo evitar recordar que mi padre se aprovecho de ese cariño fraternal para mantenernos atados a su infamia de la manera mas abyecta. Porque los abusos de mi padre se convirtieron en un siniestro lazo de unión con mi hermano que me hace sentir horrible. Un lazo manchado de dolor y tristeza.

Y no puedo evitar, cada vez que pienso en mi hermano, que sobre mi mente se imponga la imagen de él, sin pantalones, acurrucado en el suelo ante mi padre, mirándole suplicante, con las lagrimas corriendo por su rostro, y protegiéndose del siguiente latigazo, mientras mi padre le pregunta “¿dónde está tu hermana, dónde la has escondido?”. Y mientras tanto yo, cobarde de mí, salgo de debajo de la cama, me escapo de casa y ni siquiera pido ayuda a un vecino. Aún escucho los alaridos de mi hermano que se oían desde la escalera del edificio. Durante varios días creí que mi hermano había muerto a manos de mi padre por mi culpa, porque cuando escapé lo único que hice fue llamar a mi Madrina, a su ciudad, desde la panadería de la madre de una amiga y ni siquiera se me ocurrió avisar de lo que estaba ocurriendo en mi casa.


Y ahora, cada vez que hablo con mi hermano, cada vez que le veo conectado, cada vez que me envía un correo, cada vez que me dice que soy lo más importante de su vida, me siento de nuevo al borde del abismo. Porque si supiera –si recordara- lo que hice, me odiaría.


La verdad es que todo este asunto de mi hermano me supera. No me hace sentir nada bien y a veces desearía que no hubiera reaparecido. Y ese pensamiento me hace sentir una persona espantosa.

Le quiero mucho. Deseo que le vaya bien en la vida. Que no se sienta solo, que sea feliz. Pero no sé si puedo compartir su vida, no sé si puedo formar parte de ella. Y pensar así me parte el corazón. Cuando hablo con él me queda siempre una sensación de vacío, como si se abriera una puerta y entrase el frio. porque la culpa y la vergüenza que siento me congelan el corazón. Porque le abandoné a su suerte como a un perro, y jamás, jamás me lo perdonaré.

Nadie conoce mi niñez mejor que mi hermana”
Dale V. Atkins. Psicóloga norteamericana
 
http://nemesisenelaverno.blogspot.com/2011/09/hermanos-de-sangre.html?spref=fb

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Asi empezó todo


Al igual que la vez anterior, mi mas profundo agradecimiento por esta colaboración; viene de alguien que por vez primera se atreve a hablar y decir “yo tengo una historia que contar” “yo deseo sanar mis heridas en vez de esconderlas”y hablar de ello es el primer paso.

¿La primer ocasión? Supongo que tenía como 5 años; fue algo que sepulte en mi mente mucho tiempo, que me hizo sentir en su momento una niña mala.
Habíamos ido a visitar a mi abuela, desde entonces era una de mis personas favoritas, ahí podía jugar a gusto todo el tiempo que quería y andar correteando deaquí para allá y ese día no fue diferente, mientras mi mama andaba por la cocina viendo que comeríamos, yo me fui al pórtico entonces lo vi, un hombre de espaldas, estaba inclinado reparando un sillón, me fui entonces la jardín sin hacer mayor caso, pero a mi regreso le pregunte: ¿Va a quedar bien el “sillón de raqueta”?-se llama rattan nena, ven para que veas que bien esta quedando, así que me acerque y me quede sin palabras tenia el pantalón abierto y su miembro fuera, mientras se masturbaba me decía mira tócalo seguro te va a gustar….
Solo atine a meterme corriendo a casa, fui toda asustada a decirle a mi madre:
Es que el señor de afuera no tiene calzones y lo vi, pero yo no quería!! (Fue mi manera de explicarle)
El resultado fue que me carajeo, que nada tenia que hacer jugando cerca de ese tipo y que ya no me saliera. Al señor no le dijeron nada y yo permanecí en casa sin poder salir a jugar. Tuve que correr al baño, ahí me escondí por un rato de todos, tal era la vergüenza y el miedo que sentía, vergüenza porque de algún modo me hicieron sentir que yo tenia la culpa de lo que había pasado y miedo de que mi padre se enterara de “mi travesura” y me fuera mucho peor, ni por un momento paso por mi mente que me fuera a cuidar, eso tenia que hacerlo por mi misma.
La lección ciertamente la aprendí -- Había que pensarlo muy bien antes de abrir la boca, si me llegaban a hacer caso, seria para regañarme.
El miedo, la vergüenza, la culpa y la sensación de ser una mala niña… eso no era importante para la familia, así que quise creer que no era tan malo, que esas cosas pasan y como pasan tan seguido no tenía importancia, era solo una exageración mía y finalmente no me había tocado, solo me había pedido verlo ….
Hoy aprendí que todo esto si tenia un nombre “Abuso sexual infantil” y que solo fue el inicio de lo que después tuve que vivir.

Danny

Una historia dificil de contar.


