lunes, 31 de octubre de 2011

DECIR LA VERDAD


  • El resto de este capítulo proporcionará algunas guías prácticas para hablar sobre tu abuso. Tendrás la oportunidad de hacer elecciones acerca de con quién quieres hablar, planear lo que quieres decir y cuándo quieres decirlo. Serás cuestionada(o) acerca de si hay cosas que no quieres decir. ¿Hay personas a las que no les quieres decir? ¿A las que no estás lista(o) para decirles? ¿Hay ocasiones en las que sólo quieres compartir parte de tu historia? Yo [Laura Davis] atravesé este dilema la primera vez que estaba investigando sobre El Coraje de Sanar. Iría a una fiesta y la gente me preguntaría a qué me dedico. Y yo diría que soy escritora. Ellos preguntarían, “¿Has publicado?” Y yo diría “Sí”.(Yo siempre respondo con monosílabos).
  • Entonces ellos preguntarían, “¿Qué escribes?” Y yo diría, “No ficción”. Y entonces, si ellos fueran muy persistentes, preguntarían, “¿Qué clase de no ficción?” Ese es el punto sin retorno. Yo respiraría profundo y diría, “Bien, en realidad, estoy escribiendo un libro para mujeres acerca de sanar del abuso sexual en la infancia”. En ese punto, una de tres cosas ocurriría: o bien pondría una mirada de pánico y se alejaría de mí lo más rápido posible; se ofuscaría, su cara palidecería; o ellos empezarían a contarme su propia historia o la historia de alguien que conocen. Era predecible.
  • Al principio yo [Laura Davis] disfruté hablar acerca de ser sobreviviente. Era empoderador. Me sentía orgullosa de lo que estaba haciendo y quería educar a la gente acerca del abuso sexual. Yo sabía que si yo hablaba de mi propio abuso, le daría a otras personas el permiso de hablar acerca del suyo. Pero después de un tiempo me enfermó el ser una sobreviviente de incesto profesional. Quería bailar y coquetear y comer y platicar acerca de temas superficiales cuando estaba en fiestas. Sabía que era momento de cambiar de estrategia. Me llevó a preparar historias acerca de a qué me dedicaba.
  • Primero [Laura Davis] decía que era electricista. Pero pronto me di cuenta que las mujeres electricistas son fascinantes. Me vería confrontada con preguntas que no podría responder acerca de cableado o corrientes DC. Finalmente, encontré la solución mágica. Cuando alguien en una fiesta me preguntaba a qué me dedicaba, los miraba y respondía soy ama de casa. Dado el estatus de la mujer en nuestra sociedad, la mayoría de la gente nunca pregunta nada más. Ellos cambiaban de tema o hablaban de sí mismos. Era la forma perfecta de mantener el abuso sexual fuera de mis conversaciones.
  • No decir es un concepto delicado para los sobrevivientes, quienes a menudo están preocupados con decir toda la verdad. Como niños, la mayoría de nosotros vivió con mentiras y distorsiones de nuestros abusadores. (“Tus padres te correrán si les dices lo que hacemos juntos”. “Hago esto porque te quiero”). Como resultado, muchos sobrevivientes toman la verdad como venganza: “Tengo que decir toda la verdad acerca de todo, todo el tiempo”. El problema con esta postura es que no te protege. Cuando te sientes compelido(a) a decirle todo a todos, te quedas vulnerable y sobre expuesto(a). Le das a la gente más información acerca de ti de la que ellos merecen. Fallas en proteger tu privacidad. Elegir omitir ciertas piezas de información porque no confías en alguien lo suficiente, porque quieres medir las aguas, porque lo consideras privado, o simplemente porque no quieres compartir algo no es lo mismo que mentir.
  • El concepto de mentir es confundido por los sobrevivientes. Muchos de nosotros hacemos historias a fin de sobrevivir. Fuimos acusados de mentir, pero no estábamos mintiendo. Usamos historias para protegernos. Muchos de nosotros todavía lo hacemos. Nosotros revelamos sólo tanta información como podemos arriesgar con seguridad en un momento determinado.
  • Las mentiras reales hieren gente. Son usadas para manipular, controlar y aislar a las personas, para mantener el poder, eludir la responsabilidad. No decir todo a todos acerca de tu abuso no resulta en ninguna de estas cosas. Más bien, te protege. Permite que la intimidad y cercanía crezcan lentamente. Mantiene tu privacidad, te permite establecer límites y te da la oportunidad de hacer elecciones. (Si tú no quieres decir porque te avergüenzas de ti misma(o) o de lo que te pasó, eso es un tema diferente. Ve el ejercicio “Establece tu privacidad” en la sección “Creando Seguridad” [si no lo encuentras en el blog, solicítalo cony_diaz@hotmail.com] para más información acerca de la relación entre vergüenza y privacidad).
  • Cuando estaba creciendo, las mentiras eran…
  • Cuando estaba creciendo, decir la verdad era…
  • Si digo la verdad…
  • Si no digo la verdad…
  • Cosas para reflexionar:
  • • ¿Hice historias cuando era niña(o)? ¿Sigo creando historias? ¿Cómo me protege el crear historias? ¿Cómo se interpone en mi camino?
  • • ¿Qué significa decir una mentira? ¿Decir la verdad? ¿Qué significa ser una persona honesta?
  • • ¿Cómo me siento cuando considero retener información acerca de mi abuso? ¿Cuál es la diferencia entre mantener la privacidad y mentir?


  • Tomado de El Coraje de Sanar, libro de ejercicios de Laura Davis.


BALANCEAR LA ECUACIÓN.

Existe una secuela que mucha gente ajena a esta realidad no comprende: la culpa, sentirnos culpables.

La culpa es una condena a cadena perpetua que nos han impuesto en nuestra infancia, y creo que no hay forma de rebajarla. Yo al menos no me veo capaz.

En general, me siento culpable de todo lo negativo que ocurre alrededor. Si las cosas salen bien, siempre es por los méritos de los demás, y si me dan la enhorabuena por algo que he hecho me siento muy avergonzada. Creo que no lo merezco.

Sin embargo, si las cosas salen mal me da la sensación de que no he hecho lo suficiente o que la culpa es mía… y espero resignada que los demás me reprochen lo inútil que soy.

Pero creo que la culpa se instaura en nosotros desde el inicio de los abusos precisamente porque aún estamos formando nuestra mente, nuestros principios, los parámetros que nos dirigirán en el futuro.

Creo que nos sentimos culpables porque desde el principio, en tu infancia, te enseñan que si te portas mal te castigan. No necesariamente un castigo físico, puede ser dejarte sin postre, o sin tu juego favorito, pero como es algo que no te gusta lo asocias. Y aprendes el binomio:

Eres malo, te portas mal : te mereces un castigo.

Acción y consecuencia.

Y ahí entran en juego los abusos. Me están haciendo algo que no me gusta, a veces incluso con dolor, por lo tanto, a falta de una explicación, nuestra mente infantil completa la ecuación, despejando la incógnita: si me castigan, es porque soy mala persona. Balanceamos la ecuación para que nuestro interior, nuestra psique lo acepte. Y ahí, de manera siniestra se tatúa la culpa, bajo la piel, bajo la carne, sobre el alma.