Esta es una de esas historias difíciles de contar, las palabras se atoran en los dedos de querer salir todas a la vez. Y es que, ¿cómo hacer que TU propia historia suene diferente, cuando lo único diferente eras tú?, el deleznable acto era el mismo y cada que lees la historia de alguien más algo se te atraviesa en la garganta al darte cuenta de que no eres la única en este mundo; mal de muchos consuelo de tontos… a mí no me consuela, me duele saber de alguien más, de otros que han pasado por tantas historias que a veces hasta suenan igual. Pero sabes, no son iguales, porque ni tú, ni yo, ni ellos son iguales; cada uno padeció el mismo silencio, pero eras TÚ y nunca podrás imaginarte lo que para otros significó. No sé a ustedes pero suelo sentarme a imaginar que de diferente tendría mi vida si aquello no hubiera ocurrido, a veces culpo a AQUELLO de mi antisocial forma de ser, de no soportar la cercanía de extraños, de tener ganas de llorar de la nada. 

También es una historia difícil de contar porque la memoria se montó en defensa, y los recuerdos, gracias Dios, son pocos… pero dolorosos. Recuerdo frases vagas que ahora sé que ningún niño debe escuchar; recuerdo que mi inocencia era tal que sabía que había algo raro pero me era imposible pensar que alguien tan cercano me haría daño; recuerdo que años después, cuando AQUELLO ya había parado, un día que lo sorprendí viendo porno, él me preguntó ‘¿lo intentamos?’; recuerdo perfectamente el temblor en mis piernas, y casi sentí las lágrimas caer, mamá no estaba y todos estos años me he preguntado ¿lo supo? También recuerdo que ese día fue el primero en que de verdad sentí estarme aferrando con uñas y dientes a la vida, cuando dije ‘¡NO!’ y me encerré a llorar. 

Los años han pasado ya, aquello paró hace mucho pero aún lo llevo en la cabeza. Me he vuelto vigilante con los niños, no dejo que esté solo con ninguno de mis sobrinos pero ¡Oh Dios! ¿Qué pasará el día que mi hermano tenga hijos? ¿Cómo evito que la pena mate a mi padre? Mi padre, que un día dijo que era capaz de matar a quién me hiciera daño; supongo que no se imaginó el silencio que eso provocaría en mí con tal de no verlo preso o muerto.  

Saben, siempre creí que está historia sería más larga un día, supongo que es por el tiempo que ha dolido. Pero también creí que un día me levantaría, esto sería un sueño, que mi familia no tendría secretos y que podría acercarme a mi hermano sin sentir repudio por su persona... pero todos tenemos sueños persistentes.

lunes, 5 de septiembre de 2011

"Diez formas de construir resiliencia"



La resiliencia es el proceso de adaptarse bien a la adversidad, a un trauma, tragedia, amenaza, o fuentes de tensión significativas, como problemas familiares o de relaciones personales, problemas serios de salud o situaciones estresantes del trabajo o financieras. Significa "rebotar" de una experiencia difícil, como si uno fuera una bola o un resorte.



La investigación ha demostrado que la resiliencia es ordinaria, no extraordinaria. La gente comúnmente demuestra resiliencia. Un ejemplo es la respuesta de las personas en los Estados Unidos a los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 y sus esfuerzos individuales para reconstruir sus vidas.


Ser resiliente no quiere decir que la persona no experimenta dificultades o angustias. El dolor emocional y la tristeza son comunes en las personas que han sufrido grandes adversidades o traumas en sus vidas. De hecho, el camino hacia la resiliencia probablemente está lleno de obstáculos que afectan nuestro estado emocional.

La resiliencia no es una característica que la gente tiene o no tiene. Incluye conductas, pensamientos y acciones que pueden ser aprendidas y desarrolladas por cualquier persona.


Diez formas de construir resiliencia

Establezca relaciones
Es importante establecer buenas relaciones con familiares cercanos, amistades y otras personas importantes en su vida. Aceptar ayuda y apoyo de personas que lo quieren y escuchan, fortalece la resiliencia. Algunas personas encuentran que estar activo en grupos de la comunidad, organizaciones basadas en la fe, y otros grupos locales les proveen sostén social y les ayudan a tener esperanza. Ayudar a otros que le necesitan también puede ser de beneficio para usted.


Evite ver las crisis como obstáculos insuperables
Usted no puede evitar que ocurran eventos que producen mucha tensión, pero si puede cambiar la manera como los interpreta y reacciona ante ellos. Trate de mirar más allá del presente y piense que en el futuro las cosas mejorarán. Observe si hay alguna forma sutil en que se sienta mejor, mientras se enfrenta a las situaciones difíciles.



Acepte que el cambio es parte de la vida
Es posible que como resultado de una situación adversa no le sea posible alcanzar ciertas metas. Aceptar las circunstancias que no puede cambiar le puede ayudar a enfocarse en las circunstancias que si puede alterar.


Muévase hacia sus metas
Desarrolle algunas metas realistas. Haga algo regularmente que le permita moverse hacia sus metas, aunque le parezca que es un logro pequeño. En vez de enfocarse en tareas que parecen que no puede lograr, pregúntese acerca de las cosas que puede lograr hoy y que le ayudan a caminar en la dirección hacia la cual quiere ir.


Lleve a cabo acciones decisivas
En situaciones adversas, actúe de la mejor manera que pueda. Llevar a cabo acciones decisivas es mejor que ignorar los problemas y las tensiones, y desear que desaparezcan.


Busque oportunidades para descubrirse a sí mismo
Muchas veces como resultado de su lucha contra la adversidad, las personas pueden aprender algo sobre sí mismas y sentir que han crecido de alguna forma a nivel personal. Muchas personas que han experimentado tragedias y situaciones difíciles, han expresado tener mejoría en el manejo de sus relaciones personales, un incremento en la fuerza personal aun cuando se sienten vulnerables, la sensación de que su autoestima ha mejorado, una espiritualidad más desarrollada y una mayor apreciación de la vida.

Cultive una visión positiva de sí mismo
Desarrollar la confianza en su capacidad para resolver problemas y confiar en sus instintos, ayuda a construir la resiliencia.

Mantenga las cosas en perspectiva
Aun cuando se enfrente a eventos muy dolorosos, trate de considerar la situación que le causa tensión en un contexto más amplio, y mantenga una perspectiva a largo plazo. Evite agrandar el evento fuera de su proporción.

Nunca pierda la esperanza
Una visión optimista le permite esperar que ocurran cosas buenas en su vida. Trate de visualizar lo que quiere en vez de preocuparse por lo que teme.


Cuide de sí mismo
Preste atención a sus necesidades y deseos. Interésese en actividades que disfrute y encuentre relajantes. Ejercítese regularmente. Cuidar de si mismo le ayuda a mantener su mente y cuerpo listos para enfrentarse a situaciones que requieren resiliencia.

Formas adicionales de fortalecer la resiliencia le podrían ser de ayuda. Por ejemplo, algunas personas escriben sobre sus pensamientos y sentimientos más profundos relacionados con la experiencia traumática u otros eventos estresantes en sus vidas. La meditación y las prácticas espirituales ayudan a algunas personas a establecer relaciones y restaurar la esperanza.

La clave es identificar actividades que podrían ayudarle a construir una estrategia personal para desarrollar la resiliencia.
 
 
Contribución:  PANDORA

jueves, 1 de septiembre de 2011

SIEMPRE ES BUENO TENER UNA RED DE APOYO Y AYUDA

Soy amigo de Miguel y su blog ha sido para mi un constante aprendizaje, ahora, llevando a cuestas muchas cosas malas, traumas, complejos y deficiencias, me atrevo a compartirles un poquito de lo que me está funcionando a mi en lo particular, con la intención de que pueda ser útil y de beneficio.
Yo soy un sobreviviente del Abuso Sexual Infantil, apenas inicié este proceso de restaurar mi propia imagen personal, de perdonarme y valorarme y para ello ha sido invaluable la presencia de personas buenas a mi lado, ángeles, aliados, amigos, en fin, como quieran llamarles… son las presencias que nos impulsan a seguir adelante cuando todo nos dice que no hay esperanza, si eres una persona que ha sobrevivido al ABUSO SEXUAL INFANTIL  sabrás que  las malas rachas y los momentos de mayor crisis y de auto lastimarnos (en mi caso, dejar de comer, hacerme daño físico)  coinciden con esas etapas de aislamiento, depresión, tristeza y soledad.
Por eso mismo, es muy importante que construyas una RED DE APOYO que te ayude a mantenerte a flote y no ahogarte en el fango de la depresión y de los recuerdos negativos, sobre todo cuando somos  de tendencias suicidas o depresivas u obsesivas como es mi caso.
Yo no soy un experto, no soy terapeuta, estoy sanando de mis recuerdos, les comparto DOS puntos que a mí me han servido bastante; RODEARSE DE BUENOS AMIGOS Y TENER UN PLAN DE VIDA,  me gustaría abordar el primer punto:

  RODEARSE DE BUENOS AMIGOS

Esto es fundamental, estar cerca de personas que nos impulsen a ver las cosas desde otro ángulo y no solamente nuestra visión que en estados de depresión todo lo torna negro o gris, además el hecho de rodearse de otros, de convivir,  nos hace abrirnos a la posibilidad de que no solamente hay gente mala o abusiva en el mundo, si nos aislamos de todo y de todos en un afán de intentar resguardarnos de mas malas experiencias desperdiciaríamos el maravilloso don de la amistad y de la camaradería.
La mujer y el hombre no existen para estar solos, es natural que busquemos de forma sana el relacionarnos con los demás pues eso es parte de madurar y salir de nosotros mismos.
Creo que así como hay gente “nutriente” y que nos inyecta energía también hay gente que es negativa y perjudicial, gente tóxica, contaminada de resentimientos, odios, cadenas que va arrastrando por la existencia sin rumbo fijo y que amenaza con hacernos parte de su club privado de la “auto conmiseración” (auto-lastima).
Que horrible es rodearse de gente así… o aún, ser una persona así!!!! Que transmita pesimismo y negatividad, que siempre se esté quejando de todo y por todo y que canse a los que la rodean… esto lo menciono porque yo mismo me he descubierto en este circulo vicioso donde mi platica, mi tema de conversación invariablemente es el “porque yo” “no sirvo de nada” “mejor me muriera” y todo esto termina por alejarnos de los demás, si, se que esto es inevitable, porque es una lucha que tenemos cada uno constantemente y todos los días, pero vale la pena luchar contra esta manera gris y tonta de vivir la vida rumiando los malos recuerdos.