Y lo peor de todo es que tengo la sensación de que esa culpa es como la energía, ni se crea ni se destruye, solo se transforma.

En mi infancia, durante los abusos, me sentía culpable de una manera indefinida, vaga, sin ser consciente de ello porque ni siquiera conocía el término. La había asumido porque completaba la ecuación.

La primera vez que fui consciente de ser culpable, fue cuando le conté a mi madre por primera vez lo que ocurría. Y el recuerdo es desolador: estábamos en la cocina mi madre, mi hermana y yo. No recuerdo como se lo dije, pero aun tengo muy presente su reacción. Las dos mujeres se miraron y mi hermana dijo algo que yo no entendí, y mi madre se enfadó. Me dijo que la culpa era mía por estar con él, que solo tenía que decirle que no, y me levantó de la mesa diciéndome que fuese con ella a confesarme, que era un pecado muy grande lo que estaba haciendo. Me asusté mucho.

Después, más calmada, me lo explicó con tranquilidad mientras me ayudaba a ponerme mi abrigo. Me dijo que rezara mucho por mi padre porque estaba cometiendo un gran pecado, y no era capaz de ceder ante la tentación. Que yo debía ser fuerte por los dos, que mi sacrificio sería recompensado. Aún no sé si el sacrificio debía ser dejar que me violara o decirle que no lo hiciera. O tal vez el sacrificio era rezar más… Ese día no me atreví a confesar al cura lo de mi padre. Llevaba tanto tiempo sucediendo que pensé que me echaría de la iglesia a patadas, por hereje. Muchas veces pensé que la situación fue in crescendo por no contarlo al sacerdote en esa ocasión.

Y desde entonces, mi madre me lo recordaba cada vez que íbamos a misa. Pero me lo recordaba de una manera extraña, porque yo no le decía nada y aún así me pedía que rezara por mi padre y por mí. Recuerdo sentirme muy confusa con lo que ella me decía porque no la entendía, y el sacerdote que oía mi confesión nunca decía nada. Sólo me escuchaba y me imponía la penitencia. Dos o tres Ave maría y un Padrenuestro. Yo solo pedía a Dios que por favor aquello terminara, que me ayudase de alguna manera. Y al ver que la situación no mejoraba, di por hecho que yo era la responsable. Un castigo divino.

Después, en el periodo inmediatamente posterior mantuve la culpa en un segundo plano. La disfracé de auto maltrato, de baja autoestima, de no quererme, de verme sucia. Y con la culpa bajo toda esa montaña me dediqué a quemar mi vida como la leña del cobertizo que a lo largo del invierno se consume en la chimenea. No me quería nada, me importaba todo un comino y esperaba que algo acabase conmigo, ya que yo no había conseguido quitarme la vida, cumpliendo sentencia por ser culpable de seguir viva.

Y cuando empecé a ser consciente de lo que había ocurrido, la culpa volvió a mí con más fuerza que nunca, porque me vi culpable de todo. Y creí firmemente que yo era lo más asqueroso del mundo al haber consentido. Más que eso: llegué a creer que yo provoqué esa situación, y me sentí despreciable por haberme metido en su cama, por haber reído sus cosquillas, por no haberle dicho “no”. No pensé que me lo habían hecho, asumí que lo hice yo. Tomé el papel protagonista, el de la persona que lleva la iniciativa.

Entonces la culpa engordó y aumentó de tamaño. Porque además de verme responsable de los abusos, la madurez me hizo ver todas y cada una de las barbaridades que había hecho durante los años oscuros, y me hice responsable de ellas, porque ya no tenía a quien culpar de lo que había hecho, ni siquiera de manera colateral.

Hace poco hablando con una víctima de abusos, nos planteábamos el tema de la culpa. Me decía que se sentía fatal porque disfrutó de muchos buenos momentos con su agresor cuando no había abusos. Llegó incluso a “anestesiar” de alguna manera esas agresiones, para poder separar una cosa de otra. Yo me he sentido tremendamente avergonzada y culpable de que alguna vez mi cuerpo disfrutara. He leído a otros supervivientes que veían a sus agresores como dos personas distintas. El pariente cariñoso, que los trataba de manera muy especial y el monstruo que de vez en cuando tomaba el control de esa persona para perpetrar los abusos. De esa forma le descargaban de la culpa, pues era como si esa persona que los agredía fuera víctima de una “posesión”.

Yo no sentí esa dualidad en mi padre. Recuerdo disfrutar de su buen humor, de las excursiones por la montaña donde nos sometía a grandes caminatas que a mí me encantaban, pero siempre tuve presente que era él. Que en cualquier momento nos podíamos quedar a solas y nada cambiaría. Ni siquiera tengo la sensación de que fingiera cuando había más gente alrededor. Para mí, el Monstruo, siempre fue autentico, real. Pero siempre le aprecié. Y eso me hunde. Me hace sentir que yo soy horrible por querer a alguien capaz de hacerme el daño que me hizo. Y me odio por ello, me hace sentir culpable.

Durante años me negué a reconocer que alguna vez le quise. Dicen que la línea que separa el amor del odio es muy fina. Yo la piso desde hace ocho o diez años, después de que le vi por última vez. La oración para el diablo empecé a escribirla en esos momentos. Pero incluso hoy, que siento más resentimiento por lo que me hizo, aún me queda algo de aprecio por él.

A veces hasta me cabrea pensar así y me entran ganas de romper algo. Porque me siento como una puta. A veces creo que mi padre fue mi cliente, porque accedí a sus abusos a cambio de que me dejara volver con mis Padrinos, y fue mi proxeneta al proteger el secreto. Y esa sensación de haber sido su puta durante años me desarma, me quita argumentos para acusarle, y de nuevo me hace sentir culpable.

Aún me culpo. Aun no sé donde se traza la línea que separa lo que hizo mi padre y lo que hice yo. Aún no sé repartir las cartas. Ahora la culpa viene por oleadas. Hay días en los que me culpo porque mi cuerpo reaccionó ante los estímulos. Hay días en los que me culpo por lo que hice en mis años oscuros. Hay días en los que me culpo de no haber hablado primero. Hay días en los que me culpo de distanciarme de mis Padrinos. Hay días en los que me culpo de haber dilapidado mi futuro. Hay días en los que me culpo de querer a mi padre y al resto de mi familia biológica. Hay días en los que me culpo de no enfrentarme a mi padre. Hay días en los que me culpo de no haberle dicho “no” cuando me llamaba. Hay días en los que me culpo de haber sido yo la que acudió a su lado cuando ni siquiera me había llamado. Y hay días en los que me culpo de ser un fraude, una farsa, un engaño tan perfecto que nadie se da cuenta de que soy todo fachada, como un árbol muerto podrido en su interior.

Mis recuerdos recurrentes, las pesadillas, las depresiones, las disociaciones, la sensación de estar loca o de no controlar mi vida me han hecho mucho daño, pero la culpa también ha estado siempre ahí, a veces de forma subliminal, a veces más presente, pero sigue ahí, y creo que es, junto a la autoestima, el lastre que más me impide avanzar.

La edad te enseña a racionalizar la culpa. Yo ahora sé de manera sensata que no soy culpable, pero mi subconsciente todavía no lo sabe y aún busca como esconder esa mancha. Y como en el relato de Edgar Alan Poe, la culpa me corroe por dentro pero sin atreverme jamás a revelar el secreto, escuchando el corazón delator bajo el suelo delante de todos y preguntándome: ¿pero no lo oyen? ¿pero acaso no lo oyen?

jueves, 27 de octubre de 2011

El proceso de sanar .

Amiga, aunque para sobrevivir “enterramos” la experiencia lo más profundo posible, los recuerdos no se dejan enterrar completamente y se quedan en el cuerpo, en la mente y buscan cómo salir (en tu caso la bulimia como modo de combatir la angustia y asegurarte de “no gustar” a los hombres, o como venganza hacia tu cuerpo por sentirte culpable por algo, y que sepas, que jamás fuiste tú la culpable: eras una inocente niña, preadolescente y, ahora, una adulta con sus dificultades como es más que lógico).

El proceso de sanar es comparable al trabajo de una tortuguita que al romper el huevo busca como “desenterrarse” y abrirse camino hacia la libertad del océano. Soy consciente de que los recuerdos dolorosos esperan hasta que tenemos la fuerza interna para enfrentar el dolor y trabajarlo.

El comienzo en un proceso de sanar, de tantas mujeres adultas, es la prueba de que tenemos en ese momento esa sabiduría y madurez interna para ese empezar a desenmarañar.

Logramos sobrevivir por medio de muchos mecanismos de defensa, de no ser así no hubiera sido imposible seguir adelante y viviendo. A veces es una decisión de querer vivir y comienzas a buscar apoyo porque ya entiendes o empiezas a ver de dónde vienen esos miedos, esas conductas (me has contado algunos de ellos muy bien expresados), esos pensamientos, ese dolor, etc.

Hay momentos en que creemos que nos estamos “volviendo locas” pero no es así sino que el cuerpo y la mente avisaban de que ya estás lo suficientemente fuerte como para enfrentar la realidad del abuso y empezar a trabajarlo: la culpa por lo que me pasó, la vergüenza, cuestiones que es el abusador quien tiene que sentirlos, los mecanismos de supervivencia, y muchas cuestiones más Amiga.
Comienzas a desenmascarar y comenzarás a hacerte preguntas con ideas como “si quiero enfrentar a mis abusadores o me perjudicará más aún” (es importante esto) y “cómo quiero enfrentarlos”, y a desarrollar ideas sobre “qué quiero cambiar en mi vida” y “qué tengo que cambiar para vivir una vida más feliz y menos cargada con las secuelas del pasado”. Salir de la dolorosa soledad de las sobrevivientes con, por ejemplo, un trabajo en grupo y un proceso terapéutico como comienzo es romper el silencio y hablar sobre lo que pasó sin vergüenza, sin pena e incluso, más adelante, sin dolor. El hecho de incorporarse a un grupo de apoyo es muy importante, ya que las “manchas negras sin recuerdos” se llenan por fin en los intercambios con otras mujeres que han pasado por lo mismo. Apoya muchísimo esto.

La participación en un grupo de apoyo no sólo es trabajar un rompecabezas y encontrar las piezas y los lugares de cada una de ellas, es también el proceso de aliviar el dolor, reduciéndolo.