Es verdad, puede ser que tengamos muchos y muy malos recuerdos, puede ser que estemos llenos de lastimaduras y heridas que tal vez (asumámoslo) NO SE VAN A BORRAR DEL TODO, y que tal vez no las podamos olvidar, pero si escoges ser gentil contigo mism@ y no machacarte constantemente con eso, tu vida podrá ser una luz en medio de este mundo de tinieblas y ayudar a los demás, ¿cómo podemos expresar amor si no nos amamos a nosotros mismos? Imposible generar relaciones fuertes y buenas amistades sin empezar por ser amigos de nosotros mismos.
Les repito que yo estoy luchando con esto CADA DÍA y todo esto lo menciono por mi, en primer lugar, porque son los errores y actitudes en los que debo responsabilizarme y trabajar cada instante, hay que vivir la vida (nuestro presente) tal y como se vaya presentando.

 

TENER UN PLAN DE VIDA

 
·         Haz una lista con las personas que están cerca de ti y que consideras que pueden ser modelos de vida, que pueden aportarte fuerza, animo y de quines ouedes aprender y atrévete a convivir con ellos, si te pasas como ostra esperando a ver quién llama a la puerta de tu "calabozo" oues seguramente no vendran muchoas a visitarte, procura salir de tu casa, inscríbete a algún club o curso de cocina, arte o idiomas, elige actividades donde debas forzosamente interactuar con alguien más y que no sea en un contexto de andar recordando tus malas experiencias.

·         Hacer algún deporte con amigos ayuda además de darte apetito y activarte fisicamente, hace que tu cerebro descargue sustancias que hacen que te sientas bien.
·         Aprende a escuchar y a interesarte en la vida de los demás, de tus amigos, de la familia y verás que existen más personas con heridas del pasado que luchan por sobresalir, porque debemos aprender a escuchar gratuitamente y comprender empáticamente como nosotros queremosser escuchados (poniéndonos en los zapatos de la otra persona)
·         Se audaz y también prudente, habrá amistades de las que tendras que apartarte un poco y en otras ocaciones alejarse de ellas de manera definitivaE , pues solo nutriran el circulo visioso y te hundiras en el fango, esto es lo más difícil  y depende solo de nosotros. Debemos tomar la decisión de salir adelante y no quedarnos atascados en la miseria.

     La vida es un instante y debemos aprovecharla lo mejor posible inclusive porque no, para hacer el bien a los demás.

     El verdadero y mayor abuso que podemos sufrir es el que hacemos contra nosotros mismos de auto sabotearnos y no aprovechar cada instante que se nos presenta.

Le dedico este escrito a mi Madrina quien con mucha paciencia me está ayudando a ver todo esto y a intentar ser mejor, Dios me permitió tenerla como mamá adoptiva y como amiga, aun en mis crisis peores y en malos ratos ella ha estado acompañándome y nunca ha sentido lastima o asco de mi por lo que me paso, me escucha y me platica cosas para mejorar, ella ha enseñado que me puede dar caricias buenas y que no debo sentir miedo a que me toquen sanamente, y ha guardado con discreción lo que le he dicho, es una mujer muy especial a quien quiero muchísimo y deseo que quienes me están leyendo tengan personas como ella a su lado para que no se sientan tan solos.
Con mis mejores deseos.

ANONIMO

miércoles, 31 de agosto de 2011

Participa y comparte.


Este foro es tuyo, como sobreviviente, como profesional de la salud, si estas interesado en participar activamente por favor solo tienes que mandar un correo a: adame.miguel@yahoo.com.mx solicitando la posibilidad de publicar en el.

MUCHAS GRACIAS.

martes, 30 de agosto de 2011

¡Vamos, pasa la página y decide darte otra oportunidad!


Abrirse a los demás es un camino que se recorre poco a poco, pero que vale la pena. Por alguna razón colocas un gran muro entre ti y las personas que te rodean, lo que impide relacionarte con ellas. Además, con tu actitud defensiva, evitas cualquier clase de comunicación o de contacto social. Si crees que es mejor suponer que te sucederá lo peor, para protegerte y así evitar sufrir en el futuro, te perderás todo lo bueno que también ocurre a tu alrededor, inclusive de la oportunidad de conocer personas diferentes afines contigo, que te valoren y te traten con respeto.

Lo primero que debes hacer es desmontar este muro, tienes que empezar a desarrollar conductas que te permitan adquirir seguridad y autoestima. Necesitas aprender a compartir tus opiniones y puntos de vista, a expresar tus sentimientos, a pedir ayuda cuando la necesites y aceptar halagos. Hazlo poco a poco, perdona a todos aquellos que alguna vez te hicieron daño, decide pasar la página, y deja de ser tan dura contigo y con las demás personas; aprende a confiar, pues hay mucha más gente agradable y buena en este mundo de la que tú crees, y estás perdiéndote la oportunidad de conocerlas. Sonríe, sé tú misma, aprende a decir que no y a poner límites cuando lo consideres necesario. Recuerda que eres tú quien va a enseñarle a los demás cómo van a tratarte.

Tener pensamientos de fracaso, de víctima es una forma de sabotearte la oportunidad de cambiar y de construir la vida que quieres y mereces. Corta el cordón emocional que te mantiene atada a esas personas que tienen tanto poder sobre ti y asume la responsabilidad de hacer el trabajo necesario para recuperar el control de tu vida.