He leído con real interés todo lo que me cuentas. Disculpa mi tardanza en responder pero quería saber al menos algunas cuestiones de tu vida para poder echarte una mano.
Quiero que sepas que yo soy una superviviente como tú, que también pasó por abusos en la infancia. También preadolescencia y adolescencia (cada vez defendiéndome más y más por suerte).
Te cuento, desde el día que rompí el silencio desgarrador de mi “secreto impuesto”, mi vida tomó un rumbo diferente. Ha sido duro, durísimo. Ya sé que nunca seré la persona que podría haber sido pero ya da igual y eso es inmodificable…no más quejas ni mirar demasiado al pasado. Sólo lo justo para desentramar la situación y dar nombre AL DOLOR, EXPRESARLO, VERBALIZARLO….HABLAR DE ESE DOLOR QUE NO TE DEJA EN PAZ, QUE TE HACE SENTIR DISTINTA, TE HACE SENTIRME MAL, QUE NO TE DEJA SER FELIZ EN ALGUNA O ALGUNAS PARCELAS DE TU VIDA O EN TODAS. Luchar por desenmarañar estas cuestiones y luego seguir adelante con la frente muy en su sitio y el corazón repleto de ganas de vivir para ti y para tus seres queridos es maravilloso; la lucha y las lágrimas y el dolor tienen su recompensa. Deberías impedir que ese pasado te inmovilice. No lo permitas Amiga. Vive y lucha, lucha y vive. Busca ayuda profesional. Si quieres al principio individual y cuando estés más preparada grupal.
En mi caso particular a pesar de haberme equivocado muchísimo y, de este modo, revictimizarme por contar a personas inadecuadas, puedo decir que al día de hoy me siento más libre, más yo, más viva, menos traumatizada; no siento vergüenza ni culpa en absoluto; muchos síntomas desaparecieron tras un año de intensa terapia individual y, más adelante, en grupo y…necesito “algún recorte de puntas de vez en cuando con una psicóloga especializada”. Hace años que no la veo pero me da seguridad que “ande por ahí”.
Te diré Amiga, que tengo al día de hoy muy presente y muy, muy claro que yo era una niña inocente, desorientada, confusa y, que luego fui una preadolescente amenazada de muerte si hablaba y después una adolescente acosada pero muy, muy huidiza del agresor…ahí casi ya no podía conmigo. Pero decirte que desde que empecé a hablar sobre los abusos sexuales que sufrí cuando era muy pequeña (recuerdo sobre los 8 años cuando empezó), el hecho de relatarlos me hizo sentir más fuerte y me desahogó muchísimo. Me liberé. Empecé a respirar distinto. El mundo me dio la vuelta, mis valores se revolvieron, mis ilusiones se truncaban, lloraba, se me paralizaban las piernas y el cuerpo, vomitaba, me desdoblaba, sentí la muerte cerca, no salía de la cama (seis meses en mi habitación sin apenas comer), no entendía…me hundía, me levantaba y me acostaba, y me sentía otra persona, no entendía nada de nada…tuve que empezar un nuevo yo. Fue demasiado dolor y demasiadas situaciones que asumir, un aceptar sin negación y haciendo frente pasase lo que pasase. Una locura, horrible.
Pero, a pesar de lo que te estoy contando yo siempre te aconsejaría que hables pero siempre en el contexto adecuado y con las personas adecuadas. De no ser así puedes hacerte más daño. Yo he vivido esto de manera muy cruel y siempre lo aconsejo (luego cada cual que decida). Tenemos que cuidarnos pero jamás CAUSARNOS más dolor del ya sufrido. No somos masoquistas, somos luchadoras en busca de paz interior, de relax, de una vida más sana, más acorde, más armoniosa. Nos lo merecemos. Nunca dudes de esto: TE LO MERECES YA. Eres valiosa y podrás con todo lo que venga una vez comiences tu proceso. Cuanto antes mejor pero siempre al ritmo que tú te marques y quieras o puedas.
Te sigo contando: desde ese preciso momento que rompí el tabú del no hablar o de ocultar lo sucedido, me dije a mi misma que nunca nadie me volvería hacer callar y mantenerme en silencio por los abusos recibidos, ni que tampoco callaría ante cualquier tipo de maltrato (ni siquiera a un animal, delante de mí no!!!!, jamás!!!!). Está decisión me ha provocado incidentes, conflictos con personas que ni conozco pero me da igual. No callo, no soportaría volver a ese silencio impuesto viendo delante de mis narices malherir maltratando, destrozando y doliéndose personas sin culpa alguna (mujeres, niñas, niños, hombres, y como antes incluyendo a los animales). Ante cualquier ser vivo indefenso actúo. No tengo miedo. Y asumo los líos y consecuencias de mi actuar en defensa de quien sufra y no pueda o sepa defenderse.
Cuando hablé, en el contexto preciso y adecuado terapéutico, te diré que:
  • Rompí el silencio por mi niña que tanto sufrió y que tendrá recuerdos y algunas secuelas de por vida (he trabajado mucho por mi bienestar y me siento cada día mejor).
  • Rompí el silencio por mi querido padre que murió en parte cuando se enteró que mi abuelo materno, que vivía con nosotros nos violó y abuso durante unos 18 años a las 3 hijas. No llegó a saber de mi primeo hermano.
  • Rompí el silencio del tabú familiar para que no se repitiera más el patrón en mi familia y todos nos enriquecimos y aprendimos. Todo un proceso, no de un día al otro...pero echándole muchos ovarios voy viendo resultados positivos (también depende de cada familia y es necesario valorar si debes o no contar; si te perjudicará más hablarlo con ellos o no...cuenta siempre en principio con el contexto terapéutico. NO ESTAS SOLA.)
  • Rompí el silencio por aquellas personas que sufrieron o sufren abusos intentando hacer tomar conciencia del daño real que suponen los abusos (¿alguien que no los sufrió o que no lo vivió de cerca realmente lo sabe?. Creo que no).
  • Rompí el silencio por los niños/as del mundo violentados/as para que exista información sobre las consecuencias de los abusos sexuales y otros tipos a corto, medio y largo plazo.
  • Rompí el silencio de voces silenciadas para que pierdan el miedo y puedan sanar de su experiencia
Hay miles de formas de abusos y todo varía mucho según la personalidad de cada cual, del tiempo de abuso, del apoyo de familia o de amigos o no, del tipo de abuso, si hubo o no violencia, la persona que te abuso, de la vivencia personal del abuso, de la reacción de tus cercanos. Muchos factores influyen. Hay quien lo supera enseguida y otras/os tardan un año, o dos o más años. Te recalco Amiga ésto porque cada persona es un mundo y no podemos generalizar en estos temas. En tu caso, según veo, tu supervivencia ha sido demostrada y también es claro, según me cuentas, necesitas apoyo para rehacerte, conocer y reconocer lo que hiciste para sobrevivir y valorar tu fortaleza para seguir, también cambiar en lo que te hiciera falta para verte distinta, y comenzar a vivir sanamente. Te imagino como una persona positiva, luchadora, inteligente, capaz de salir adelante. Tienes puntos fuertes en tu forma de ser y ello es muy positivo; dice mucho, muchísimo de tu capacidad para salir adelante, de tu fortaleza.
  • Rompí el silencio para la aceptación de mí pasado, ser libre, recomponerme e intentar vivir con salud física y psíquica (aceptando lo ocurrido pero viviendo el día a día feliz, o medianamente feliz...hay días y días para todos y todas. Es normal y no pasa nada).
Como sabrás al menos una vez al mes aparece un caso de abuso en la infancia y en millones de casos nunca se atrevieron a contar, a romper el silencio. Yo me agarro a la “resiliencia” como aptitud para salir adelante gracias al aprendizaje de los abusos como evolución personal de la vida (por desgracia se aprende más de lo malo que nos pasa que de lo bueno)…pero crecemos como personas si comenzamos a desvelar, a luchar y damos ese primer paso para a sacar y sacar y sacar lo sucedido, buscar apoyo profesional y contar con algún o algunos amigos/familiares de confianza (tú debes decidir acerca de tus fuentes de apoyo) o de tu terapeuta. Ruptura del silencio para vivir con la palabra como forma de expresar sufrimiento y sanar, esto es en definitiva lo que pretendo hacerte llegar pero siempre en el contexto adecuado no revictimizante!. Y sin victimismos (es más sano y más provechoso para tu recuperación)…siempre buscando soluciones, expresando optimismo a pesar de las lágrimas que puedan caer (que hay que dejar que salgan, por supuesto), conversando con personas que pasaron por cosas parecidas o personas que te apoyan y comprenden, desahogando, aclarándote ideas, sucesos, conductas que no entendías y ahora encajas.
Amiga lo de menos es recordar o no detalles o si realmente sucedió (lo digo por experiencia y por muchos casos que conozco). Hay personas que nunca recuerdan, otras sólo algunos momentos, otras casi todo, pero no creas, NO es tan importante esto, insisto!!!.
Lo esclarecedor para ti y lo que podrá ayudarte más que mantenerte en la duda de esa impresión de haber sido violada por tu padre o no y que te provocará seguramente confusión y deseos de saber, es céntrate en los síntomas molestos que crees tener al día de hoy, centrarte en el malestar que sientes…explicarte el por qué de esas conductas, de esos pensamientos, de ese actuar, de ese dolor, de ese sentimiento… y, a partir de esta reflexión, análisis y comprensión propia (con ayuda siempre es más fácil, te lo aconsejo!!), luchar por recuperar las parcelas de tu vida que tú sientes o crees que no funcionan como debieran según tú propio criterio. Habrás desarrollado mucho de positivo también, no lo olvides!.
Busca y reconoce tus fortalezas, tus puntos fuertes. Reconoce tu valentía, tu entereza ante lo que sucedió y la posibilidad de cambio. Puedes si quieres Amiga. Quiérete y cuídate mucho, mucho, mucho. Vales oro. Créelo aunque tengas defectos como todos tenemos como humanos que somos. También virtudes.
Amiga, ojala que estas palabras que te envío te sirvan aunque sea para dar ese primer paso. Un libro fantástico que te ayudará mucho y que te aconsejo se llama “El coraje de sanar”. Este libro que fue publicado por primera vez en los EEUU en 1994 en inglés. En 2007, este libro se ha traducido a 11 idiomas y es para muchas sobrevivientes en todo el mundo como una Biblia. Las dos autoras, Laura Davis y Ellen Bass, han trabajado durante años con “supervivientes”, como ellas llaman a las mujeres que han vivido abuso sexual en su niñez. Nada de víctimas, olvida esa palabra!!!.

El mensaje más importante de este libro es que las secuelas psíquicas del abuso sexual sufrido en la niñez es posible sanarlas. El camino de curar o de sanar tiene sus pautas y fases muy concretas.


Cuenta conmigo, si tardo en contestar no te preocupes...sigo contigo y te respondo.
Un abrazo enorme de una superviviente como tú.
SUSANA B.

lunes, 24 de octubre de 2011

LECCIONES DE INFANCIA: SILENCIO


Es probable que surja es el miedo. Para trabajar con este miedo, empieza por rastrear sus raíces. Mediante comprender cómo fuiste silenciada(o) en la niñez, y por qué es atemorizador hablar ahora, puedes dar pasos para ir lentamente y protegerte.
 
Los niños abusados son callados de diferentes maneras. Tú podrías haber sido chantajeada(o) para no hablar mediante cosas que querías o necesitabas –amor, alimentos, atención especial, ropa, regalos, o como en mi caso [Laura Davis] simplemente con un dulce o una goma de mascar. Si te quedabas callada(o), tal vez podrías tener permiso para salir con amigos o hacer otras cosas que a los chicos no se les permite hacer –tomar alcohol, tomar drogas, fumar cigarrillos, desvelarte.

Tu papel en casa podría haber sido mantener las cosas unidas. Tú sabías que si hablabas, la estabilidad familiar estaría en peligro. Tenías que cumplir y callar a fin de hacer tu papel de pacificador. 

Tu agresor podría haberte amenazado directamente: “Si lo dices, te mataré”. “Si lo dices, tu padre y yo nos divorciaremos”. “Si lo dices, te llevarán lejos y te encerrarán en la cárcel con los otros niños que nadie quiere”. “Si lo dices, abusaré de Sara también. Si no lo haces, la dejaré en paz”. “Si lo dices, te dejaré de amar”. O los otros tratos podrían haber estado implícitos. El sólo hecho de que tu agresor fuera impredecible, violento, más grande y más poderoso que tú, creó una atmósfera amenazante. Tu abusador podría haber torturado o matado tus mascotas, implicando que te podría hacer lo mismo si no cooperabas y te mantenías en silencio.

En algunas instancias, particularmente en casos de abuso ritual, los niños son drogados y se les lava el cerebro, y se les obliga a observar o participar en abusos o asesinatos. La clara e innegable lección es que cualquier indiscreción puede y resultará en muerte. En el caso de asesinatos rituales, los niños son convertidos en coparticipes, así que denunciar a los abusadores también significa acusarse a sí mismos. (Esto es absolutamente falso. Los niños manipulados en abuso ritual no son responsables de las acciones que son obligados a realizar. Ellos son víctimas tratando de sobrevivir).
Ya sea directa o indirectamente, esta clase de tratos y manipulación fueron empleados para controlarte y proteger a tu abusador. Ellos le agregan secrecía y silencio a un horror de por sí en crecimiento. A través de asegurar tu aislamiento, ellos evitan que recibas la ayuda y asistencia que mereces. Estos le permiten al abusador continuar utilizándote para fines egoístas y auto gratificantes.

Nombrar las formas cómo fuiste manipulada(o) para callar es el primer paso para liberarte a ti misma para hablar del abuso hoy:

Cuando estaba siendo abusada(o), mi abusador me dijo que…
Mi silencio fue comprado con:

Fui testigo(a) de las siguientes cosas que me hicieron temer hablar…
Sentí que tenía que proteger... por lo tanto, no podía hablar.
Si yo hubiera hablado, entonces la gente habría sabido que yo…
Directa o indirectamente, el mensaje que recibí acerca de hablar fue:

Cosas para reflexionar:

• ¿Cómo fui manipulada(o) para callar cuando era niña(o)?
• ¿Quién resultó protegido por mi silencio cuando era niña(o)? ¿Quién es protegido por mi silencio ahora?
Espera los siguientes ejercicios acerca de SI LO DIJISTE
Tomado de El Coraje de Sanar, libro de ejercicios de Laura Davis.

CONFRONTAR


Hay dos clases de personas a las que les puedes hablar de tu abuso –aquellos quienes tienen una respuesta de apoyo o neutral, y aquellos que responderán con hostilidad. La gente que probablemente responderá favorablemente a tu revelación requiere que “simplemente se lo digas”, es la clase que es descrita en este capítulo. Cuando estás hablando con alguien que te puede atacar o sobajarte; sin embargo, estás enfrentando una confrontación y eso requiere una planeación y estrategia distintas (Más adelante revisa la información sobre “Confrontaciones”).

La gente que has conocido como adulto, o incluso extraños, son más proclives a apoyarte que los miembros de tu familia cuando se enfrentan con la información de que fuiste sexualmente abusada(o). Los miembros de la familia, el abusador, o cualquiera que tenga un interés particular con el agresor es más probable que reaccione extremadamente molesto cuando menciones al abusador. Si estás considerando hablar con una persona que podría responder con ira, retos, o tratar de desacreditarte, esa revelación podría convertirse en una confrontación. Los siguientes ejercicios te pueden ayudar a distinguir entre las dos.




Haz una lista de las personas a las que estás considerando hablarles acerca de tu abuso:
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Piensa en cada persona cuyo nombre aparece en tu lista. Utilizando las siguientes preguntas como guía, decide si él o ella requiere que simplemente se lo digas o una confrontación.


• ¿Cuál es mi relación con esta persona?
• ¿Esta persona tiene alguna relación con el agresor?
• ¿Esta persona tiene alguna razón para creerme o no creerme?
• ¿Qué, si lo hay, tendría que proteger esta persona?
• ¿Esta persona ha sido un apoyo al escucharme hablar sobre cosas personales antes?
• ¿Hemos hablado de sentimientos antes?
• ¿Confío en esta persona?
• ¿Pienso que esta persona me va a creer?
• ¿Espero que esta persona me apoye?

Regresa a tu lista. A continuación de cada nombre escribe “SD” para “simplemente se lo diré”, o “C” para “confrontación”. Si a alguien le asignas un “SD”, significa que no tienes razón para esperar una respuesta hostil o negativa cuando le hables acerca de tu abuso. La persona en cuestión no tiene ningún interés particular en el abusador. Tú ya has establecido comunicación abierta. En tu experiencia, la persona tiene tu mejor interés en el corazón.
Si a alguien le has asignado una “C”, significa que tienes razones para anticipar una respuesta hostil o negativa. La persona tiene razones para proteger al abusador. Él o ella no lidian bien con temas relacionados con sentimientos o no te han apoyado cuando has tratado con ellos otros temas personales. A menudo la gente con “C” está directamente relacionada con tu familia de origen o tu infancia. 


Si no estás segura(o), o si piensas que podrías tener una reacción mezclada, coloca un signo de interrogación “?” después de su nombre.
Revisa la clasificación que acabas de hacer y responde las siguientes preguntas:
¿Con quién será más fácil hablar?
¿Por qué?
¿Con quién será más difícil hablar?
¿Por qué?
¿Para mí, dónde es el mejor lugar para empezar? ¿A quién debo considerar decirle primero?
¿Por qué?
El resto de este capítulo trabajaremos con estrategias para hablar con las personas marcadas con “SD” en tu lista, gente que básicamente es neutral o te apoya –pareja, amigos, otros sobrevivientes, consejeros. Si estás considerando confrontar a alguien con “C” en tu lista –tu agresor o alguna otra persona potencialmente hostil –revisa primero la información del capítulo acerca de confrontaciones para ayudarte.
Cosas para reflexionar:
• ¿Mi clasificación me sorprendió? Si es así, ¿por qué?
• ¿Pude distinguir entre la gente que requiere una confrontación de aquellos que no? ¿Qué me hizo darme cuenta? ¿Qué es lo que busco?
• ¿A quién le quiero decir primero? ¿Mi revelación implica simplemente decirlo o es una confrontación? ¿Qué me dice eso acerca de cómo me debo preparar?