¡Tú puedes salir de cualquier situación por más difícil que esta sea! La vida está esperando por ti, para darte todos los regalos esenciales que mereces. ¡Vamos, pasa la página y decide darte otra oportunidad!




Cuando las situaciones difíciles se presentan generalmente nos toman desprevenidos y por eso nos golpean y afectan tan profundamente.

En la mayoría de los casos nos sentimos abatidos, desanimados, perdidos y hasta descorazonados; pensamos en que no seremos capaces de superarlas, nos resistimos a aceptar lo sucedido porque no encontramos una razón de peso que justifique lo que pasó. Y mientras más intentamos analizarlo, más nos hundimos; buscamos culpables, como si de esta manera pudiéramos suavizar nuestra experiencia, lo que debilita nuestra capacidad de afrontarla con valor y determinación para resolverla y superarla lo más pronto posible y así quedarnos con el aprendizaje que pueda dejarnos.

Yo he decidido interpretar las situaciones difíciles como una oportunidad que nos da la vida de detenernos para reflexionar, revisarnos, aprender, hacer cambios, tomar decisiones, soltarnos o, simplemente, poner en práctica toda la teoría que tenemos acerca de cómo debemos afrontarlas, manejarlas y superarlas. Pero, como buenos humanos, tenemos un ingrediente emocional que lleva a quedarnos atrapados en el sufrimiento que pueden causarnos los cambios, las pérdidas y los miedos a los que nos vemos enfrentados cuando estamos atrapados en un momento difícil.
Cuando las situaciones son inevitables, porque no pueden cambiarse o porque su solución está en manos de otros debemos aprender a aceptarlas, para que podamos vivirlas con valor y entrega, abiertos y dispuestos a superarlas y aprender de ellas con la determinación de no permitir que nos afecten profundamente. Las situaciones difíciles siempre se presentarán, lo importante es que con cada experiencia ganemos confianza, aceptación, valor, determinación, serenidad y voluntad para afrontarlas de una mejor manera.

Cuando en lugar de reaccionar emocionalmente a lo que sucede, lo hacemos con una mente clara, objetiva y serena, logramos ser más asertivos al momento de actuar para tratar de afrontar y resolver la situación. Así, conseguimos tomarnos el tiempo para digerir y analizar lo que nos pasa, buscar el consejo de otra persona que por su experiencia pueda orientarnos y poner en práctica el conocimiento o las herramientas que tenemos.

Algunas de las claves para lograrlo
Acepta lo que no puedes cambiar. Esto significa ser capaces de soltar aquello que no está en nuestras manos y que depende de otros o de las circunstancias y ocuparnos sólo de lo que en realidad podemos hacer, decidir o resolver.

Ponte en acción. Las situaciones difíciles deben afrontarse y resolverse inmediatamente. No lo postergues pensando en que tal vez cambien o se resuelvan por sí solas en el tiempo.

Busca personas positivas que te apoyen. Es más sencillo cambiar nuestro estilo de vida si nos apoyamos o acompañamos de personas positivas y entusiastas que deseen lo mejor para nosotros.

Claves para transformar tu actitud.


"Una autoestima baja puede llevarnos a soportar situaciones y condiciones negativas para nosotros, al pensar que no seremos capaces de superarlas"

Si crecimos en una familia donde se buscaba un culpable de todo lo negativo que sucedía, en lugar de ofrecer soluciones a esos conflictos para que no se repitieran y pudiéramos sacar algo positivo de esa experiencia, seguramente aprendimos a defendernos y a repetir frases como: "Yo no fui", "yo no estaba ahí"... porque en realidad no éramos responsables de lo que había pasado y en lugar de ganarnos una disculpa y una frase de reconocimiento, nos regañaban y hasta castigaban sin razón o simplemente porque, si cometíamos un error involuntario, no había espacio para decir la verdad y tener la oportunidad de corregirlo sin que recibiéramos una reprimenda.

Aprendimos a vivir a la defensiva, sin darnos cuenta de que, muchas veces, esta actitud nos lleva a reaccionar tan agresivamente como lo hacen aquellas personas de las que supuestamente nos defendemos. Es posible que al hacerlo nos sintamos justificados, ya sea porque el otro comenzó la discusión, porque nos ofendió o porque estamos tan acostumbrados a que nos ataquen y traten de culparnos por algo que no hemos hecho, que ya simplemente reaccionamos en automático, sin conciencia de lo que hacemos o decimos para defendernos.

Tendríamos que reflexionar sobre nuestro comportamiento defensivo, sin justificarnos, de forma objetiva y realista, para descubrir qué lo origina y si a través de él podemos realmente solucionar o aclarar el conflicto que enfrentamos, porque, quizás, pudiéramos agravarlo con nuestra reacción y actitud. Mientras tengamos una disculpa para actuar como lo hacemos no cambiaremos nuestro comportamiento y, lo más grave, no evitaremos que vuelva a repetirse.

Recuerda que serás tú quien tenga que asumir el control y la responsabilidad de la situación, pues sólo a través de la voluntad, el valor, la determinación y la perseverancia podrás resolverlas y superarlas para experimentar la plenitud que da poner nuestros asuntos en orden y en paz.

Claves para transformar tu actitud.

Perdona y suelta. No puedes seguir viviendo en función del pasado. Vamos, es tiempo de pasar la página tomando lo mejor de todo lo que viviste y mirando hacia el presente con una actitud mucho más positiva. 
No permitas que el pasado doloroso se interponga entre tú y la felicidad, perdona, aprende y sana.

No buques las tentaciones. No te expongas a aquellas situaciones que te son difíciles, creyendo que puedes hacerlo solo y sin salir herido de ellas. 
Mantén la distancia con aquellas personas que te afectan, mientras te fortaleces internamente, para poder enfrentarlas cuando te sientas preparado para resolverlas y superarlas.

viernes, 26 de agosto de 2011

RECORDAR PARA SANAR, CARTA DE CONFRONTACION AL ABUSADOR

Dedicado a Alma

No voy a engañarme. Me queda camino por recorrer para lograr mi ser pleno y autentico. He luchado, en muchos momentos muy sola y en otras con mucho apoyo. Me pregunto cada día ¿llegaré algún día a la plena armonía y equilibrio en mi día a día?.



Me conozco, ya tengo bastantes años encima y solo puedo decir que nunca perdí la esperanza. Y sé que lo voy a lograr y que voy dando pasos y voy caminando y vivo a pesar de ese pasado. Se puede, sí, con mucho coraje, constancia, valentía, sinceridad con una misma, aceptación de lo que ya nunca recuperaré -no tendré una familia propia, no seré madre, no rescataré ni recuperaré tantas etapas que se resbalaron como una pastilla de jabón- pero el esfuerzo personal, las enseñanzas de mi padre ya fallecido, de algunos miembros de mi familia que siento cerca, ese gran esfuerzo en hacerme comprender por cercanos y amigos, o simplemente por ser escuchada sin más...todo esto me ha ido salvando. Sigo recibiendo espacios de respiración tranquila, sonrisas, sentido del humor y disfrute.





He logrado hacer desaparecer síntomas que me atormentaron durante muchos años, algunos como por arte de magia se fueron tras mi año de intensa terapia. Yo pensaba que era mi forma de ser, mi estado propio, mi personalidad la que me hacía pensar y actuar de aquel modo. Se aprende muchísimo de una experiencia tan terriblemente dolorosa y confusa para una niña en pleno desarrollo.





Claro que se puede!!...¿Cuándo?...cuando la telaraña familiar la vas analizando, escudriñando, comprendiendo y vas con ahínco rompiendo silencios, normas sociales y tabúes; cuando el terror se transforma en fuerza, en poder sobre una misma; cuando decides que quieres vivir y no sufrir más y que mereces que te quieran con tus defectos y virtudes; cuando dejas de hacerte daño directa o indirectamente, consciente o inconscientemente; cuando perdonas a quien te apetece perdonar porque ya lograste entender su comportamiento, su actitud y empatizas, te colocas en su lugar con la justa perspectiva; cuando descubres las maravillas que te rodean, las buenas personas que casualmente o no van cruzándose en tu camino y que son reales, no ficción ni inventos chinos; cuando recobras el sentido de realidad y afrontas tu pasado con un “par de ovarios”; cuando te importa “un pito” lo que puedan llegar a pensar los demás si necesitas hablar, desahogarte y cuentas lo que crees necesario en ese momento. Las supervivientes pueden ofrecer muchos “cuando”. Descubre los tuyos y comienza.



Las secuelas de abusos sexuales alargados en el tiempo - 18 años en lo que he llegado a recordar- y por parte de dos familiares cercanos (mi abuelo y un primo hermano), son comparables a las personas que han vivido experiencias traumáticas de guerra o exterminio en campos de concentración. Es fuerte escuchar esto. Lo pienso y me quedo paralizada al mirarme al espejo, y sentirme viva. Con dolores por superar, pero viva; con recuerdos que a veces llegan cuando menos los deseas, pero VIVA!!. Nada puede ya conmigo. Claro que caigo, resbalo, vuelvo a caer pero siempre me levanto y cada vez con más fuerza.... Os aseguro que una vez comienza la recuperación y coges al “toro por los cuernos” cualquier cosa ya la PUEDES SUPERAR. Cualquier cosa ya te puede pasar pero seguirás VIVIENDO Y SONRIENDO ANTE LOS MÁS PEQUEÑOS DETALLES Y DISFRUTANDOLOS. Es una habilidad que las supervivientes desarrollamos. Apreciar y gozar con los más pequeños detalles. Porque hemos sufrido tantas carencias afectivas, secuelas y confusiones que una vez superas parte de tu ser auténtico, te sientes feliz con lo pequeño, lo más insignificante lo disfrutas elevado a la máxima potencia.





Es cierto en mi caso. Nunca terminas de olvidar las caricias sucias, grises, negras; los regalos engañosos de quien decía quererte y siempre termino hiriéndote y haciéndote sentir de lo más pequeña, inferior, invisible, indeseable. No olvidas pero cada vez duele menos; digieres, aceptas y se minimiza y reduce el dolor y malos recuerdos.



Ahora siento mi piel suave, bonita, limpia; esa piel que "toquetearon" siendo una muy pequeña, muy buena, muy inocente, muy crédula ya es otra, se ha convertido en piel de seda. Y las sucias caricias quedaron enterradas en el baúl oscuro de un desván cerrado ya a cal y canto.