Ejercicios el coraje de sanar


domingo, 23 de octubre de 2011

Cuál es la relación entre trastornos alimenticios y abusos sexuales


 Por si no fueran suficientes las tristes consecuencias que padece un niño sometido a abusos sexuales, las secuelas de esta situación se prolongan en los años. Se ha comprobado científicamente que un tercio de estos niños sufre trastornos alimentarios en la adolescencia e, incluso, en su etapa adulta.
De estos niños, según las estadísticas, un 12% acaba padeciendo anorexia, un 37% bulimia, y más del 50% trastornos alimentarios in específicos. Según los psiquiatras, la razón de esta actuación es diversa pero se centra esencialmente en el rechazo.
Los que padecen anorexia quieren evitar otro contacto sexual futuro provocando rechazo y desagrado, los que sufren bulimia sienten, más que nada, rabia hacia el abusador y adoptan esta actitud con la idea de no resultar atractivos sexualmente hablando.

Además, hay otro componente: un niño siente que no ha podido controlar que abusaran de él en el sexo pero, en cambio, cuando es adolescente si puede controlar su relación con la comida. De esta manera, opta por algo tan peligroso como querer demostrar su poder decidiendo si come o no, y como lo hace. En el fondo, es la manera por la que optan como medio de rebelarse.

De hecho, cuando llega a una consulta médica un adolescente con trastorno de alimentación uno de los factores de riesgo que se tienen en cuenta como posible origen de una anorexia o bulimia es el abuso sexual infantil, al mismo nivel que tener antecedentes familiares de trastornos depresivos, obsesivos o alcoholismo.   

viernes, 21 de octubre de 2011

YO SOY YO...




Yo soy yo…En todo el mundo no existe nadie exactamente igual a mí.

Hay personas que tienen aspectos parecidos y cosas en común conmigo,
pero ninguna persona forma el mismo conjunto que yo.
Por consiguiente todo lo que surge de mí es auténtica mente míoporque yo sola/o lo elegí.Soy dueña/o de todo lo que me concierne.
Todo lo mío me pertenece :mi cuerpo y todo lo que hace;mi mente,con todos sus pensamientos e ideas;
mis ojos, incluyendo todas las imágenes de todo lo que contemplan;
mis sentimientos, sean los que sean -ira, alegría, frustración, amor, decepción, emoción-;
mi boca, y todas las palabras que de ella salen,refinadas o bruscas, dulces o cortantes, correctas o incorrectas;
mi voz, fuerte o suave;
y todas mis acciones, sean dirigidas a otros o dirigidas hacia mi mismo.Soy dueña/o de mis fantasías, de mis sueños, de mis esperanzas, de mis temores.
Soy dueña/o de todos mis triunfos y mis éxitos, de todos mis fracasos y errores.Puesto que todo lo mío me pertenece, puedo llegar a conocerme íntimamente…
Al hacerlo, puedo llegar a amarme y ser afectuosa conmigo en todas mis partes.
Puedo hacer factible que todo lo que me concierne
funcione para mi mejor provecho en el marco del bien común.Sé que tengo aspectos que me desconciertan y otros que desconozco.
Pero mientras yo me estime y me quiera, puedo buscar, con valor, esperanza y optimismo,
las soluciones para las incógnitas y los medios para llegar a conocerme mejor.Sea cual sea mi imagen, visual o auditiva diga lo que diga,
haga lo que haga, piense lo que piense y sienta lo que sienta en un momento del tiempo,
todo forma parte de mi ser, ésta es mi realidad y representa un instante en este espacio de tiempo.A la hora de revisar cuales eran mis imágenes y mi entendimiento respecto a lo que he hecho,
de lo que he pensado y de lo que he sentido, quizás resulte que algunas piezas no encajen.
Pero tengo la opción de descartar aquello inapropiado,
conservar lo adecuado y positivo que demostró que sí encaja y de inventar algo nuevo
que supla aquello que he descartado.Puedo ver, oír, sentir, pensar, decir y hacer.
Tengo las herramientas para sobrevivir,
para acercarme a los demás,
para ser productiva/o y para lograr encontrar el sentido y el orden del mundo
formado por las personas y cosas que me rodean.Soy dueña/o de mi misma/o y por ello puedo construirme.¡Yo soy yo y me siento bien conmigo misma/o!

Virgina Satir

Por: Alma B. V.

GRITOS SIN VOZ.

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miércoles, 19 de octubre de 2011

¡NO ESTOY SOLA!



…Si, yo lo estoy escribiendo, a pesar de que en muchas ocasiones he sentido lo contrario. HOY DIGO: ¡NO ESTOY SOLA!He escrito, varias entradas que me han amargado más minutos de vida, he llorado inconsolablemente escondida en el baño… He escrito cosas y situaciones que en ocasiones van más allá de mis fuerzas. Cuando termino de hacerlo, siento como si hubiera corrido de México a China, atravesado océanos, ríos nadando. Escalando montañas, cuestas, bajando pendientes. Mi cuerpo queda dolorido y mi alma y corazón con un extraño sentimiento. He querido escribir más mucho más de lo que mi “estabilidad” me lo permite… de aquello que es “juicioso, prudente, políticamente correcto” he deseado vaciar detalles repulsivos (sí aun más) en mis escritos. Ayer estuve a punto de hacerlo. No lo hice.
He leído, he estado en contacto con personas sobrevivientes maravillosas. Fuertes como una flor! Fuertes y resistentes y brillantes como un diamante! Y he llegado a esta frase hoy: NO ESTOY SOLA!
A medida que he ido leyendo acerca de tantas situaciones humillantes y dolorosas para
las mujeres, PARA NOSTRAS QUE FUIMOS NIÑAS! PARA LAS QUE AUN LO SOMOS! He leído tantas porquerías por las cuales se puede sentir dolor, cólera, ansiedad y muchos otros sentimientos amargos, decepcionantes, que me llevan al borde de la nausea… pero al fin de cuentas pueden ser hasta “saludables” ¿Saludables? Siiii!! Si los encaminamos hacia una búsqueda de lograr un cambio en la situación que hemos venido sufriendo o que conocemos. Cada una de nosotras podemos “reconocer” o “estamos en el camino” (Como YO) de ir reconociendo esas situaciones (inseguridad, miedos, alergias de la piel, ansiedades, insomnios, pesadillas, asma, relaciones humillantes, tóxicas y tormentosas, aislamiento, NULA autoestima, consumo de drogas, auto-agresión, responsabilidad “excesiva” sentimientos de “culpa” estúpidos y mal infundados, complacencia, adicción al trabajo, poner a los demás en número UNO en vez de a una misma) puuff!! Si te reconoces en alguna o varias de estas situaciones debes saber que: No estás sola. Esa frase tan llena de esperanza es una realidad. Aunque de momento no se encuentre comprensión y apoyo en nuestra propia casa, bajo nuestro techo, si sientes que tus amistades les importa un cacahuate, si sientes que tus creencias religiosas no te explican ni “compensan” todas tus dudas y el dolor por el que has pasado. De niña y ahora siendo mujer! aunque parezca en taaaantos momentos que nadie más sabe de estas cosas tan horribles y que sientas que nadie te va a ayudar. Yo te lo digo hoy: NO ESTOY SOLA! NI TU, NI YO NI NADIE QUE HA PASADO POR "ESTO"!! YA NO ESTAMOS SOLAS!!!!!