Recuerdo, entre otras miles de aberraciones, caricias y torturas que se agolpaban en mí traducidas en ofensas físicas y psíquicas, maltrato lleno de arrogancia, de humillaciones y prepotencia por el poder del abusador frente a un niño o adolescente inocente, sin posibilidad de huida. Confusión, miedo, terror, amenazas de muerte, comentarios soeces, miradas capciosas y erotizadas. “¡Qué asco como rechupeteabas la cuchara y me mirabas de aquella manera!”. Aprendí a rehuirte. Me repugnabas.



Recuerdas querido abuelito cuando me cantabas “Susana tiene un secreto, un secreto tiene Susana, solo lo sabemos los dos, la, la, la”, y permanecías cerca de mí con aquella sonrisa grotesca y complacida observándome a ver cómo reaccionaba.



Y cuando me repetías al pillarme a solas, “¿quién se ha tragado el palo del molinillo?”, frase que se repetía en mi pequeña cabeza y que hasta de muy adulta no llegué a comprender. Sí, sí!!! eras sibilino, querido abuelito, ¡cómo te salías con la tuya!, te ocultabas como un zorro, eras un gran profesional de la pederastia, del abuso al menor…nunca te pillaban, nadie podía imaginar quien eras en realidad.



Eras como mi guardaespaldas, siempre persiguiéndome, entrometiéndome en mi vida; entrometiéndome con mis amigos, sobre todo, en la adolescencia cuando por lógica de edad había chicos a los que les gustaba y me “tiraban los tejos”. Aparecías por todos los rincones de la casa, de mi dulce hogar y eso que era inmensa –un alivio por otra parte.



Maldito el día que por defender a la abuela de ti, de tus cabreos, de tu maltrato psicológico hacía ella, mi madre, tu hija decidió que vivieras con nosotros y mi padre construyó un apartamento en aquel segundo piso de nuestra casa, hogar cálido hasta tu aparición. Todos los días estabas allí. Todos los días tenía que verte y silenciar ante tantas amenazas. Te soportamos sin remedio porque mi madre quiso defender a su madre, una mujer espléndida, simpática, dulce y generosa sin saber que por otro lado llevaba al calvario a sus propias hijas. Nos jodiste desgraciado.



Ahora también comprendo porque muchos momentos en soledad los disfruto como oro. Aunque por suerte sigo necesitando a mis amigos, a mi gente, a los que no conozco siquiera y me lo encuentro vendiendo en un comercio. Disfruto mucho a solas y mucho con la gente. He tenido la suerte de viajar mucho, con poco dinero pero he podido conocer la riqueza del ser humano, las buenas personas que se pueden encontrar en mil rincones de nuestro amplio planeta. Gracias a ti he conocido mucho mundo, buscaba respuestas, cambio de ambiente, aire, aire, aire!!!. He conocido a muchas buenas personas, muchas más de las que pudieras llegar a creer que han sabido quererme y respetarme como merezco, como merece cualquier ser humano. Fuiste todo lo contrario a lo esperable de un familiar cercano que debía quererte como el que más, protegerte, educarte y dar ejemplo de entereza y humanidad.



Pero sabes, querido abuelito, no pudiste del todo conmigo porque desde muy pequeña intuía tu maldad, tus engañosas sonrisas, tus sucios regalos y desde muy, muy pequeña me defendía de ti. Fui aprendiendo a ocultarme, a poner pestillos por todas partes, a esquivarte, a inventar salidas para escapar, a cerrar ventanas, a defender a mis hermanas de tus garras, a mis amigas a quienes también les hacías cosas y a muchas perdimos por tu culpa…los roperos fueron otra salvación, las escondidas debajo de las camas, de las mantas, detrás de las puertas de los dormitorios y baños.



Desgraciado abuelito, tengo tu cara grabada…detrás de las ventanas de mi habitación cuando hacía las tareas del colegio pero no lograste que tu incesante persecución afectara a mis estudios, todo lo contrario, fueron también mi salvación y me concentraba de tal manera para olvidarte que sacaba las mejores notas.



Tengo tu cara grabada asomado a la ventana de mi baño… que cuando menos podía esperarlo se abría y escudriñabas mi voluntad, mi cuerpo…animal!. Pero, tantas veces pude contigo y no lograrte tus propósitos. No imaginas la satisfacción que sentiría en estos momentos si pudiera verte y decirte a la cara las millones de veces que me libre de tí. Te atravesaría con mi mirada hasta desfallecieras de vergüenza.



Naciste en una familia acomodada, tenías mil posibilidades, tu padre ya pude averiguar que era un médico muy prestigioso pero con una doble cara de asustar. También ya sé que te maltrató físicamente…pero siempre me queda una pregunta por contestar. Si viviste un calvario esos años de tu vida y sabías del sufrimiento, ¿por qué fuiste capaz de continuar ya de adulto haciendo daño infinito a tantas mujeres y niñas, a nosotras: tus nietas, dos de tus hermanas, tu cuñada, y quién sabe a cuántas otras más?. Qué torpeza, qué abominable fuiste!!!!



Éramos las más indefensas, ¿verdad?, los más inocentes, los más manipulables, ¿verdad?. Yo he sufrido tu despiadada maldad pero jamás se me pasaría por la cabeza hacerle daño precisamente a los más débiles o vulnerables. Todo lo contrario. Delante de mí ni a un animal se maltrata, salgo en su defensa.

Estoy feliz porque has muerto y también fueron muriendo con tu desaparición los tantos daños que me hiciste a tantas y a mí…y dejo de lado a mi santo padre porque eso no lo soporto…fuiste tú participe de su muerte hace 17 años. Eso jamás te lo perdonaré desgraciado, eso lo llevaré conmigo hasta que me marche de este mundo. Lo mataste, lo destrozaste cuando llego a sus oídos lo que habías hecho con nosotras durante todos aquellos años y bajo su casa, en donde te acogió con toda la bondad, sensibilidad y cariño que pocas veces he visto en un hombre. Tú lo mataste. Maldito, lo mataste y cambiaste el rumbo de nuestra familia, mi padre era la columna vertebral, era toda humanidad: amigo, padre, confidente. Si hay Dios que te perdone, yo simplemente te ignoro. Y pido perdón a mi padre porque se fue sin ser su momento y esa culpa –sin ser realmente mía- me ha pesado como una cruz.



Viviste irresponsable, malévolamente y como te dio la gana, pensando solamente en ti y tus aberraciones Tus frustraciones las descargaste sobre los más inocentes: mujeres y niños!!. Y decían, quienes no te conocieron que eras muy inteligente, trabajador, generoso, bondadoso…eso me contaron, que la iglesia estaba a rebosar cuando te llegó la muerte. Moriste un 11 de agosto, el día de mi santo. Mi padre me prohibió que bajara a Cádiz a tu entierro, yo estaba en Salamanca estudiando. Luego me contaron esto de que la gente te elogiaba y que parecías el mismo papa de tantas bonitas palabras y llantos que recibió tu cuerpo ya inerte. Bonita frase, tu cuerpo inerte!!!, inerte!!!. Me gusta. ¡Cuántas veces sueño con un micrófono en mi mano hablando en tu funeral de la verdad, de todo lo que fue en realidad tu vida, de a cuantos maltrataste, destrozaste, marcaste, cuántas vidas rompiste a trozos y sin remordimiento alguno!. Lo digo y me cuesta muchísimo creer que todo fue realmente como lo cuento. Pero ya no estás y eso es gracia bendita aunque yo sea agnóstica por convicción.





Pero, abuelito, he podido salvarme. No te has salido con la tuya, y hasta me has hecho fuerte, ¡que lo sepas!. No lloro por ti lo hago por otros. Tu no mereces ni una pequeña lágrima.


NO TENGO MIEDO. HE GANADO y muchas y muchos como yo también ganarán. ANIMO A TODAS Y A TODOS.

CARPE DIEM (Vive el día a día)

Susana

jueves, 25 de agosto de 2011

Algún día, y solo algún día, la bomba explotará y me sentiré libre.


Se me hace dificil saber que el verano va dando sus ultimas pinceladas. Agosto termina y con ello un año más cae encima de mí. Suena cruel dicho de esta forma, y más en una chica de mi edad, cuando todos en mi lugar estarían deseando de que este día tan [i]especial[/i] llegase, yo deseo y grito en silencio que pase corriendo, sin enterarme, sin que la gente se detenga en felicitarme.

Miro hacia atrás y no puedo ver ninguna última semana de agosto feliz, ni sonriente tan si quiera, no soy capaz de encontrar "algo" que me llene de alegría en una semana que debería de estar llena de ilusión por ver como te van a felicitar, te van a ver crecer y te van a dar regalos por ello.

Ya no entro en las disputas que siempre había en casa entre mis padres justo en ese día, haciéndolo aún más triste, tampoco insisto en los enfados con las amigas por no querer ir a celebrar un día como ese.

Solo recuerdo que algo se apodera de mi, que me siento vacia, sucia y con frío en mi interior. No me explico aún, como puede ser, que un acto ocurrido hace tantos años, aún pueda apoderarse de esta manera de una persona, después de todo, es solo un recuerdo ¿No? Un recuerdo que cada noche se convierte en realidad, pero que al abrir los ojos, se esfuma como la niebla primaveral.

¿Por qué he semi-olvidado los abusos, pero no la violación? No entiendo que no pueda olvidar aquel acto que fue una vez, por alguien no cercano a mí  y que los abusos, los cuales se repitieron durante años, puedan hacerse un rincón del olvido hasta que salen de nuevo a la luz de vez en cuando.

Siento que me muero un poco más cada vez que llega la ultima semana de agosto, y es que, no sé si me da miedo a crecer, o si el miedo es que esa niña haya quedado tan atrapada dentro de mí, que ahora, con los 21 que se avecinan, le de miedo de hacerse ver.

Me gustaría poder sonreir  y poder decir que he disfrutado al máximo de mi cumpleaños, pero me temo que sé que no será así. De primeras, mañana he de ir a una cena por obligación en la que "celebraremos" mi cumpleaños, la razón de adelantar este acontecimiento: uno de mis abusadores no puede estar en mi cumpleaños porque se va de vacaciones y nadie se ha molestado en preguntarme cuándo y con quién quiero pasar ese día.

Algún día, y solo algún día, la bomba explotará y me sentiré libre.

ANÓNIMO.