P.D. Una niña, ooh digo una mujer que reconoce que NO ESTA SOLA!

Por. Alma Bojórquez Verdugo

lunes, 17 de octubre de 2011

ZAPATOS DE TACÓN

Fui una niña de educación tradicional. Me decían que las niñas buenas obedecen a los mayores, que la familia lo es todo y que si me pegaban lo hacían por mi bien. Se me enseñó a no discutir, a no cuestionarme nada y a someterme a la voluntad de los que tenían mas experiencia y conocimiento que yo. Jamás salía de la influencia de mi familia. Vacaciones con los abuelos, Navidades con los tíos y los primos...hasta los 16 años ese fue todo mi mundo.

Una de esas personas a las que yo debía respeto y obediencia era mi tío. Me llevaba 18 años y era soltero, divertido, y de absoluta confianza. Vivía en una ciudad diferente a la nuestra, junto al mar, y aquel verano íbamos a ir en agosto a pasar unos días con el.
No recuerdo muy bien cual fue el motivo, pero me vi en un tren sola, camino de su casa tres semanas antes que el resto de la familia, muy contenta, me encantaba la playa y me sentía afortunada.

Los primeros días fueron muy divertidos...playa, cine, paseos por la ciudad. Incluso me llevó por primera vez en mi vida a una discoteca que conocía y me dejaron entrar aunque era menor. Para que no llamara mucho la atención me compro unos zapatos con un poco de tacón. Esa noche me arreglé un poquito, con rímel y brillo de labios y me sentí mayor. Me pidió que dijera a sus amigos que tenia 21 años.
Entonces llegó el desastre.
Habíamos ido a la playa por la tarde. Tumbados en la arena empezamos a contar chistes. El tono de sus historias empezó a subir de nivel y de allí pasó a contarme historias intimas suyas. Se interesó por mi vida. Quería saber si yo tenia novio, si le besaba, hasta donde había llegado.

Sobre ese tema tenia muy poco que contar, solo había tenido una relación de dos meses con el hermano de una amiga que terminó cuando él descubrió que se divertía mas jugando al fútbol en su calle. Tenia también 16 años y mucho interés por que nos diéramos nuestro primer beso. Me acompañaba a casa a la salida del colegio y se quedaba en la esquina para que mis padres no nos vieran juntos.
Por la noche, mientras dormía, mi tío entró en mi habitación y me despertó. Estaba raro, nervioso, descalzo y solo llevaba un pantalón de pijama, de esos antiguos que llevan botones y que nunca nadie abotona. Odio ese tipo de pantalones.

Siguió contando chistes muy subidos de tono y en un movimiento rápido, entró en mi cama, y en mi.
Mi garganta quedó congelada. De alguna manera, conseguía susurrar "no, por favor" entre lágrimas, pero el actuaba como si no oyera nada.
Unos minutos después volvió a su habitación y me quedé allí sola, llorando. Fue una noche muy larga y muy dura. Jamás he vuelto a pasar tanto miedo.
La historia se repitió durante las noches siguientes, aunque entonces el ya empezó a tomar precauciones: compró preservativos.
De esas semanas conservo la desconfianza, la falta de sentido de familia, el rencor y la imposibilidad de perdonar.
Sufrí anorexia, depresión y mis resultados en el colegio bajaron de forma alarmante. Perdí mucho peso, y en su ignorancia, mi madre intentó hacerme comer a tortazos. Me tiraba del pelo hasta que abría la boca y me metía la comida a la fuerza. Pensaba que eran tonterías de niñas, que solo quería adelgazar y nunca se imagino qué era lo que de verdad me estaba destrozando.
Empecé a temer cada fiesta, cada verano, cada acontecimiento que solíamos celebrar con la familia. Cuando pude reunir la fuerza suficiente para contárselo a mis padres dos años después, me encontré con un muro. Su mayor preocupación fue que nadie lo notara, que los trapos sucios se lavan en casa y que no nos quedaba otra opción que seguir tratando con el. La familia era sagrada, y de todas formas, vivía a muchos kilómetros.
Y cuando yo empezaba a salir del pozo, ya con veinte años y una relación nueva, la única relación en cuatro años, la primera relación de mi vida después de esta historia, mi cerdo volvió a dar señales de vida.

Tenía que pasar una semana en mi ciudad por motivos de trabajo y pensaba venir a visitarnos. Es increíble como el miedo nos hace oír y oler el pasado, y volví a no dormir, a no comer y a llorar a solas.
El día de su visita estábamos todos en casa. Sonó el timbre y fui yo a abrir la puerta. Al verlo algo explotó en mi. Algo dijo que esta vez yo era la fuerte y el era un cerdo, y que no iba a entrar en mi casa, que no iba a permitirle nunca acercarse a mí ni a mi familia.

Le llamé sinvergüenza, asqueroso y le amenace. Lo recuerdo todo con claridad. Fue mi minuto de gloria. Me siento orgullosa de mi misma.

No se que es lo que vio en mi, pero su cara cambió. Empezó a demostrar miedo y eso me dio mas alas. Me sentí crecer y pude detener mis temblores. El era el abusador y yo ya no era su víctima. Sin pensarlo dos veces le di un empujón y le dije lo que había guardado dentro de mi los últimos cuatro años. Luego cerré la puerta y le dejé allí con su ridícula bandejita de pasteles. Nunca mas se ha acercado a mi.
Me quedé tras la puerta, asustada y asombrada. Con miedo, por si volvía a llamar al timbre. Emocionada, porque pude ver que nunca mas iba a tener que soportar sus manos asquerosas y sorprendida, no sabia que dentro de mi hubiera crecido tanta fuerza.
Esta fuerza nunca mas me ha abandonado. Ahora, a mis 46 años soy madre, una madre-leona, que no dudaría en despedazar a cualquiera que pusiera sus malas intenciones sobre mis hijos, esposa feliz y persona. Tengo mis secuelas, como todos, y las sobrellevo lo mejor que puedo, pero tengo claro que yo soy la víctima y él es un cerdo.

RELATO DE UN SOBREVIVIENTE

DE VICTIMAS Y AGRESIONES.

 Las mujeres son unas de las mayores víctimas de violencia (mujeres de todas las edades), violencia practicada por los varones y por las estructuras institucionales, mediante el análisis podemos darnos cuenta como la violencia contra las mujeres se ha ido afianzando en nuestras sociedades a partir de un respaldo a posiciones de varones a quienes otros varones señalaban como "importantes", en las sociedades dominantes.
DE LOS MODOS DE AGRESION

Son múltiples las formas con que se agrede a las mujeres. Son tantas y tan complejas las formas en que se les agrede; aun cuando son tantos los estudios serios y concienzudos que se han hecho ante tal evento. Aun así no está de más recalcar que siempre QUEDA TRABAJO PARA REALIZAR pues lamentablemente es un hecho que se repite sin mediar, edad, raza, nivel socioeconómico, académico y/o posiciones ante la sociedad.El abuso siempre daña y ninguna mujer, por ningún motivo, merece ser abusada. Hay momentos en que no se está segura si se vive o no en una relación o ambiente en donde impera el abuso.
El abuso puede tomar distintas formas:
PUEDE SER FÍSICO, EMOCIONAL Y TAMBIEN SEXUAL.Puede ocurrir todos los días, una vez por semana o de vez en cuando. (No importa, no hay que subestimar solo por el hecho de que no pase “a diario”) ¿Cuántas mujeres, niñas adolescentes ante sucesos de abuso restan importancia solo porque “es de vez en cuando” o “… es que no es a diario”? Puede ocurrir en lugares públicos como una tienda o un parque en el trayecto de traslado a la escuela, en casa del “amigo de la familia” del vecino o en lugares privados como la propia casa. Estas formas de abuso pueden dejar signos observables como moretes, arañazos en el cuerpo, cicatrices o dejarte heridas internas que “aparentemente” nadie puede ver.

Las heridas físicas como las emocionales… Aquellas que se llevan por dentro “las que no ve la gente” son IGUALMENTE DOLOROSAS! No hay que tener miedo a hablar de ellas, de contarle a una la mejor amiga, a “alguien” de nuestra confianza, A llegado el tiempo de dejar el “miedo” o la pena de que nos digan “uuuy que exagerada”!!! “si no es para tanto”!!! ¿Por qué hasta ahora? ¿Acaso no lo habrás soñado y te estás confundiendo?¿Por qué nunca lo dijiste?¡Han pasado ya taantos años! ¡Ya NO tiene caso, “olvida-perdona”! Mujeres de todas las edades a diario son víctimas de violencia, acto por demás lamentable, vergonzoso y atroz es cuando la víctima es una NIÑA y su agresor es una persona mayor. Avivemos nuestros sentidos!! Despertemos de tanto letargo!! Pon atención a tu alrededor!! Cuidemos a nuestras “niñas y niños” QUE NADIE LES PONGA UNA MANO ENCIMA PARA ATEMORIZARLOS PARA ROMPER SU SEGURIDAD! NI UNA SOLA HÉRIDA INTERNA NI EXTERNA EN LA INFANCIA, LAS CUALES UNA VEZ PRODUCIDAS SE CARGAN LASTIMOSAMENTE TODA LA VIDA!!
Florecerá la esperanza de Cora Ferro y Colaboradoras.
Cursivas de
Alma Bojórquez Verdugo

domingo, 16 de octubre de 2011

Muéstrate siempre abierto al diálogo

Nuestros comentarios son bien recibidos si nos ponernos en el lugar del otro e intentamos mostrar empatía y manifestar nuestras opiniones o puntos de vista con la intención de aportar, apoyar o ayudar a la otra persona. Sin embargo, a veces las situaciones se tornan tensas y difíciles cuando no logramos expresarnos de la manera más adecuada o cuando interpretamos equivocadamente lo que sienten o piensan los otros.
Es muy importante recordar la diferencia que existe entre compartir nuestro punto de vista, de forma objetiva y bien intencionada, y hacer críticas, juicios o comentarios negativos tendientes a aumentar la confusión y el malestar de los demás. Antes de hablar, deberíamos preguntarnos si vamos a contribuir con la solución de la situación o con el bienestar de esa persona.

Muchas veces es más sabio guardar silencio y escuchar a la persona afectada que aconsejarla sin saber si tenemos todos los elementos, la información o la experiencia necesarios para hacerlo de la forma más asertiva.

Por eso te sugiero... 
Que aprendas a dar tu opinión sin ofender. Respeta las etapas del proceso donde se encuentre la persona a la que deseas apoyar. No es bueno que la manipules para que tome ciertas decisiones. Aprende a respetar el libre albedrío, a menos que esa persona querida, a la que quieres cuidar y proteger, sea menor de edad.

Procura ser más justo en tus apreciaciones y evita hacer comentarios sin fundamento. Hazlo sin dejarte llevar por las emociones, para que puedas ser más objetivo en tu punto de vista. Recuerda que la crítica y las emociones negativas pueden ser destructivas. No te dejes llevar por el prejuicio, colócate en el lugar del otro y analiza la situación desde su posición, necesidad o punto de vista.

Deja a un lado las etiquetas y los juicios personales, abre tu corazón y tu mente para que puedas ver más allá y apóyala verdaderamente. Sé flexible, la rigidez en nuestros propios puntos de vista hace que muchas veces los demás no quieran escucharnos. Recuerda que tal vez no eres tú el que se encuentra en esa situación, sino otra persona que piensa y siente diferente a ti. Sé amable.

Aunque algo te moleste o tengan diferentes puntos de vista, mantén una actitud amable y relajada. Este es el principio de la comunicación y la disposición para escuchar e intercambiar ideas.

Muéstrate siempre abierto al diálogo. Escucha con atención lo que la otra persona tiene que decir y hazlo sin emitir juicios, para que puedas conocer los sentimientos o los pensamientos de los demás, recuerda que cada cual tiene una razón para comportarse como lo hace. No seas agresivo. Respira profundo y ten presente que la violencia hace que la otra persona se cierre a la comunicación.

Tomado de: (Camino a la Grandeza) 
Miguel Adame Vázquez

FUERZA Y SENSIBILIDAD



Tenemos que desahacer la confusión entre SENSIBILIDAD Y DEBILIDAD. Es bastante común pensar que una persona se vuelve más vulnerable cuando se sensibiliza. Es cierto que el perfeccionamiento de la sensibilidad nos hace más sensibles tanto para el placer como para el dolor. Sin embargo, si el sensible sufre más que los demás, también puede percibir más rápidamente cómo darle la vuelta y recuperarse. Un golpe violento puede derribar para siempre a una persona rígida. En cambio, un sensible capta la información y cambia de rumbo; puede sufrir más a corto plazo, pero también se recupera más rapidamente, si lo desea realmente. Mientras que una persona monolítica se rompe, una persona sensible se dobla y el viento pasa. La fragilidad de los sensibles los hace inmensamente fuertes. Ellos son más ágiles que los sólidos. Acuérdate de las tempestades. Un tornado puede levantar un coche a centenares de metros de altura. Arranca árboles del suelo y puede llevar consigo toneladas de tierra, pero una vez que se pasa, muchas flores permanecen. Las flores parecen frágiles. Los árboles son grandes e impresionan, pero las flores son más fuertes que los árboles. Así que no tengas miedo. No tengas miedo de los hombres. LA SENSIBILIDAD TE HARÁ FUERTE COMO UN DIAMANTE!!


Francisco R. Boström de "Cartas a Dios para Ayudarte a ti Mismo" 2003.

Por: Alma Bojórquez Verdugo